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Poemas sentidos

Tú, has vuelto, de Sara de Ibáñez

Arsenio Escolar

Dame la mano ángel
sin heridas.
Piedra, dame tu esquivo corazón sin arrugas.
Nube, dame tu rostro de repentina fruta.

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En paz, de Amado Nervo

Arsenio Escolar

 Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

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A ninguna parte, de Roger Wolfe

Arsenio Escolar

Los pensionistas hablan de trombosis
en los autobuses
o aguardan el final
en los bancos de los parques públicos
entre mierda de palomas y jeringas
ensangrentadas,

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Yo sé que ya mi voz se va perdiendo, de Pedro Garfias

Arsenio Escolar

Yo sé que ya mi voz se va perdiendo,
yo sé que ya mis ojos vuelan poco,
sé que de tanto ya sentirme loco
loco me estoy volviendo.

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Casida de la alta madrugada, de Félix Grande

Arsenio Escolar

Cuando te acuerdes de mi cuerpo
y no puedas dormir
y te levantes medio desnuda
y camines a tientas por tus habitaciones
borracha de estupor y de rabia

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Nudo, de José Ramón Fernández de Cano y Martín

Arsenio Escolar

Y si el heraldo viene de la muerte
que nos encuentre, amor, arrodillados
ante el altar de Venus, entregados
al rito de quererme y de quererte.

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Soneto de Esperanza Clavera

Arsenio Escolar

Va mi vivir anclado en tu cintura
y en mi cuello engarzado va tu aliento,
presente ausencia, vivo encantamiento,
manantial que sustenta mi ventura.

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Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo

Arsenio Escolar

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

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Sonaron tres golpes, de Emilio Prados

Arsenio Escolar

Sonaron tres golpes
junto a mi ventana.
Sonaron tres golpes
allá en la montaña.

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Nocturno, de Luis Alberto de Cuenca

Arsenio Escolar

Apagaste las luces y encendiste la noche.
Cerraste las ventanas y abriste tu vestido.
Olía a flor mojada. Desde un país sin límites
me miraban tus ojos en la sombra infinita.

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Cuatro haikus de Miguel D’Ors

Arsenio Escolar

Para el aroma
nocturno del jazmín
no hay alambradas
…..

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Evocación, de Pilar de Valderrama

Aquel café de barrio, destartalado y frío,
testigo silencioso de nuestras confidencias,
extremo de rigores, conjunto de inclemencias,
que sólo caldeaban tu corazón y el mío.

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Romance del prisionero, de autor anónimo

Arsenio Escolar

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
¡dele Dios mal galardón!

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A mis hermanas, de Leopoldo Panero

Arsenio Escolar

Estamos siempre solos. Cae el viento
entre los encinares y la vega.
A nuestro corazón el ruido llega
del campo silencioso y polvoriento.

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A las cumbres del Guadarrama, de García Tassara

Arsenio Escolar

Cumbres de Guadarrama y de Fuenfría:
columnas de la tierra castellana,
que, por las nieves y los hielos, cana,
la frente alzáis con altivez sombría.

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Marta y María, de María Victoria Atencia

Arsenio Escolar

Una cosa, amor mío, me será imprescindible
para estar reclinada a tu vera en el suelo:
que mis ojos te miren y tu gracia me llene;
que tu mirada colme mi pecho de ternura
y enajenada toda no encuentre otro motivo
de muerte que tu ausencia.

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Cuando el ánimo ciego, de Núñez de Arce

Arsenio Escolar

Cuando el ánimo ciego y decaído
la luz persigue y la esperanza en vano;
cuando abate su vuelo soberano
como el cóndor en el espacio herido;

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Sobre el poder del tiempo, de José Cadalso

Arsenio Escolar

Todo lo muda el tiempo, Filis mía,
todo cede al rigor de sus guadañas:
ya transforma los valles en montañas,
ya pone un campo donde un mar había.

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La amenidad de la primavera…, de José Tafalla Negrete 

Arsenio Escolar

En donde vimos nieve, vemos flores;
y en el desnudo tronco macilento
donde se oyó silbar, furioso, el viento,
se escuchan hoy los dulces ruiseñores.

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Perdí mi juventud, de Gonzalo Rojas

Arsenio Escolar

Perdí mi juventud en los burdeles
pero no te he perdido
ni un instante, mi bestia,
máquina del placer, mi pobre novia
reventada en el baile.

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No quiero, de Ángela Figuera Aymerich

Arsenio Escolar

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

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Cántico doloroso al cubo de la basura, de Rafael Morales

Arsenio Escolar

Tu curva humilde, forma silenciosa,
le pone un triste anillo a la basura.
En ti se hizo redonda la ternura,
se hizo redonda, suave y dolorosa.

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Soneto sobre la red de Amor, de Hernando de Acuña

Arsenio Escolar

Dígame quién lo sabe: ¿cómo es hecha
la red de Amor, que tanta gente prende?
¿Y cómo, habiendo tanto que la tiende,
no está del tiempo ya rota o deshecha?

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El pulpo, de Elisabeth Mulder

Arsenio Escolar

Una noche soñé que un pulpo me quería.
¡Oh la indecible angustia de aquella aberración!
Nunca he sufrido tanto; cuando amaneció el día
dijérase que había perdido la razón.

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Broadway, de José María Fonollosa

Arsenio Escolar

El amor es un juego apasionante
y el mejor sustituto del amor.
De aquel amor inmenso, el amor único,
que uno halla varias veces por el tiempo.

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Soneto, de Leonor de la Cueva y Silva

Arsenio Escolar

Ni sé si muero ni si tengo vida, 
ni estoy en mí ni fuera puedo hallarme; 
ni en tanto olvido cuido de buscarme, 
que estoy de pena y de dolor vestida. 

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Una tarde, de Evaristo Silió

Arsenio Escolar

¡Tarde horrible! El horizonte
la alta esfera negro velo
recubrió;
triste, oscuro, estaba el monte,
triste el valle, triste el cielo,
¡triste yo!
 
En medio el cuadro sombrío,
de pavura todo acento
feneció;
mudo estaba el manso río,
muda el ave, mudo el viento,
¡mudo yo!
 
De la aldea a la cabaña 
buscó un ser mi vista… en vano
le buscó;
sola estaba la montaña,
solo el bosque, solo el llano,
¡solo yo!
 
Y tras el negro horizonte, 
solo el poder soberano 
que hoy logró
que ni una flor guarde el monte,
ni una el bosque, ni una el llano,
¡ni una yo!

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Melancolía, de Clementina Suárez

Arsenio Escolar

Madre o hermana mía taciturna y huraña
que has hecho luminosa tu pobre soledad,
que suavizaste el quejido y acallaste la saña
y ofreces a los tristes tu sombra de piedad.

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Todos los días, de Josefina de la Torre

Arsenio Escolar

Todos los días
llama a mi puerta el desconsuelo…
Estoy vacía y su eco resuena
por todos los rincones de mi vida.
Se estremece mi sangre
que es un hilo de hielo
al faltarme el calor de tu presencia.

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Soneto de los celos, del licenciado Dueñas

Arsenio Escolar

-¿Qué cosa son los celos? -Mal rabioso.
-¿De qué nacen o mueren? -De temores.

-¿Qué teme aquel que ama? -Otros amores.
-Pues ¡qué se la da a él? -Tráenle envidioso.

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Peregrino, de Luis Cernuda

Arsenio Escolar

¿Volver? Vuelva el que tenga,
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
del amor que al regreso fiel le espere.

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Anhelo, de Dolores Veintimilla

Arsenio Escolar

¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé
allá en los años de mi edad primera?
¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé
de blancas flores…? ¡Todo fue quimera!

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¡Ay, triste España de Caín!, de Unamuno

Arsenio Escolar

¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!

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La voz del viento, de Ernestina de Champourcín

Arsenio Escolar

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

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Epigrama, de Polo de Medina

Arsenio Escolar

¿Tú piensas que nos desmientes
con el palillo pulido
con que, sin haber comido,
Tristán, te limpias los dientes?
No tal, el hambre cruel
da en comerte y en picarte,
de suerte, que no es limpiarte 
sino rascarte con él.

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Recuerdo de sombras, de Concha Méndez

Arsenio Escolar

Sobre la blanca almohada,
más allá del deseo,
sobre la blanca noche,
sobre el blanco silencio,
sobre nosotros mismos,
las almas en su encuentro.

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Canción, de Diego Hurtado de Mendoza

Arsenio Escolar

Pastora, si mal me quieres
y deseas apartarme,
bien lo muestras con mirarme.

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Cuatro estrofas de Gonzalo de Berceo

Arsenio Escolar

Quiero fer una prosa en román paladino,
en la cual suele el pueblo fablar a su vecino;
ca no so tan letrado por fer otro latino.
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.
……..

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Para que yo me llame Ángel González, de Ángel González

Arsenio Escolar

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.

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Soneto CXXIX, de Juan Boscán

Arsenio Escolar

Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,

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Yo te fui desnudando de ti mismo, de Dulce María Loynaz

Arsenio Escolar

Yo te fui desnudando de ti mismo,
de los «tús» superpuestos que la vida
te había ceñido…

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Fragmento del Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita

Arsenio Escolar

En la cima del puerto, me vi en una rebata;
encontré una vaquera al lado de una mata.
Preguntele quién era, respondiome: «¡La Chata!
Yo soy la Chata recia, la que a los hombres ata.

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El crimen, de José Ángel Valente

Arsenio Escolar

Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho. Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.

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Historia póstuma, de María Eugenia Vaz Ferreira

Arsenio Escolar

Todo me lo diste, todo:
el ritmo azul de las cunas
en cuentos maravillosos
glosados de suaves músicas…

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Perdido ando, señora, entre la gente, de Bernardo de Balbuena

Arsenio Escolar

Perdido ando, señora, entre la gente
sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida,
sin vos porque de mí no sois servida,
sin mí porque con vos no estoy presente;

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No tires las cartas de amor, de Joan Margarit

Arsenio Escolar

Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

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Desde que te ausentaste…, de autor anónimo

Arsenio Escolar

Desde que te ausentaste,
sol de los soles,
ni los pájaros cantan
ni el río corre.
¡Ay, amor mío!
ni los pájaros cantan
ni corre el río.

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La jaula, de Alejandra Pizarnik

Arsenio Escolar

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

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Amar el día, aborrecer el día, de María de Zayas

Arsenio Escolar

Amar el día, aborrecer el día,
llamar la noche y despreciarla luego,
temer el fuego y acercarse al fuego,
tener a un tiempo pena y alegría.

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Ojos garzos ha la niña, de Juan del Encina

Arsenio Escolar

Ojos garzos ha la niña:
¡quién se los namoraría!

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Autobiografía, de Gloria Fuertes

Arsenio Escolar

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.

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Poema 20, de Pablo Neruda

Arsenio Escolar

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

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Romance del conde Olinos, de autor anónimo

Arsenio Escolar

Madrugaba el conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

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Contra Jaime Gil de Biedma, de Jaime Gil de Biedma

Arsenio Escolar

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

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Devoluciones, de Gioconda Belli

Arsenio Escolar

Devuélveme mi corazón, viajero.
Tú te irás –me lo dices-,
montado en alado pegaso te alejarás
y dejarás sólo noches solas a mi alrededor.

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Determinarse y luego arrepentirse, de Villamediana

Arsenio Escolar

Determinarse y luego arrepentirse,
empezarse a atrever y acobardarse,
arder el pecho y la palabra helarse,
desengañarse y luego persuadirse;

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Espero curarme de ti, de Jaime Sabines

Arsenio Escolar

Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

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A la abolición de la esclavitud en Cuba, de Carolina Coronado

Arsenio Escolar

Si libres hizo ya de su mancilla
el águila inmortal los africanos,
¿por qué han de ser esclavos los hermanos
que vecinos tenéis en esa Antilla?

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Qué paseo de noche, de Pedro Salinas

Arsenio Escolar

¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.

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El intruso, de Delmira Agustini

Arsenio Escolar

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

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Castilla, de Manuel Machado

Arsenio Escolar

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

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Al partir, de Gertrudis Gómez de Avellaneda

Arsenio Escolar

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

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La llama funesta, de Alfonso Reyes

Arsenio Escolar

Si te dicen que voy envejeciendo
porque me da fatiga la lectura
o me cansa la pluma, o tengo hartura
de las filosofías que no entiendo;

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A Inés, que se teñía las canas de rubio, de Baltasar del Alcázar

Arsenio Escolar

Tus cabellos, estimados
por oro contra razón,
ya se sabe, Inés, que son
de plata sobredorados.
Pues ¿querrás que se celebre
por verdad lo que no es?
Dar plata por oro, Inés,
es vender gato por liebre.

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La opinión, de Ramón de Campoamor

Arsenio Escolar

¡Pobre Carolina mía!
¡Nunca la podré olvidar!
Ved lo que el mundo decía
viendo el féretro pasar.
Un clérigo: Empiece el canto.
El doctor: ¡Cesó el sufrir!
El padre: ¡Me ahoga el llanto!
La madre: ¡Quiero morir!
Un muchacho: ¡Qué adornada!
Un joven: ¡Era muy bella!
Una moza: ¡Desgraciada!
Una vieja: ¡Feliz ella!
—¡Duerme en paz!— dicen los buenos.
—¡Adiós!— dicen los demás.
Un filósofo: ¡Uno menos!
Un poeta: ¡Un ángel más!

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Bajo la lluvia, de Juana de Ibarbourou

Arsenio Escolar

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

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La vieja y el gato, de Samaniego

Arsenio Escolar

Tenía cierta vieja de costumbre,
al meterse en la cama,
arrimarse en cuclillas a la lumbre,
en camisa, las manos a la llama.
En este breve rato,
le hacía un manso gato
dos mil caricias tiernas: pasaba y repasaba entre sus piernas.
Y como en tales casos la enarbola,
tocaba en cierta parte con la cola.
Y la vieja cuitada
muy contenta decía: -Peor es nada.

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La muchachita pálida, de Alfredo Espino

Arsenio Escolar

Aquella muchachita pálida que vivía
pidiendo una limosna, de mesón en mesón,
en el umbral la hallaron al despuntar el día,
con las manitas yertas y mudo el corazón.

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Canción del pirata, de Espronceda

Arsenio Escolar

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;

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Mía de nadie, de Mía Gallegos

Arsenio Escolar

Mía Gallegos.
Mía de nadie. Mía de mí.
Sin una biografía.
Tierna. Casi ácida.
Con un destino trazado
en una cruz.

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Canción 8, de Rafael Alberti

Arsenio Escolar

Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!

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Caupolicán, de José Santos Chocano

Arsenio Escolar

Ya todos los caciques probaron el madero.
«¿Quién falta», y la respuesta fue un arrogante: «¡Yo!»
«¡Yo!», dijo; y, en la forma de una visión de Homero,
del fondo de los bosques Caupolicán surgió.

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A la pereza, de Bretón de los Herreros

Arsenio Escolar

¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oír cantar a un ave la alborada!

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Nacer hombre, de Adela Zamudio

Arsenio Escolar

Cuánto trabajo ella pasa
por corregir la torpeza
de su esposo, y en la casa,
(permitidme que me asombre)
tan inepto como fatuo
sigue él siendo la cabeza,
porque es hombre.

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Dineros son calidad, de Góngora

Arsenio Escolar

Dinero son calidad
Verdad!
Más ama quien más suspira
¡Mentira!

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Emoción vesperal, de Ernesto Noboa y Caamaño

Arsenio Escolar

Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y
, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día;

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Fragmento de la Égloga I, de Garcilaso de la Vega

Arsenio Escolar

¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro ahora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir una hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo

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Cuando regreses, de Laura Victoria

Arsenio Escolar

Cuando regreses no hallarás siquiera
las huellas del pasado.
En el parque los cisnes se murieron
y las verbenas rojas se secaron.

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Fuego y nieve, de Pedro Antonio de Alarcón

Arsenio Escolar

Duro es tu corazón como el granito;
mi corazón como la cera tierno:
verano ardiente soy; tú helado invierno;
tú nieve eterna; fuego yo infinito.

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Dos cuerpos, de Octavio Paz

Arsenio Escolar

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

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Tras un amoroso lance. Juan de la Cruz

Arsenio Escolar

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

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La muralla, de Nicolás Guillén

Arsenio Escolar

Para hacer esta muralla, 
tráiganme todas las manos: 
los negros, sus manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, 
allá sobre el horizonte. 

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Último brindis, de Nicanor Parra

Arsenio Escolar

Lo queramos o no
solo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

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Serranilla VII, del Marqués de Santillana

Arsenio Escolar

Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
com’una vaquera
de la Finojosa. 

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Vivo sin vivir en mí, de Teresa de Jesús

Arsenio Escolar

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

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Los formales y el frío, de Mario Benedetti

Arsenio Escolar

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

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Segundo soliloquio de Segismundo, de Calderón de la Barca

Arsenio Escolar

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

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Hace un año que busco la forma de mi amado, de Carilda Oliver

Arsenio Escolar

Hace un año que busco la forma de mi amado.
Él era joven, bueno, un poco mal hablado
aunque puso una fiesta en cada palabrota.
Entera la sonrisa, el alma casi rota.

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Fragmento de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla

Arsenio Escolar

En Roma, a mi apuesta fiel,
fijé, entre hostil y amatorio,
en mi puerta este cartel:
«Aquí está don Juan Tenorio
para quien quiera algo de él.»

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Octubre, de Juan Ramón Jiménez

Arsenio Escolar

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

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Ya no, de Idea Vilariño

Arsenio Escolar

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

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En el principio, de Blas de Otero

Arsenio Escolar

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

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Canción hacia dentro, de Julia de Burgos

Arsenio Escolar

¡No me recuerdes! ¡Siénteme! 
Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma. 

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Vida, de José Hierro.

Arsenio Escolar

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

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La lluvia no dice nada, de Pedro Miguel Obligado

Arsenio Escolar

Mientras muere el día,
llueve.
Es un agonía
breve.
La ciudad se queda abrumada
con la tristeza de la hora.
La lluvia no dice nada,
y llora.

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A la salida de la cárcel, de fray Luis de León

Arsenio Escolar

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

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Lo cotidiano, de Rosario Castellanos

Arsenio Escolar

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

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El mañana efímero, de Antonio Machado

Arsenio Escolar

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.

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Poderoso caballero es don Dinero, de Quevedo

Arsenio Escolar

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

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El ciprés de Silos, de Gerardo Diego

Arsenio Escolar

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

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