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29 Jun 2024
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Los mejores en castellano, seleccionados, comentados y recitados por el editor y director de Archiletras.

Arsenio Escolar

Periodista, filólogo, escritor y editor. Fundé Archiletras en 2018 tras darle vueltas al proyecto durante 35 años.

Los amores tristes de Julia de Burgos

Era de origen muy humilde, y la mayor de trece hermanos. Tuvo un final tristísimo, en Nueva York, cuando aún no había cumplido los cuarenta años. Era puertorriqueña. Fue maestra y fue sobre todo poeta. Poeta política y poeta del amor, muchas veces de un amor desgraciado, triste. “Yo fui la más callada / de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto”, comienza uno de sus más célebres poemas. Hoy os traigo a Julia de Burgos, que no solo es la más excelsa poeta de la historia de Puerto Rico sino también una de las más grandes de toda Latinoamérica en el siglo XX.

Julia de Burgos nació en 1914 en un barrio pobre de Carolina, al este de San Juan, la capital de Puerto Rico. En un barrio pobre y en una familia humilde. Ella era la mayor de trece hermanos.

Pese a las dificultades económicas, se formó como maestra y ejerció algún tiempo esa profesión. Militó en el Partido Nacionalista, que abogaba por la independencia de la isla respecto a los Estados Unidos, y en el feminismo temprano de su país. Fue poeta también militante: recorría la isla recitando sus versos.

Parte de su obra puede considerarse poesía política, dedicada a denunciar el pasado colonial de la isla, la esclavitud o el imperialismo estadounidense. El otro principal universo poético de Julia de Burgos es el del amor. El amor para bien y para mal, para disfrute y para dolor, para satisfacción y para desolación. 

Vamos a ir viendo algunas muestras. Su poema titulado Canción hacia dentro, uno de los que mejor la definen y retratan, dice así:

¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma. 

Mis dos ojos navegan
el mismo azul sin fin donde tú danzas. 

Tu arco-iris de sueños en mí tiene
siempre pradera abierta entre montañas. 

Una vez se perdieron mis sollozos,
y los hallé, abrigados, en tus lágrimas. 

¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
Un ruiseñor nos tiene en su garganta. 

Los ríos que me traje de mis riscos,
desembocan tan sólo por tus playas. 

Hay confusión de vuelos en el aire?
¡El viento que nos lleva en sus sandalias ! 

¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
Mientras menos me pienses, más me amas.

Tremendo ese verso final, como un disparo: «Mientras menos me pienses, más me amas». Amor dolorido y desgarrado, versos de muy variados metros que no solo no violentan el ritmo sino que lo acompasan, una leve rima asonante en todos los versos pares, como si fuera un fruto tardío del romancero castellano, metáforas muy poderosas… Así es Julia de Burgos.

Y ahora, Canción amarga, en cuartetos blancos, sin rima, y que ya indica mucho en el título. Dice así:

Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea,
aunque casi detrás de esta agonía,
he tenido en mi mano las estrellas.

Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin que se rompa
la tragedia sin par de la existencia.

Ser y no querer ser… esa es la divisa,
la batalla que agota toda espera,
encontrarse, ya el alma moribunda,
que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas.

¡Perdóname, oh amor, si no te nombro!
Fuera de tu canción soy ala seca.
La muerte y yo dormimos juntamente…
Cantarte a ti, tan sólo, me despierta.

Males de amores llevaron a Julia de Burgos al alcoholismo. Se había casado primero con Rubén Rodríguez, en 1934, cuando ella sólo tenía 20 años, y tres años más tarde se divorció. Se casó una década después con un músico llamado Armando Martín, del que también se divorció. Entre el primer matrimonio y el segundo, mantuvo una relación con el que sus biógrafos consideran el gran amor de su vida: el historiador, médico y político Juan Isidro Jimenes Grullón, un dominicano exiliado en Puerto Rico. La relación duró unos cuatro años y llegó a su final en 1942, para tristeza de Julia. Decepcionada, decidió entonces alejarse de la isla y establecerse en Nueva York. Trabajó como inspectora de óptica, como empleada de un laboratorio químico, como vendedora de lámparas, como oficinista, como costurera…

Volvemos a su poesía. A otro de sus tristes poemas de amor. Este se titula Ya no es mío mi amor, y dice así:

Si mi amor es así, como un torrente,
como un río crecido en plena tempestad,
como un lirio prendiendo raíces en el viento,
como una lluvia íntima,
sin nubes y sin mar…

Si mi amor es de agua,
¿por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar?

Si mi amor rompe suelos,
disuelve la distancia como la claridad,
ataja mariposas al igual que luceros,
y cabalga horizontes como cruza un rosal…

Si el universo es átomo siguiéndome las alas,
¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar?

Si mi amor ya no es mío,
es yo misma borrando las riberas del mar,
yo inevitablemente y fatalmente mía,
germinándome el alma en mis albas de paz…

Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu,
¡qué canción sin su vida puede ser en mi faz?

¡Si mi amor ya no es mío!
Es tonada de espumas en los labios del mar…

Estamos ya llegando al final. Al final de la vida de Julia de Burgos y al final de este episodio de Poemas sentidos. 

Julia padecía cirrosis del hígado desde 1948. El 6 de julio de 1953 fue encontrada inconsciente y sin identificación alguna en una acera, entre la Calle 106 y la Quinta Avenida de Nueva York. Murió pocas horas después en un hospital de Harlem. Oficialmente, por pulmonía. Tenía solo 39 años. Ante la falta de identificación, su cuerpo fue enterrado en una tumba anónima.

Tiempo después, amigos suyos recuperaron el cadáver, lo trasladaron a Puerto Rico y lo enterraron en el cementerio de Carolina, su localidad natal, y su memoria fue reivindicada y recuperada. Una casa de acogida de mujeres maltratadas lleva hoy su nombre en San Juan. También en Nueva York hay instituciones culturales que la homenajean. Y a un tramo de la calle 106, entre la Quinta y la Sexta avenida, muy cerca de donde fue hallada inconsciente el 6 de julio de 1953, se le llama oficialmente Julia de Burgos Boulevard.

Acabamos con un último poema de Julia de Burgos, un poema más para recordarla. Se titula Para hallarte esta noche…, y dice así:

Para hallarte esta noche las pupilas distantes,
he dominado cielos, altamares, y prados.
He deshecho el sollozo de los ecos perdidos…
tengo el hondo infinito jugando entre mis manos.

Siénteme la sonrisa. Es el último sueño
de una espiga del alba que se unió a mi reclamo…
Yo quiero que adelantes en espíritu y alas
mi canción enredada de trinos y de pájaros.

Te esperaré la vida. Levántame el ensueño.
Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios.
¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía,
se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos!

Vuélvete la caricia. No quiero que limites
tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio.
Recorrerme es huirse de todos los senderos…
Soy el desequilibrio danzante de los astros.