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Álex Grijelmo

Doctor en Periodismo, dirige la Escuela de Periodismo de El País. Ha publicado nueve libros sobre periodismo y lenguaje.

01 Dic 2020
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Firmas

La gente feliz lee y bebe café

Un libro que alcanzó gran éxito en Francia hace seis años se titula Les gens heureux lisent et boivent du café. Su autora, Agnès Martin-Lugand, lo publicó en Internet por su cuenta y terminó convirtiéndose en un superventas en papel. En España lo publicó Alfaguara, lógicamente con el título traducido: La gente feliz lee y toma café. Y yo llevo seis años pensando sobre esa frase.

La psicolingüística y la pragmática, con unos cuantos especialistas al frente, han estudiado cómo procesa el cerebro los mensajes lingüísticos. A tenor de sus enseñanzas, es posible que la primera lectura del título lleve a entender (y a descartar a continuación) que, al decir «la gente feliz lee y toma café», se esté indicando que la gente feliz lee café y toma café. La gramática permite deducir ese sentido, si bien la semántica lo rechaza.

En efecto, la estructura gramatical de la frase autoriza a percibir que el complemento directo del segundo verbo (la palabra ‘café’) puede recibir también la acción del verbo anterior: ‘lee’: «La gente feliz lee y toma café»: es decir, «la gente feliz lee café y toma café».

Porque una frase como «la gente feliz lee y toma café» es análoga en su estructura a «la gente feliz vende y toma café», en la cual entendemos que esas personas tan dichosas beben café y venden café.

La estructura sintáctica es probablemente lo primero que se entiende al leer un texto. Después llegará al cerebro la estructura semántica.

Si yo digo «la revirola enfaceterá la lemogobia», usted no habrá entendido nada, pero habrá captado de inmediato una estructura sintáctica con sujeto, verbo y complemento directo.

El hecho de asimilar primero la sintaxis y luego corregir la percepción del mensaje mediante el significado obliga a un esfuerzo adicional del cerebro. No tiene mayor importancia, todos podemos asumir esa tarea; pero si un texto está lleno de tales incordios acabará cansando al lector y, tal vez sin que él sepa por qué, le llevará seguramente a dejarlo y dedicarse a otra cosa. Así que, en la medida de lo posible, conviene evitar las ambigüedades y los esfuerzos gratuitos.

Pensé en cómo se podía haber redactado ese título si se pretendiera no incurrir en la confusión que durante unos milisegundos puede instalarse en el procesador cerebral de lectura, que utiliza las analogías continuamente para entender lo que recibe.

Obviamente, en el título original de la novela francesa la interpretación ‘lee café’ se demuestra errónea porque, cuando el cerebro llega al significado tras pasar por la sintaxis, descarta que se pueda leer el café. Solo quien crea en los poderes de los posos que se observan a veces en el fondo de la taza podrá reconsiderar esa idea y pasar fugazmente por la hipótesis de que se lea el café para desentrañar quién sabe qué futuros.

Pero el autor (o traductor) que ponga cierto celo en facilitar la función lectora huirá de estos ruidos en la comunicación, y deberá buscar la fórmula que llegue mejor al cerebro, sin rodeos.

Una posibilidad de alejar el complemento directo ‘café’ del verbo ‘lee’ habría consistido en escribir «la gente feliz que lee y que toma café». Pero eso dejaría la oración sin verbo principal, al convertir toda la cláusula en un sujeto. «La gente feliz que lee y que toma café… hace tal cosa». De ese modo, no se afirmaría que todas las personas felices leen y beben café, sino que el libro trata acerca de aquellas personas que son felices leyendo y bebiendo café; es decir, que, a diferencia del título original, se refiere solamente a una parte de las personas felices.

Otra opción para evitar esos milisegundos de duda habría sido la frase «la gente feliz toma café y lee». Pero ahí nos quedaría la duda de si esa gente feliz lee a la vez que toma café o simplemente es aficionada a la lectura y al café, acciones que puede ejecutar tanto en momentos separados como simultáneos, sin que podamos adivinar de cuál de ellos se trata.
Quizás ahí el cerebro acudiría a la interpretación más próxima y sencilla: la frase se está refiriendo a que la gente feliz toma café mientras lee. Pero tampoco se deducía eso de la idea original, pues «la gente feliz lee y toma café» puede implicar que la gente primero lee y luego toma café, dos horas más tarde por ejemplo, o viceversa; lo cual no invalidaría el aserto principal de que la gente feliz lee y (además) toma café.

También se podría haber escrito «la gente feliz lee libros y toma café», pero la autora nos habla de leer en general: libros, diarios, revistas, cartas, informes, documentos… No podemos reducir el amplio campo de la lectura a un solo soporte.
Manejé otras soluciones, que ahorro a los lectores para no resultarles más cansino todavía, y finalmente llegué a la conclusión de que no hay remedio. Cualquier título alternativo me ofrecía tantas dudas como el original.

Así que no he tenido más solución que claudicar en el empeño y reconocer mi incompetencia al respecto. Pero eso me llevó por otro camino a resaltar la importancia de la pragmática, esa rama de la lingüística que nos explica cómo interpretamos el sentido de los mensajes más allá del significado exacto de las palabras. Es decir, cómo la suma de los significados es inferior a la idea completa que transmiten. Y sabemos, gracias a los estudiosos de esa materia, que el receptor vuelca sobre el mensaje todo su conocimiento del mundo, su experiencia, sus prejuicios, los recuerdos más próximos; y que con todo eso rellena los silencios o los márgenes de ambigüedad que pueda contener una frase.

Pensaba, en fin, en la gran capacidad de comunicación real de los seres humanos, que podemos entendernos ilimitadamente pese a disponer de unos recursos tan limitados.

Y, como sujeto pragmático que soy, igual que usted y que el vecino y que toda persona susceptible de confinamiento, yo creo en definitiva que la gente es feliz cuando bebe café y cuando lee. Y que si hace las dos cosas a la vez, doblemente feliz será.

 

Este artículo de Álex Grijelmo es uno de los contenidos del número 8 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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