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Iraide Ibarretxe-Antuñano

04 Nov 2020
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Firmas

El poder de la metáfora en tiempos de pandemia

A raíz de la pandemia de la covid-19, se están oyendo muchas expresiones como estamos lejos de la victoria, oleada de contagios o frenar la curva. Da igual el país de donde venga la noticia, el medio de comunicación que se use o la persona con la que conversemos, el uso de la metáfora está generalizado. La pregunta es: ¿por qué?, ¿por qué usamos este tipo de expresiones para hablar de nuestra vida cotidiana? Y, lo que es más, ¿importa en algo el tipo de metáfora que utilicemos?, ¿da lo mismo decir que vamos a combatir el virus o que entre todos vamos a pararlo? Este artículo ofrece algunas claves a estas preguntas. El objetivo final será mostrar no solo el poder de la metáfora en la cognición y en la comunicación sino también cómo manejarla.

Lo primero es tener claro qué es una metáfora. A veces cuando oímos hablar de metáforas, casi de forma automática, se suele pensar en la literatura, en la poesía… palabras complicadas que usan los poetas, grandes ‘manejadores’ del lenguaje, para contar de forma artística lo que, los que no tenemos el don de la palabra, intentamos comunicar. Pero la metáfora va más allá de las palabras, es puro pensamiento. Ideas que, gracias a nuestro conocimiento del mundo, no solo podemos relacionar entre sí sino también interpretar de forma adecuada y manipular para apelar a los sentimientos del que nos escucha.

Generalmente, lo que sucede cuando se emplea una metáfora es que los hablantes ponemos en relación dos conceptos que aparentemente no tienen nada que ver entre sí, pero que sentimos que comparten algunas características, a veces físicas (la estructura familiar basada en las raíces y las ramas de un árbol), a veces funcionales (la medición de la potencia de un coche según el número de caballos). Sin embargo, hay otros parecidos más complejos cognitivamente, ya que no se ven directamente, se perciben. Por ejemplo, cuando nos enfadamos, nos damos cuenta de que la sangre, primero, nos empieza a hervir, luego pasamos a echar humo y si no logramos solucionarlo al final, explotamos. Claro está, nuestro cuerpo ni hierve ni echa humo ni explota; no existe ningún tipo de parecido ni físico ni funcional; son parecidos percibidos.

Lo mismo ocurre con las metáforas del coronavirus… ¿Cómo es posible que hayamos estado en lucha, con picos de contagios y en distintas fases de desescalada? ¿Acaso hemos estado en guerra o escalando montañas? No, lo que ocurre es que estamos utilizando metáforas conceptuales. Establecemos correspondencias conceptuales entre dos dominios de conocimiento basándonos en nuestra propia experiencia corporal, es decir, en cómo funciona nuestro cuerpo y en cómo interactuamos con el mundo exterior.

Ahora bien, no es tan sencillo… Para que una metáfora funcione tiene que cumplir unos requisitos. Uno es que esté basada en estructuras de conocimiento que los hablantes compartan y entiendan sin necesidad de ser especialistas en la materia. No hay que olvidar que las metáforas están motivadas por nuestras experiencias con el mundo exterior, pero siempre van a estar incardinadas y enmarcadas en un contexto socio-cultural específico. Por ejemplo, al principio de la pandemia uno de los mensajes que se quería hacer llegar a la ciudadanía era la necesidad del esfuerzo colectivo para evitar que se propagara el virus; la idea de que todos los ciudadanos individualmente teníamos que colaborar, aunque supusiera un sacrificio, por un fin común. Si se hubiera explicado este esfuerzo colectivo usando una analogía con, por ejemplo, la del trabajo que llevan a cabo los científicos del CERN para lograr una fusión nuclear, posiblemente no se hubiera entendido, porque la mayoría de los hablantes no estamos familiarizados con el trabajo que realizan. Si, por el contrario, se utiliza una analogía con las tareas que realiza un marinero, como en la campaña de Pescanova, o con el funcionamiento de un equipo de fútbol como en las de la Asociación del Fútbol Argentino y 2, entonces la metáfora sí funciona. En este último caso, por ejemplo, independientemente de lo forofo que uno sea, todos más o menos sabemos que el ganar un campeonato de fútbol puede depender de un resultado numérico, pero que ese resultado solo se consigue partido a partido, gracias al trabajo de todos (jugadores, entrenadores, preparadores físicos, hinchas…).

Este conocimiento a veces puede ser casi universal, como el saber lo que supone un equipo de fútbol o la vida en alta mar, pero no debemos de olvidar que las correspondencias entre los dominios siempre son parciales, es decir, se da prominencia a algunas características y se dejan en segundo plano otras, y siempre van a estar sujetas a unas restricciones tanto socioculturales como contextuales. Un ejemplo ilustrativo es la figura del héroe que primero se utilizó para referirse al personal sanitario y después se extendió a otros colectivos; se han visto héroes de todo tipo: ‘héroes de guerra’ que sacrifican su vida por una causa mayor, ‘superhéroes’ al estilo de Superman que cuentan con poderes extraordinarios, ‘antihéroes’ como Don Quijote que no realizan heroicidades, porque su fuerza reside en la firme creencia de sus ideales, y ‘héroes locales’ como San Jorge que luchan contra monstruos singulares. Aunque el concepto parezca el mismo, no lo es. Cada tipo de héroe selecciona un rasgo: de los superhéroes americanos tomamos sus características sobrenaturales como en la iniciativa de Wash comics, y de Don Quijote, su empático y humano empeño en causas nobles, como en la campaña de Telefónica, pero no nos importa si vienen del planeta Krypton o si deambulan por La Mancha. Y, a veces, ese rasgo es cultural, como en Don Quijote o San Jorge. Sin saber que el 23 de abril se celebra tanto San Jorge, patrón de lugares como Aragón, como el Día del Libro, no se entenderían eslóganes como «Este año todos somos San Jorge luchando contra el virus» en fachadas de hospitales promovidos por asociaciones de libreros o imágenes en las que se ve a San Jorge rodeado de libros luchando contra el dragón covid-19.

Estas características ponen de manifiesto otro aspecto crucial de la metáfora: no son neutras. Son ventanas abiertas a nuestro pensamiento. No solo desvelan lo que pensamos, cuál es nuestra ‘postura’ ante una situación, sino que además desencadenan toda una serie de emociones y reacciones diferentes según quién las use, cuándo, dónde y para qué. Por ejemplo, se ha discutido mucho sobre si el uso de las metáforas bélicas es adecuado o no para referirse al coronavirus. En realidad este tipo de metáforas son muy eficaces para evocar sentimientos de unidad ante la adversidad, para motivar acciones contra amenazas comunes. Es decir, son perfectas para iniciar la lucha contra el enemigo invisible del covid-19 pero, ¡cuidado!, hay que ser conscientes de que no se puede abusar de ellas. Se sabe (8) que pierden su efectividad si se utilizan de manera prolongada, ya que estar en guerra requiere esfuerzo tanto mental como físico, lo que lleva a un inevitable desgaste; pueden causar frustración, si no se logra domar al enemigo y el aumento de bajas es constante; y pueden provocar sentimientos de culpa, de no haber hecho suficiente si, a pesar de todo, se pierde la batalla.

Tampoco hay que olvidar que la reacción emocional ante una metáfora depende de quién la emplee y a quién sea dirigida. Una expresión como todos somos soldados provoca diferentes sentimientos si la dice tu vecino del quinto a la hora de los aplausos de las ocho de la tarde, un portavoz del mando militar con uniforme reglamentario en una rueda de prensa o el presidente Trump, a modo de Tío Sam, señalándote, además, con el dedo y llamándote a filas. Al igual que se interpretará distinto si se dice ante una sociedad probélica, en un territorio que acaba de salir de un conflicto bélico o en un entorno pacifista. Por eso, es conveniente, como propone la iniciativa #ReframeCovid9, diversificar el tipo de metáforas para ‘reenmarcar’ aspectos diversos. Por ejemplo, a falta de héroes, mártires o soldados se puede hablar de orquestas donde los directores dirigen tanto a los solistas como a los demás músicos. En lugar de estar luchando en un combate, se pueden estar construyendo barreras para conservar la salud. Y, en vez de estar confinados o apresados podemos estar a salvo en casa contribuyendo a frenar la curva.

Pero aún hay más… según la metáfora que se escoja, se puede ‘manipular’ la respuesta del otro. El ‘condicionamiento’ de respuestas viene provocado por el tipo de información que se proporciona. Es conocido el caso de un estudio10 donde se preguntaba a hablantes americanos cómo se podían atajar los problemas de criminalidad de una ciudad inventada. Las soluciones variaban según cómo se les había presentado la criminalidad, como un virus o como una bestia monstruosa. Los del virus propusieron investigar la raíz del problema, y como solución, la prevención en el origen por medio de acciones socioeducativas. Los de la bestia, en cambio, preferían eliminar el problema y poner castigos duros a los que cometían los crímenes. Dos respuestas muy diferentes, ¿no? Y es que, como ya se ha dicho, según las metáforas que utilicemos se provoca una respuesta diferente.

Así que, ya sabes… la próxima vez que uses una metáfora, piensa en que no es tan inofensiva como parece… Es una herramienta para construir nuestro pensamiento y es un arma para influir a otros a tener tus pensamientos… Y tú, ¿con cuál te quedas?

Notas

1. «No perdamos la frescura» https://youtu.be/KPqfMFaQ6Qs
2. «Nadie sale campeón solo» [https://youtu.be/ap4ro-UDi_g] «aguantá la pelota» [https://youtu.be/l4Y_at3yMf4]
3. https://www.thedrum.com/news/2020/04/09/burger-king-commands-burger-fans-stay-home-the-whopper
4. https://twitter.com/WashComics
5. https://elpais.com/sociedad/2020/05/07/actualidad/1588845822_512062.html?fbclid=IwAR1YdjKybEoqzFesIOtcVtc9Zm_kQk6s_VwzOJuDfEfBMWp2u_sLYW4KTQc.
6. https://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza/2020/04/23/libros-gratis-para-los-sanitarios-y-una-lona-conmemorativa-para-celebrar-san-jorge-en-el-miguel-servet-1371197.html
7. https://www.lavozdelsur.es/un-dia-del-libro-a-puerta-cerrada/.
8. Flusberg, S. J., T. Matlock y P. H. Thibodeau. 2018. War metaphors in public discourse. Metaphor and Symbol 33(1): 1-18.

Este artículo de Iraide Ibarretxe-Antuñano es uno de los contenidos del número 8 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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