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Cristian Olivé

23 Dic 2020
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Firmas

La literatura de WhatsApp y de Instagram

La literatura no cabe en un tarro de cristal y por ello no debemos ponerle límites. Dentro de unos años, además de las novelas epistolares, estudiaremos las novelas de correos electrónicos y de WhatsApp. Todas tendrán en común el hecho de que el lector descubrirá las acciones que se suceden a partir de la correspondencia que se intercambian los protagonistas o de la mensajería instantánea que se envían a través de aplicaciones. En fin, la novela epistolar no se ha extinguido; se actualiza.

En definitiva, este año me he querido anticipar al futuro y les he lanzado a mis alumnos dos propuestas narrativas que traspasan las fronteras de lo cotidiano y se enlazan con las redes sociales tan presentes en su vida cotidiana: WhastApp e Instagram.
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Podríamos detenernos un momento en la metonimia de enviar un WhatsApp. Sin darnos cuenta, usamos el nombre de la marca para referirnos a la acción de mandarle un mensaje a alguien. Con los DM (direct message), hemos sido menos refinados y se ha optado por la fórmula simple de las siglas. Pocos adolescentes envían mensajes privados a través de Instagram porque, según me cuentan, prefieren enviar DM.

Por un lado, a lo largo del curso, les he pedido que narrasen el argumento de dos novelas que se estuvieran leyendo mediante una conversación de WhatsApp entre los protagonistas de una y de otra. Debían respetar las nociones básicas del género narrativo (planteamiento, nudo y desenlace), pero también debían contar con factores más pragmáticos a la hora de escribir mensajes acordes con las edades de los personajes. Parece algo banal, pero no se comunica igual un adolescente por escrito que un adulto. Incluso se podría decir que no siempre comparten unos mismos códigos lingüísticos en este entorno digital.

Por ejemplo, ante una pregunta de respuesta binaria se producen gradaciones semánticas y generacionales: es evidente que sí no tiene el mismo significado que sií, seh, sip, sep, yeah y yas. Todas ellas se usan en contextos muy distintos y a más de uno se le saldrían los ojos de las órbitas si recibiera, de parte de un adulto de edad avanzada, un sep con tono socarrón o un yas al más puro estilo teenager. No seré yo quien sugiera un uso u otro…

Si los personajes de la novela escrita con mensajería instantánea se lo estuvieran pasando a lo grande, ¿cómo se reirían por escrito? Sin duda, no sería lo mismo responder jeje, que denota una risa por compromiso, que JAJAJA, jajjaaj, jajjkaka, entre otras, que se acercan a las carcajadas sonoras. En primer lugar, reírse en mayúsculas denota un atracón de diversión. Aunque hay que ir con pies de plomo porque una mayúscula en el lugar equivocado puede sustituir el valor de los signos de admiración. En WhatsApp, por supuesto, no significan lo mismo no me grites que NO ME GRITES.

Por otra parte, la duplicación de grafías e incluso la incorporación de algunas incorrectas (jajjaaj, jajjkaka) muestran una risa sincera, ya que el emisor, inmerso en sus carcajadas, ni siquiera se ha fijado en las teclas que tocaba. Por último, se podría sumar la risa con i, es decir, jiji, que tiene un valor sinestésico porque se unen el sonido susurrante con la imagen del semblante picarón. No nos podríamos olvidar tampoco del nuevo uso que se le ha dado al emoticono xD: los más jóvenes prefieren escribir xd y de este modo alejan su parecido original de la cara girada sonriente.

También habría que tener en cuenta los signos de puntuación a la hora de transcribir las conversaciones de los personajes de la trama: un escueto punto al final de un mensaje podría desembocar en una discusión cargada de malentendidos. A ojos de un adolescente, un No. (con el punto final) es la respuesta más amarga y rotunda que podría recibir. Lo que es normativo para los adultos adopta un valor semántico peyorativo para los más jóvenes. Ese punto final, dicen, es peor que un puñal directo al corazón.

¿Y qué hay de los emojis? ¿Los usarían los personajes de la novela escrita en WhatsApp? ¿Se deberían tener en cuenta sus valores polisémicos? Por escrito, las berenjenas son más que verduras y los melocotones también son dulces pero no siempre son frutas. Si, por ejemplo, un personaje de edad adulta lo usara de un modo erróneo en una conversación con un adolescente, se armaría un malentendido bastante divertido. Hay otros emojis con más de un significado: escribir la cara con ojos de corazones como simple respuesta puede expresar cariño hacia alguien pero, si aparece al concluir una
conversación, también puede significar gracias o hasta luego. Los emojis, de hecho, ayudan a dotar de emociones el texto que se escribe, ya que ofrecen la comunicación no verbal necesaria para que un mensaje instantáneo suene más suave.

Es evidente que una novela narrada a través de WhatsApp debería tener en cuenta todos estos aspectos. Nos guste o no, nuestra forma de escribir refleja a qué rango de edad pertenecemos. La abreviatura ns para decir no sé es síntoma de juventud como también lo es rt para expresar que algo te gusta. En cambio, escribir +1 cuando un mensaje te gusta huele a cierta madurez. No pasa nada.

La segunda propuesta que he lanzado en clase ha sido arriesgada pero con resultados sorprendentes entre los alumnos. ¿Se podría resumir la trama de una novela a partir de la cuenta de Instagram del protagonista? ¿Qué contaría a lo largo de sus publicaciones? ¿Mostraría la realidad de su día a día o se dejaría arrastrar por la moda del postureo y el engaño? ¿Cuidaría la ortografía de sus textos o regalaría a sus seguidores patadas continuas al diccionario?

Lo cierto es que algunos alumnos han ido más allá al realizar dicho trabajo: han contado el día a día del personaje mediante historias de 24 horas. En algún caso, incluso, se han puesto en la piel del protagonista y literalmente se han convertido en él: mediante unas veinte publicaciones en el perfil y con vídeos de sí mismos han contado los dramas que habían leído en la novela y han usado textos reales para ilustrar las fotografías. Supongo que a eso se le llama vivir la literatura.

Dentro de unos años también estudiaremos los hilos narrativos de Twitter pero, en fin, eso ya forma parte de otro artículo.

 

Este artículo de Cristian Olivé es uno de los contenidos del número 8 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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