PATROCINADORES
INSTITUCIONES
Junta castilla
jcm

Archiletras

15 Jun 2024
Compartir

Los mejores en castellano, seleccionados, comentados y recitados por el editor y director de Archiletras.

Arsenio Escolar

Periodista, filólogo, escritor y editor. Fundé Archiletras en 2018 tras darle vueltas al proyecto durante 35 años.

Clementina Suárez, mujer anticonvencional

Poeta, mujer, hondureña. Hoy os traigo a Clementina Suárez, una creadora centroamericana del siglo pasado que bien merece un tiempo en este espacio. Está considerada «la matriarca de la poesía hondureña», ahora veréis por qué. 

Clementina fue una lectora precoz y voraz, escritora desde muy niña, introvertida de pequeña. Dice esto sobre sí misma, comentando sus primeros años: «Siempre estaba como ensimismada, interesada en otras cosas. Tenía más interés en lo que decían los mayores que en lo que mis compañeros decían».

Nació en 1902 y murió en 1991. Su obra y su vida son interesantísimas. Fue dependienta en una tienda y camarera en un restaurante. Dio recitales de poesía por toda Centroamérica. Viajó muchísimo y casi siempre sola. Residió en Tegucigalpa, en México, en Nueva York, en Cuba, en Costa Rica. 

Fue una mujer nada convencional o incluso anticonvencional. Desafió las convenciones sociales: frecuentaba amistades masculinas cuando ninguna mujer lo hacía; vestía a su aire, con pantalones cortos y blusas entalladas, a veces con transparencias o casi desnuda, como hizo en el escenario del Teatro Nacional en uno de sus recitales; tuvo sin casarse dos hijas con el escritor Marco Antonio Rosa. Cuenta su biógrafa Janet N. Gold: «Sola frente a la sociedad, como obedeciendo a un impulso interno».

Promotora de las artes, especialmente de la pintura, la retrataron tantos artistas -hasta el mexicano Diego Rivera- que se dijo de ella que era «la mujer más retratada de Honduras». Su casa en México fue al mismo  tiempo galería de exposiciones de principiantes, salón bohemio y lugar de acogida de expatriados. Poetas activistas nicaragüenses negociaban allí la compra de armas para luchar contra el dictador de su país. Y en la mesa de su cocina, según se cuenta, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, que luego fue Premio Nobel, trabajó los primeros textos de su célebre El señor Presidente, una de las principales de las llamadas ‘novela de dictador’. Este, el género de las novelas de dictador, es muy fecundo en español, con títulos tan excelsos como Tirano Banderas, de Valle-Inclán; Yo, el Supremo, de Roa Bastos; El recurso del método, de Alejo Carpentier; El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez o La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa.

Como poeta, Clementina Suárez comenzó en las vanguardias, pasó por la poesía erótica y desembocó en el compromiso social. Habló del dolor, de la ternura, del amor, de los afectos… y también del compromiso, de la denuncia. 

En una entrevista dijo que la poesía ha de ser «en primer lugar auténtica, honrada, sincera. Utilizarla como lenguaje de los pueblos, como bandera de lucha, identificarse con las causas justas, esa y no otra debe ser la función de la poesía». Un poema suyo, Combate, dice así: 

Yo soy un poeta,
un ejército de poetas.
Y hoy quiero escribir un poema,
un poema silbatos,
un poema fusiles
para pegarlos en las puertas,
en la celda de las prisiones,
en los muros de las escuelas.
Hoy quiero construir y destruir,
levantar en andamios la esperanza.
Despertar al niño
arcángel de las espadas,
ser relámpago, trueno,
con estatura de héroe
para talar, arrasar
las podridas raíces de mi pueblo.

Vamos ahora con otro tipo de poema, con otro registro. Más personal, más íntimo. Se titula Lamentos en el espacio, y dice así:

Afuera ruge el viento. Tu cabeza está
en mis piernas,
la noche se entretiene en ronda de fantasmas.
Aguas desbarrancadas cortan narcisos y nieblas,
para adornar la tumba de tanto pájaro muerto.

Tú peinas y despeinas mi cabello
mientras el mar arrastra sangre y lodo.

La sombra parece que esculpiera cadáveres.
¿Quién llora y se desespera en el aire?
Amor. Tú estás dormido,
-sin darte prisa por salir de la noche-
mientras yo atajo lamentos
de madres y de niños.

Y ahora vamos con otro poema no menos sugerente, no menos pasional. Se titula Amor salvaje, y dice así:

Amor salvaje.

¡Qué bien estás,
desgarrándome toda!

Amor salvaje.

¡Qué bien estás,
amenazando mi vida!

Amor salvaje.

Qué bien estás,
contenido en lo inexplicable.

Hasta aquí, como veis, versos libres y blancos. Sin estrofa convencional, sin rima. Vamos a acabar con un poema muy distinto en la forma. Son seis serventesios en versos alejandrinos. Estrofas clásicas en versos tradicionales.

Déjame que te cuente antes cómo murió Clementina Suárez, matriarca de la poesía hondureña, mujer fuerte. 

El sábado 7 de diciembre de 1991 fue encontrada en su casa de Tegucigalpa, golpeada e inconsciente. Falleció dos días después en un centro asistencial, sin haber recobrado el conocimiento. El crimen nunca fue aclarado.

Vamos, ahora sí, con ese último poema en serventesios, alguno de ellos irregular. Se titula Melancolía y habla de despedidas, de muerte. Dice así:

Madre o hermana mía taciturna y huraña
que has hecho luminosa tu pobre soledad,
que suavizaste el quejido y acallaste la saña
y ofreces a los tristes tu sombra de piedad.

Quiero que me lleves en tu barca sombría
por los mares ignotos donde todo es inerte,
donde reina la noche y muere la alegría,
a los vastos dominios donde impera la muerte.

Abre tus brazos! Oh gran melancolía!
y deja que mi vida se envuelva en tus saudades,
así tu gran tristeza del brazo con la mía
puede ser que den vida a nuevas claridades.

Deja que recueste mi cabeza cansada
sobre tu regazo de paz y santidad,
que me olvide de todo, que me absorba la nada,
que se esfume mi vida en tu gran soledad.

Deja que me abrace a tus sombras tranquilas,
que me pierda en tu seno y explore tus arcanos,
que me sacien de silencio mis hambrientas pupilas
y de suavidades mis temblorosas manos.

Enséñame la senda melancólica hermana
que va hacia los silencios y las renunciaciones
que nos lleva a esa tierra misteriosa y lejana
donde hallan paz y sosiego los tristes corazones.