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Poemas sentidos

Anhelo, de Dolores Veintimilla

Arsenio Escolar

¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé
allá en los años de mi edad primera?
¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé
de blancas flores…? ¡Todo fue quimera!

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¡Ay, triste España de Caín!, de Unamuno

Arsenio Escolar

¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!

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La voz del viento, de Ernestina de Champourcín

Arsenio Escolar

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

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Epigrama, de Polo de Medina

Arsenio Escolar

¿Tú piensas que nos desmientes
con el palillo pulido
con que, sin haber comido,
Tristán, te limpias los dientes?
No tal, el hambre cruel
da en comerte y en picarte,
de suerte, que no es limpiarte 
sino rascarte con él.

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Recuerdo de sombras, de Concha Méndez

Arsenio Escolar

Sobre la blanca almohada,
más allá del deseo,
sobre la blanca noche,
sobre el blanco silencio,
sobre nosotros mismos,
las almas en su encuentro.

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Canción, de Diego Hurtado de Mendoza

Arsenio Escolar

Pastora, si mal me quieres
y deseas apartarme,
bien lo muestras con mirarme.

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Cuatro estrofas de Gonzalo de Berceo

Arsenio Escolar

Quiero fer una prosa en román paladino,
en la cual suele el pueblo fablar a su vecino;
ca no so tan letrado por fer otro latino.
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.
……..

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Para que yo me llame Ángel González, de Ángel González

Arsenio Escolar

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.

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Soneto CXXIX, de Juan Boscán

Arsenio Escolar

Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,

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Yo te fui desnudando de ti mismo, de Dulce María Loynaz

Arsenio Escolar

Yo te fui desnudando de ti mismo,
de los «tús» superpuestos que la vida
te había ceñido…

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Fragmento del Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita

Arsenio Escolar

En la cima del puerto, me vi en una rebata;
encontré una vaquera al lado de una mata.
Preguntele quién era, respondiome: «¡La Chata!
Yo soy la Chata recia, la que a los hombres ata.

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El crimen, de José Ángel Valente

Arsenio Escolar

Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho. Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.

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Historia póstuma, de María Eugenia Vaz Ferreira

Arsenio Escolar

Todo me lo diste, todo:
el ritmo azul de las cunas
en cuentos maravillosos
glosados de suaves músicas…

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Perdido ando, señora, entre la gente, de Bernardo de Balbuena

Arsenio Escolar

Perdido ando, señora, entre la gente
sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida,
sin vos porque de mí no sois servida,
sin mí porque con vos no estoy presente;

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No tires las cartas de amor, de Joan Margarit

Arsenio Escolar

Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

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Desde que te ausentaste…, de autor anónimo

Arsenio Escolar

Desde que te ausentaste,
sol de los soles,
ni los pájaros cantan
ni el río corre.
¡Ay, amor mío!
ni los pájaros cantan
ni corre el río.

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La jaula, de Alejandra Pizarnik

Arsenio Escolar

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

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Amar el día, aborrecer el día, de María de Zayas

Arsenio Escolar

Amar el día, aborrecer el día,
llamar la noche y despreciarla luego,
temer el fuego y acercarse al fuego,
tener a un tiempo pena y alegría.

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Ojos garzos ha la niña, de Juan del Encina

Arsenio Escolar

Ojos garzos ha la niña:
¡quién se los namoraría!

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Autobiografía, de Gloria Fuertes

Arsenio Escolar

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.

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Poema 20, de Pablo Neruda

Arsenio Escolar

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

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Romance del conde Olinos, de autor anónimo

Arsenio Escolar

Madrugaba el conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

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Contra Jaime Gil de Biedma, de Jaime Gil de Biedma

Arsenio Escolar

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

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Devoluciones, de Gioconda Belli

Arsenio Escolar

Devuélveme mi corazón, viajero.
Tú te irás –me lo dices-,
montado en alado pegaso te alejarás
y dejarás sólo noches solas a mi alrededor.

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Determinarse y luego arrepentirse, de Villamediana

Arsenio Escolar

Determinarse y luego arrepentirse,
empezarse a atrever y acobardarse,
arder el pecho y la palabra helarse,
desengañarse y luego persuadirse;

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Espero curarme de ti, de Jaime Sabines

Arsenio Escolar

Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

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A la abolición de la esclavitud en Cuba, de Carolina Coronado

Arsenio Escolar

Si libres hizo ya de su mancilla
el águila inmortal los africanos,
¿por qué han de ser esclavos los hermanos
que vecinos tenéis en esa Antilla?

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Qué paseo de noche, de Pedro Salinas

Arsenio Escolar

¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.

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El intruso, de Delmira Agustini

Arsenio Escolar

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

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Castilla, de Manuel Machado

Arsenio Escolar

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

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Al partir, de Gertrudis Gómez de Avellaneda

Arsenio Escolar

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

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La llama funesta, de Alfonso Reyes

Arsenio Escolar

Si te dicen que voy envejeciendo
porque me da fatiga la lectura
o me cansa la pluma, o tengo hartura
de las filosofías que no entiendo;

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A Inés, que se teñía las canas de rubio, de Baltasar del Alcázar

Arsenio Escolar

Tus cabellos, estimados
por oro contra razón,
ya se sabe, Inés, que son
de plata sobredorados.
Pues ¿querrás que se celebre
por verdad lo que no es?
Dar plata por oro, Inés,
es vender gato por liebre.

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La opinión, de Ramón de Campoamor

Arsenio Escolar

¡Pobre Carolina mía!
¡Nunca la podré olvidar!
Ved lo que el mundo decía
viendo el féretro pasar.
Un clérigo: Empiece el canto.
El doctor: ¡Cesó el sufrir!
El padre: ¡Me ahoga el llanto!
La madre: ¡Quiero morir!
Un muchacho: ¡Qué adornada!
Un joven: ¡Era muy bella!
Una moza: ¡Desgraciada!
Una vieja: ¡Feliz ella!
—¡Duerme en paz!— dicen los buenos.
—¡Adiós!— dicen los demás.
Un filósofo: ¡Uno menos!
Un poeta: ¡Un ángel más!

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Bajo la lluvia, de Juana de Ibarbourou

Arsenio Escolar

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

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La vieja y el gato, de Samaniego

Arsenio Escolar

Tenía cierta vieja de costumbre,
al meterse en la cama,
arrimarse en cuclillas a la lumbre,
en camisa, las manos a la llama.
En este breve rato,
le hacía un manso gato
dos mil caricias tiernas: pasaba y repasaba entre sus piernas.
Y como en tales casos la enarbola,
tocaba en cierta parte con la cola.
Y la vieja cuitada
muy contenta decía: -Peor es nada.

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La muchachita pálida, de Alfredo Espino

Arsenio Escolar

Aquella muchachita pálida que vivía
pidiendo una limosna, de mesón en mesón,
en el umbral la hallaron al despuntar el día,
con las manitas yertas y mudo el corazón.

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Canción del pirata, de Espronceda

Arsenio Escolar

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;

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Mía de nadie, de Mía Gallegos

Arsenio Escolar

Mía Gallegos.
Mía de nadie. Mía de mí.
Sin una biografía.
Tierna. Casi ácida.
Con un destino trazado
en una cruz.

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Canción 8, de Rafael Alberti

Arsenio Escolar

Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!

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Caupolicán, de José Santos Chocano

Arsenio Escolar

Ya todos los caciques probaron el madero.
«¿Quién falta», y la respuesta fue un arrogante: «¡Yo!»
«¡Yo!», dijo; y, en la forma de una visión de Homero,
del fondo de los bosques Caupolicán surgió.

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A la pereza, de Bretón de los Herreros

Arsenio Escolar

¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oír cantar a un ave la alborada!

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Nacer hombre, de Adela Zamudio

Arsenio Escolar

Cuánto trabajo ella pasa
por corregir la torpeza
de su esposo, y en la casa,
(permitidme que me asombre)
tan inepto como fatuo
sigue él siendo la cabeza,
porque es hombre.

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Dineros son calidad, de Góngora

Arsenio Escolar

Dinero son calidad
Verdad!
Más ama quien más suspira
¡Mentira!

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Emoción vesperal, de Ernesto Noboa y Caamaño

Arsenio Escolar

Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y
, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día;

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Fragmento de la Égloga I, de Garcilaso de la Vega

Arsenio Escolar

¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro ahora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir una hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo

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Cuando regreses, de Laura Victoria

Arsenio Escolar

Cuando regreses no hallarás siquiera
las huellas del pasado.
En el parque los cisnes se murieron
y las verbenas rojas se secaron.

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Fuego y nieve, de Pedro Antonio de Alarcón

Arsenio Escolar

Duro es tu corazón como el granito;
mi corazón como la cera tierno:
verano ardiente soy; tú helado invierno;
tú nieve eterna; fuego yo infinito.

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Dos cuerpos, de Octavio Paz

Arsenio Escolar

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

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Tras un amoroso lance. Juan de la Cruz

Arsenio Escolar

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

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La muralla, de Nicolás Guillén

Arsenio Escolar

Para hacer esta muralla, 
tráiganme todas las manos: 
los negros, sus manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, 
allá sobre el horizonte. 

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Último brindis, de Nicanor Parra

Arsenio Escolar

Lo queramos o no
solo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

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Serranilla VII, del Marqués de Santillana

Arsenio Escolar

Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
com’una vaquera
de la Finojosa. 

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Vivo sin vivir en mí, de Teresa de Jesús

Arsenio Escolar

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

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Los formales y el frío, de Mario Benedetti

Arsenio Escolar

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

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Segundo soliloquio de Segismundo, de Calderón de la Barca

Arsenio Escolar

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

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Hace un año que busco la forma de mi amado, de Carilda Oliver

Arsenio Escolar

Hace un año que busco la forma de mi amado.
Él era joven, bueno, un poco mal hablado
aunque puso una fiesta en cada palabrota.
Entera la sonrisa, el alma casi rota.

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Fragmento de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla

Arsenio Escolar

En Roma, a mi apuesta fiel,
fijé, entre hostil y amatorio,
en mi puerta este cartel:
«Aquí está don Juan Tenorio
para quien quiera algo de él.»

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Octubre, de Juan Ramón Jiménez

Arsenio Escolar

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

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Ya no, de Idea Vilariño

Arsenio Escolar

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

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En el principio, de Blas de Otero

Arsenio Escolar

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

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Canción hacia dentro, de Julia de Burgos

Arsenio Escolar

¡No me recuerdes! ¡Siénteme! 
Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma. 

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Vida, de José Hierro.

Arsenio Escolar

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

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La lluvia no dice nada, de Pedro Miguel Obligado

Arsenio Escolar

Mientras muere el día,
llueve.
Es un agonía
breve.
La ciudad se queda abrumada
con la tristeza de la hora.
La lluvia no dice nada,
y llora.

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A la salida de la cárcel, de fray Luis de León

Arsenio Escolar

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

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Lo cotidiano, de Rosario Castellanos

Arsenio Escolar

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

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El mañana efímero, de Antonio Machado

Arsenio Escolar

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.

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Poderoso caballero es don Dinero, de Quevedo

Arsenio Escolar

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

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El ciprés de Silos, de Gerardo Diego

Arsenio Escolar

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

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Besos, de Gabriela Mistral

Arsenio Escolar

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

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A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa, de uno de los Argensola

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y color de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

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Nadie fue ayer, de León Felipe

Arsenio Escolar

Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen
Dios.

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Lo fatal, de Rubén Darío

Arsenio Escolar

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

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Esto es amor, de Lope de Vega

Arsenio Escolar

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

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Soneto, de sor Juana Inés de la Cruz

Arsenio Escolar

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

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Romance de la jura de santa Gadea, de autor anónimo

Arsenio Escolar

En santa Águeda de Burgos,
do juran los hijosdalgo,
le toman la jura a Alfonso
por la muerte de su hermano;
tomábasela el buen Cid,
ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo
y con unos evangelios
y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes
que al buen rey ponen espanto.

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El amor ascendía entre nosotros, de Miguel Hernández

Arsenio Escolar

El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

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Ajedrez, de Jorge Luis Borges

Arsenio Escolar

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

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Mi vida es un erial, de Bécquer

Arsenio Escolar

Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

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Lo inacabable, de Alfonsina Storni

Arsenio Escolar

No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.

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La amiga de Bernal Francés, de autor anónimo

Arsenio Escolar

Sola estoy en la mi cama
namorando mi cojín;
¿quién será ese caballero
que a mi puerta dice «abrid»?

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Ojos claros, serenos, de Gutierre de Cetina

Arsenio Escolar

Una pequeña joya de nuestro primer Siglo de Oro, el XVI, esta breve composición del poeta y soldado sevillano Gutierre de Cetina (1520-1557). Es un madrigal, un tipo de poema lírico de versos heptasílabos y endecasílabos que por lo general trataba de amor y que importaron de Italia nuestros poetas viajeros, la mayoría soldados.

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