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Archiletras

Ciudad Sintaxis

Mala gente que camina

Daniel Díaz

Me hablas, te oigo, pero no escucho. Noto ansiedad. Estamos en la calle Colón y hay gente por doquier. Buena gente que camina.

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Huir (en taxi)

Daniel Díaz

El taxi existe porque todo el mundo necesita huir de algo o de alguien, tal vez de sí mismo o de su propio pasado.

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El último de la fila

Daniel Díaz

Llegué tarde a la primera reunión de padres con el nuevo profe de mi hija. Tuve que tomar asiento al fondo del aula, en el único pupitre libre.

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La postal

Daniel Díaz

Pisé con la rueda de mi taxi una postal, de esas que enviábamos antaño (normalmente en vacaciones, con foto de la playa de marras y nuestra mejor caligrafía).

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(Si te gusta el deporte no leas esto)

Daniel Díaz

Me llamó cobarde un tipo que ahora está en coma. Me llamó «peseto de mierda» un mileurista en tratamiento médico por estrés laboral. Si me pitan en los semáforos, sonrío. Si surge un ruido raro en el motor de mi taxi, subo la música.

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Un mar de dunas

Daniel Díaz

Mamen, nombre inventado, acudió en mi taxi sola a una playa muy poco transitada. Apenas llevaba consigo una toalla, un libro, un sombrero de paja y un vestido de papel de fumar.

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Audios pongo por testigo (que nunca volveré a escucharlos)

Daniel Díaz

Este hilillo de sangre cayendo despacio de mi oído derecho es debido a los múltiples audios y charlas telefónicas en modo manos libres que escucho en mi taxi y no debería.

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Todo o nada

Daniel Díaz

Traducir al lenguaje de los vivos el grado de belleza de esa exacta mujer no es fácil. Ni difícil. Sencillamente es imposible.

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Que por qué soy taxista

Daniel Díaz

Soy taxista porque me apasiona escuchar a esa mujer de tobillos hinchados y pelo ralo contarme media vida en apenas 6,55 euros de taxímetro.

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Romance anónimo

Daniel Díaz

«Por fin llevo las riendas de mi propia vida», le dije al hombre. «Soy taxista vocacional. Siempre he querido serlo. Bueno, miento. Mi sueño de pequeño era conducir un autobús. Pero luego maduré».

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TikTok y la enfermedad del tedio

Daniel Díaz

Con una pizca de información podemos hacer un mundo, a saber: Su nombre era Claudia, veintipocos años, varios kilos de más según los cánones occidentales (para mí estaba estupenda). Y sufría de ansiedad severa.

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La importancia relativa de los nombres

Daniel Díaz

Acabo de pasar con mi taxi por el Puente de las Flores, sobre el falso río Turia, y resulta que las flores están secas, o apenas se ven. El puente soporta una presión brutal más allá del tránsito o de su propia estructura: es el peso del nombre que le han dado.

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Voces

Daniel Díaz

—¿Realmente puedes escuchar la música a un volumen tan bajo? —soltó de repente.

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Mi único momento

Daniel Díaz

Yo estaba el primero en la parada de la Plaza del Ayuntamiento, apoyado en la puerta de mi taxi, cuando se acercó una mujer y me dijo:

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Análisis gramatical de una ruptura por Whatsapp

Daniel Díaz

«Bueno bueno bueno, estoy flipando: mi novio me acaba de dejar por Whatsapp. ¡POR WHATSAPP!».

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Mutilado de guerra

Daniel Díaz

Era un hombre, un enfermero, que necesitaba hablar, comunicarse, contar lo suyo, nada especialmente grave ni de vital importancia, sólo eso, hablar.

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Entre el bien y el mar

Daniel Díaz

El habla avanza en mi taxi a un ritmo mareante. La inmensidad del mar anda cerca y se nota: supone una vía de escape que no estaba presente en mi vida taxial de Madrid.

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Hacer tiempo

Daniel Díaz

La enormidad del Mediterraneo, y calles adoquinadas, y huertas junto a edificios altísimos. Mi taxi aquí en Valencia comienza a sentirse como en casa. Ya he llevado a mi primer sacerdote. Llevaba prisa: perdía el AVE.

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Ocho días conduciendo un taxi en Valencia

Daniel Díaz

Llevo poco más de una semana conduciendo un taxi por las calles de Valencia y ya tengo argumento para cinco novelas. Las calles son amables y el calor húmedo me trasladó por momentos al vientre de mi madre.  ¿Qué más puedo pedir?

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Cuando las calles no tienen nombre

Daniel Díaz

Tras más de quince años escribiendo desde un taxi en Madrid, me complace anunciaros que acabo de estrenar taxi en Valencia. Y aquí también hay mucho que escribir. Historias nuevas. Perfiles bien distintos.

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Amores narcóticos

Daniel Díaz

Recuerdo el olor exacto de una antigua novia cuyo nombre no diré. Era pura química lo nuestro. Un deseo irracional. Y gracias a ella aprendí a escribir.

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Cómo crear un personaje y no sentirte morir

Daniel Díaz

Lo primero es la carcasa: varón de 39 años, complexión fuerte, 1,75 de altura, leve curva abdominal. Calvo por la coronilla (se rapa la cabeza), y agujeros en ambas orejas, pero sin pendientes: ya no los lleva.

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Mejor en taxi

Daniel Díaz

Se trata de conseguir un gancho que atraiga a gente aleatoria, escucharles y analizar lo que dicen para entender qué les mueve, cuál es su motor. De ahí mi obsesión con el taxi.

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Mi nueva vieja vida

Daniel Díaz

Llevo meses encerrado, escribiendo, y ya no aguanto más. Necesito salir. Hablar con humanos. Buscar inspiración en las calles. Necesito volver a conducir un taxi.

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Sobre Fleabag y David Foster-Wallace

Daniel Díaz

Algunos textos, o discursos, o escenas, son tan potentes, que consiguen voltear tu percepción de las cosas hasta el punto de cambiar tu opinión.

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Nombres condenados al olvido

Daniel Díaz

En mi finca vive un Ponciano, una Agripina, un Adosindo, un Zacarías, una Patrocinio y una Cesárea. Larga vida a esos nombres. Porque serán los últimos.

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Los muertos también cuentan

Daniel Díaz

Aislarte también es aprender a descartar: aprender y disfrutar del hombre bueno, e ignorar al mediocre. Benditos sean Stephen King, Juan José Millás o Foster Wallace (sí, los muertos también cuentan).

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¿Eres libre?

Daniel Díaz

Imagina que puedes decir lo que quieras, sin límite. Que tienes total libertad para expresar cualquier pensamiento en cualquier foro, por muy extremo o bestia o ilegal que pueda parecer. ¿Harías uso de esa libertad? ¿Lo necesitas?

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¿Está «contento» con su compañía telefónica?

Daniel Díaz

«Buenos días, mi nombre es Marta. ¿Está contento con su compañía telefónica?». La voz de Marta suena líquida, acogedora. Y yo ahora mismo estoy solo.

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El poder de la palabra

Daniel Díaz

Las peores palabras se agolpan en tiempo real, martillean: invasión, guerra, muertes, misiles. Tratamos de pensar en otra cosa, pero pesan más y embarran la glotis.

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Individualismo Vs. tejido social

Daniel Díaz

El barrio donde ahora vivo, en Valencia, rebosa comunidad. La gente se saluda por la calle, habla, pregunta por los suyos. El clima acompaña, pero no es sólo por eso. Influyen otros muchos factores.

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Doble vida

Daniel Díaz

Hay más vida en la literatura que en la propia vida. Los libros piden a gritos tramas, conflictos, mientras que la vida ordinaria busca todo lo contrario: evitarlos. Aunque no siempre es posible.

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Chándal y oro

Daniel Díaz

Sospecho una brecha radical entre el lenguaje internetero (o internetense) y el habla a pie de calle. Somos los mismos lobos pero cambia el disfraz.

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«Aquí se rompió un piño Jacinto Benavente»

Daniel Díaz

He vuelto a escuchar más audios de mi etapa como taxista en Madrid y, de entre todos, más de ochenta, ha llamado mi atención el que transcribo…

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Cuando somos monosílabos

Daniel Díaz

«Ya no», me dijo. Fue hace muchos, muchos años, pero esas dos palabras todavía cortocircuitan mi mente igual que aluminio dentro de un microondas.

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Raro y suave

Daniel Díaz

Cuando vives encerrado en tus ficciones, salir a la calle es todo un reto. La gente ahí fuera se puede (aunque no se debe) tocar.

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Tal vez un taxi

Daniel Díaz

Lo malo de poner tu vida patas arriba es la pérdida de tracción. Lo bueno es que parece que tus pies mueven las nubes.

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Mi carta a los Reyes

Daniel Díaz

En mi carta a los Reyes Magos he pedido borrón y cuenta nueva, una minifábrica de ganas, más verbos, menos adjetivos, y un pop it.

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Retrato costumbrista (con vaso de whisky al fondo)

Daniel Díaz

Como azar rima con bar, estoy en uno. Los presentes se hacen llamar parroquianos porque no hay fe más poderosa que el placebo curativo de una barra y un whiskito. Y al otro lado, la diosa. Valentina es su nombre.

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Cuando el tono contradice la palabra

Daniel Díaz

Ordenando mi escritorio virtual rescaté un audio de mi etapa como taxista en Madrid. Aún guardo muchos, varias horas, pero éste llamó poderosamente mi atención.

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Cuando tu ángel se convierte en tu demonio (y vicevesa)

Daniel Díaz

Para escribir (y supongo que para todo lo demás) es necesario confiar en uno mismo, creer en uno mismo y olvidarte del pasado si acaso ese pasado no te permite seguir adelante.

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Análisis sintáctico de las apps de contactos

Daniel Díaz

Llevo cosa de un mes enfrascado en una novela romántica que firmaré bajo pseudónimo y, para documentarme y tomar ideas, decidí apuntarme a un par de apps de contactos carnales. Y estoy fascinado.

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Revivir el ansia

Daniel Díaz

No hay tensión narrativa capaz de superar el complejo entramado mental de cualquier adolescente. Debemos mirar hacia ellos. Aprender de ellos. Envidiarlos. Siempre.

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Nunca te enamores de un personaje de ficción

Daniel Díaz

Estoy organizando una cena de empresa para navidad, y como soy autónomo y escritor, he decidido invitar a los siete personajes de la novela en la que me encuentro trabajando. Ya me han confirmado cinco.

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Vivir

Daniel Díaz

Busco estímulos. Razón, aquí.

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Escribiendo en sitios (hoy, Malmö)

Daniel Díaz

Últimamente viajo mucho a través de Google Street View, saltando de un punto a otro del entero mundo. Ahora me encuentro en Malmö, Suecia, en una calle llamada Regementsgatan. Y hace un día espléndido.

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Aprendiendo valencià (hoy: «esmorzaret»)

Daniel Díaz

Vengo de un bar. Bueno, de dos. Aquí en Valencia almorzar en bares es casi una religión en sí misma. Lo llaman «esmorzaret» e incluye bebida, bocadillo del tamaño del brazo de un niño y café.

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NaNoWriMo

Daniel Díaz

NaNoWriMo (acrónimo de National Novel Writing Month) es un desafío de escritura nacido en California y enfocado a escritores de todo el mundo. ¿Te atreverías a escribir 50.000 palabras en un solo mes?

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Mi rutina

Daniel Díaz

Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Os cuento mi rutina: Desayuno, escribo, almuerzo, escribo, escribo, ceno, leo, veo series y a dormir. Los demás detalles, desde ducharme a planchar camisas o lavarme los dientes, carecen de importancia.

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Atracción

Daniel Díaz

Parece que a veces te falta el aliento, como si el oxígeno estuviera incluido solamente en cuentas Premium, y respiras mal, a bocanadas, pero tiras de esa otra sonda pleural que es la palabra.

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Todos mudos

Daniel Díaz

Cayeron Whatsapp, Instagram y Facebook durante un buen puñado de horas, el lenguaje entró en pánico y Carol se quedó sin saber el nuevo estado de su ex.

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Entre dos mundos

Daniel Díaz

Dos no discuten si uno habla mientras el otro está pensando en detalles psicosociales de un personaje secundario de la novela en la que se encuentra trabajando.

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Baños de dolor a 2,60€

Daniel Díaz

La gente queda en bares, en terrazas, para contar y compartir por turnos sus problemas. Paradójicamente, los que no tienen problemas tampoco tienen nada que decir en estos casos, lo cual es un problema en sí mismo.

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Una caja de zapatos de la talla 46

Daniel Díaz

Abriendo cajas encontré la grabadora que solía usar en mi taxi para captar sonidos y monólogos y charlas, y también la alianza de aquella usuaria cuya historia, por motivos legales, no puedo contar.

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Enseres y estores

Daniel Díaz

Tengo mil frentes abiertos: después de una mudanza completa de Madrid a Valencia, ahora estoy reformando mi nueva casa. Llevo días eligiendo colores, apliques, enseres y estores. Y es horrible y fascinante al mismo tiempo.

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Resurgir cual Ave Fenix

Daniel Díaz

Imagina que montas tu propio despacho para escribir, el sueño de toda una vida, con su mesa larga, su silla ergonómica, su impresora láser, su torre de folios en blanco perfectamente alineados, su corcho, sus fichas para tramas y personajes, sus libros de consulta, sus cuadros inspiracionales…

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Literatura y gotelé

Daniel Díaz

Estamos reformando la que será nuestra nueva casa en Valencia. Los obreros eliminan el gotelé al tiempo que escribo estas líneas desde la terraza. Nunca imaginé que una combinación tan rara funcionaría tan bien.

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Mis vidas matrioshka

Daniel Díaz

Me encuentro en un caserón en Benissa (Alicante). Vine aquí con la única intención de escribir. A todas horas. Todo el rato. Y por motivos que no vienen al caso, estoy solo.

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Monstruos, venid a mí

Daniel Díaz

Sucede algo extraño en mi cabeza y es por esto que no puedo llevar una rutina cuando escribo (tal y como hacen, me consta, el resto escritores que viven o pretenden vivir de su oficio).

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Adaptándome a mi nueva vida de escritor

Daniel Díaz

Llevo muchos años, demasiados, escribiendo sobre mi taxi y desde mi taxi. No me refiero a escribir encima del taxi (aunque una vez redacté un artículo dentro del maletero; eran tiempos extraños).

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Huir de ti para quedarme conmigo

Daniel Díaz

Llegó el momento de confesaros que, en lo taxial, llevo de bajona mucho tiempo. Amo mi taxi, pero el lobby feroz de Uber resultó insaciable, y en su naturaleza está el no detenerse hasta engullirlo todo. Y el día que esto suceda, prefiero estar lejos.

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El abismo entre dos mundos

Daniel Díaz

Preservar el bunker de tu lenguaje interior se hace imposible en un entorno donde el chándal ahora es también una prenda apta para salir de fies(ta).

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La culpa es del logaritmo

Daniel Díaz

Por alguna extraña razón, Facebook me dijo que tal vez podrían interesarme foros del tipo «Amantes del punto de cruz», o «Flambeados para pastelería cuqui».

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La tensión narrativa de unas llaves perdidas

Daniel Díaz

Cuando no encuentras algo, pongamos unas llaves, se inicia un viaje interior a tu pasado más reciente, y ese implícito monólogo alcanza tal tensión narrativa que ni el mejor Stephen King.

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El poder cicatrizante de unos párpados

Daniel Díaz

La mujer me miró cariacontecida a través del espejo después de recibir una llamada en mi mismo taxi. Le habían dado una noticia evidentemente mala. Y su primera reacción, tras colgar y sostener el móvil como un polluelo herido, fue mirarme.

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Desnudo integral

Daniel Díaz

Escribo estas líneas desde un bar de carretera sito en el kilómetro ciento y pico de la carretera de Valencia y ahora estoy pensando en vocablos raros tales como «sito».

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Secretos y mentiras del lenguaje corporativo

Daniel Díaz

Escóndete si quieres en el maletero de mi taxi y escucha las charlas que se gastan los usuarios corporativos porque son de no creer: mayoritariamente hombres y valedores de un uso del lenguaje, digamos, peculiar.

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Outro lugar

Daniel Díaz

Cuando tienes la cabeza en otra parte, tu lenguaje interior se reduce al espacio acústico de un bunker sin ventanas. Te habla la gente, pero no oyes nada (o si oyes, no escuchas). Y todo lo de fuera, aunque puedas tocarlo, se convierte en un país extranjero.

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Sólo sé lo que otros dicen

Daniel Díaz

«Es imposible que ahora, de repente, la gente tenga tanto que decir, macho. Parece que hay estar ahí a toda costa, tener presencia en redes y opinar por sistema de lo que toque» me dijo anoche un usuario de mi taxi.

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Ni voz ni botox

Daniel Díaz

—¿Qué prefieres, ropa sucia y mirada limpia, o ropa limpia y mirada sucia?

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Un futuro asombroso

Daniel Díaz

Hay recuerdos que te asaltan de repente y no puedes obviarlos, ni cambiarlos por otros mas sanos, ni mucho menos domar la furia que provocan. Son subtextos de la vida en directo que a veces no encajan en tu entorno, pero ahí siguen, impertérritos: jodiéndote el coco.

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Decir lo que te salga del emoticono

Daniel Díaz

La modernidad nunca dejará de sorprenderme. Ayer un chico en mi taxi no sabía encontrar la palabra adecuada y optó al final por enseñar a su amigo un emoticono de WhatsApp.

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Animalización trans

Daniel Díaz

«Eres un gallina» le dijo un usuario de mi taxi a otro. «Un», masculino. «Gallina», femenino. Figura literaria: Animalización transgénero.

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Los teléfonos que hablan con los ojos

Daniel Díaz

«Escucha esto: nunca nada sucederá según lo previsto. Cuanto antes lo asumas, más tranquila será tu vida» me dijo un hombre en mi taxi mientras cruzábamos el puente de Juan Bravo.

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Sobre fascismo y orgasmos

Daniel Díaz

«Hombre, un poco fascista sí que eres… pero no pasa nada: todos arrastramos nuestras taras. Yo, por ejemplo, cuando tengo un orgasmo me da por llorar».

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Una voz dentro de una maleta

Daniel Díaz

Supongo que me enamoré de su voz. Fue al decirme: «A la estación de Atocha, por favor». Atocha era su cuerpo, por supuesto. Verano la estación. Y su blusa, la bandera de mi nueva patria.

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Tipos de lenguaje: el claxon

Daniel Díaz

Los conductores, cuando el lenguaje no alcanza su función de expresar un sentimiento, tocan el claxon. Y aunque aparente lo contrario, existe un amplísimo abanico de matices lingüísticos según la forma de tocarlo.

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La palabra

Daniel Díaz

Pareja en mi taxi de unos treinta años:

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La extraña historia de Claudia y Bruno

Daniel Díaz

Claudia, nombre inventado, no sabía discernir ficción de realidad; y en esa fina línea se mantuvo desde aquellos inviernos de su infancia hasta hoy, con treinta y seis primaveras.

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Vidas dentro de otras vidas

Daniel Díaz

No hay mayor lujo que tener la cabeza bien amueblada y con gusto: minimalismo y funcionalidad intramuros. Coherencia de córtex hacia dentro y un corazón a prueba de balas perdidas.

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Matemáticas aplicadas a las letras

Daniel Díaz

Un varón de unos 45 años, pongámosle de nombre C, viaja en mi taxi del punto A al punto B. En este caso, A+B no puede ser nunca igual a C, ya que A y B son ubicaciones, y C corresponde a una persona. Pero.

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Mis horas

Daniel Díaz

Avanzar página, suprimir palabras, recular, pulir, desesperarme. Esta es mi vida ahora. Ya sólo saco el taxi a pasear para airearme, buscar nuevos enfoques y, ya de paso, coquetear con el azar.

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Zombis todos

Daniel Díaz

Zombis. A menudo en mi taxi me dedico a llevar zombis de un lugar a otro. Al dentista. A la delegación de hacienda. Al salón de tatuajes. Al tanatorio. A votar.

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Somos mentira (en los libros)

Daniel Díaz

Llevo un mes volcado en cuerpo (y taxi) y alma en mi próxima novela. Y uno de los rasgos, a mi juicio, más destacables, es la creación y recreación mental de cada personaje.

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Prohibido hablar de antipolítica

Daniel Díaz

Es un hecho: ya no se puede hablar de política. Hoy las diferentes posturas están tan polarizadas, es tal la irracionalidad, que cualquier debate serio y calmo es imposible.

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¡Lee!

Daniel Díaz

Conozco pocas emociones comparables con el acto de abrir la primera página de un libro. Y leer la primera frase. Y a partir de la segunda, abandonarme.

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El virus de la incertidumbre

Daniel Díaz

Mandó parar mi taxi muy nerviosa, con el móvil en la mano. Una vez dentro, me indicó una dirección y añadió atropellada: «lo más rápido posible». Llevaba mascarilla, pero sus ojos de terror hablaban por su boca.

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Oído en mi taxi #5

Daniel Díaz

En mi afán por captar la voz de la ciudad, estas últimas semanas he ido anotando frases de usuarios de mi taxi charlando entre ellos, o bien al teléfono, o hablando conmigo. Atentos:

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El lenguaje interior de las nubes

Daniel Díaz

Mi fase preferida del amor es la segunda: cuando todo en rededor no importa nada a excepción de lo de él o lo de ella, y físicamente no puedes pensar en otra cosa. Cualquier conversación distinta a él o a ella te resulta banal, te abstrae, te importa un carajo.

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Palabras al peso

Daniel Díaz

Resulta que ahora los escritores de la era digital comparten en sus redes la evolución de sus proyectos en base al número de palabras que llevan escritas: ¡100.000 palabras! ¡250.000! Pero nunca dicen cuáles, ni cuántas de ellas son pronombres.

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Arrebato

Daniel Díaz

Mi vida es escribir y poco más. Puedo tener un día horrible, pero me basta idear una sola frase genial o un párrafo aceptable para voltearme el ánimo y sentirme feliz.

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Usuario de mi taxi dice

Daniel Díaz

«Todos vivimos aquí y ahora, amigo mío; por mucho que quieras ir de outsider, o tatuarte un pene fláccido en la frente, necesitas que otros se ofendan y de este modo posicionarte en un mundo aparentemente opuesto al suyo. Gira por esa».

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Dímelo en la calle

Daniel Díaz

Lo mismo vale para un barco encallado en el Canal de Suez, que para un escritor bloqueado e incapaz de avanzar. La solución pasa por quitar lastre, esperar a que suba la marea y hacer uso de una retroexcavadora.

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Puntos de vista

Daniel Díaz

Estoy con dos novelas a la vez, escribiéndolas en dos paradas de taxis distintas: según me pille más cerca una parada o la otra, escribo una novela o la otra. El azar, en cierto modo, está marcando mi ritmo de trabajo.

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Beber para creer

Daniel Díaz

El hombre, achispado aunque locuaz, propuso tema: «¿Vivir para trabajar o trabajar para beber?». Apenas eran las cinco de la tarde cuando subió en mi taxi. Me había pedido llevarle de una zona de bares a otra zona de bares donde también, según me dijo, sería bien recibido.

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Las ideas son larvas

Daniel Díaz

Las ideas son larvas que entran, a menudo, por el ojo. Y a veces también por el oído, o a través del olfato o del tacto (o la lengua incluso). Luego se metamorfosean en la cabeza y vuelan libres hasta estamparse y morir en el papel.

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Labios que sacan de quicio

Daniel Díaz

Me salvé de perder la cabeza por esa mujer gracias a la mascarilla. Su voz fue un canto de sirena para mis pobres oídos de marinero en tierra firme. Dios santo, qué ojos, pensé. Qué piel tan bien pulida. Qué cosas tan intensas dice. Pero me faltó saber su boca.

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Ella, él, yo y una caldera

Daniel Díaz

ELLA: Tenemos que arreglar la caldera.

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Escribir la vida de otro

Daniel Díaz

Hace tiempo, un antiguo lector me propuso un reto: escribir la biografía de su padre como regalo sorpresa para su inminente jubilación. Me pareció un reto interesante, así que accedí. Y a modo de adelanto del pago, se me ocurrió entrevistarle en mi taxi, tarifando mis horas vía taxímetro.

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La fuente principal del desahogo

Daniel Díaz

Ayer llevé en mi taxi a una mujer sobrepasada. Tenía problemas serios con su ex, y un hijo pequeño en urgencias, a punto de ser operado. En el trayecto, habló por teléfono con alguien. Necesitaba desahogarse.

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