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Cristian Olivé

17 May 2021
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Firmas

El amor tóxico a través de WhatsApp no es digital, es real

Si es que no es culpa nuestra. Nos han vendido una visión del amor a lo largo de los años que dista demasiado de lo que debería ser en realidad. Los adolescentes, por ejemplo, suelen fijarse en modelos de relaciones poco saludables porque se han acostumbrado a verlos en la cultura pop. Las canciones que hablan de amor suelen presentarlo con posesión y dependencia. Sucede igual con las series y películas con protagonistas jóvenes, que perpetúan un tipo de amor basado en estereotipos y roles insatisfactorios. El paradigma que muestran los programas de televisión sobre citas y relaciones sentimentales también tiene mucho de sufrimiento y toxicidad. Y por supuesto el amor convulso también copa las páginas más leídas de la literatura.

Esta misma semana, estudiantes de segundo de secundaria me confesaban haberse leído al completo y sin pestañear la saga literaria After de Anna Todd. Vale, sí, también había quien había optado por la versión cinematográfica. El argumento es cuanto menos sugerente: el chico malote y la chica normal se enamoran hasta las últimas consecuencias. El problema viene cuando la protagonista descubre que todo empezó por una apuesta. Él y sus amigos se habían retado para ver quién sería capaz de robarle la virginidad. Y después de todo, el macarra acaba enamorándose. Así de simple. Lo peor de todo es que les venden la novela como si fuera una historia romántica.

Mucho decir y mucho ponerse bien puestos, pero los adultos también caemos rendidos a estas tramas sórdidas de amor desesperado y desigual. Nos sale la vena fácil de criticar los gustos juveniles, pero desde hace siglos venimos consumiendo un ideal amoroso alejado de lo que debería ser lo ideal. Sin duda, al leer Rayuela de Julio Cortázar, podemos escoger quedarnos con la capa de amor real y sincero con afirmaciones como «Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. […] Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio», o podemos concluir que lo que se describe en la novela tiene todos los ingredientes de amor insano cargado de celos, de posesión y de control. Quizá todavía nos falte desprendernos de la concepción amorosa a partir de Romeo y Julieta. No digo que en la literatura no funcione, pero en el día a día deberíamos pensárnoslo dos veces.

Al final, como todo en la vida, está en nuestras manos ser o no críticos. Por ello, con los alumnos no escojo jamás la prohibición, sino la reflexión. Al leer novelas de amor, escuchar canciones, ver series, películas o lo que sea, les pregunto si se dejan entretener y a la vez son críticos o si simplemente se entretienen sin plantearse todo lo demás. Los adultos también deberíamos cuestionárnoslo todo más a menudo. Desterremos de una vez expresiones como quien bien te quiere te hará llorar o los celos son síntoma de amor verdadero. Pues mira, no. Quien te quiere te hará reír y los celos son solo una muestra de inseguridad y desconfianza. Y punto.

Ya sea por WhatsApp, por correo, por mensajes directos de Instagram o por Tinder, en la sociedad actual tanto jóvenes como adultos nos comunicamos cada vez más por escrito. Y no pasa nada si se hace del modo más saludable. La comunicación escrita va por libre porque falta la parte física y verbal y, por tanto, lo pragmático suele anteponerse a lo semántico. Una mala interpretación de un mensaje puede suponer una discusión en el peor momento.

No todo es negativo, claro. Un ¿Cómo va la mañana? a través de WhatsApp puede enriquecer una relación, pero lo cierto es que a menudo se perciben actitudes y comportamientos negativos que se han trasladado de lo real a lo digital. La violencia en una pareja puede ser física y psicológica. La segunda no deja marcas a la vista, pero consigue hacer mella en la autoestima de quien la sufre.

La psicóloga María Esclapez publicó en redes sociales unas radiografías de conversaciones de WhatsApp entre una pareja. En los mensajes, se intuía control, obsesión, manipulación, sentimiento de culpa y mucho victimismo. Pasa más de lo que nos imaginamos y por ello vale la pena analizarlo y rechazarlo a tiempo.

Por ejemplo, tras una discusión salvaje, cuidado con el No te merezco. Puede que tras la pátina de autocrítica, llegue la manipulación. O el Perdóname. Te quiero más que a nada puede envolver una obsesión y un sentimiento posesivo más que un amor de verdad. Las
respuestas cortas también tienen una clara intención victimista y tergiversadora. Por ejemplo, Vale. En fin. Yo paso. Sí, claro o el clásico como quieras esconden más rabia que rendición.

Por no hablar del emoji del dedo pulgar en alto (). Aunque signifique de acuerdo, puede que nos estén dando la razón como a los locos. O el famoso punto y final. Es importante leer entre líneas: un vale. siempre es más brusco que un vale sin punto. Aunque muchos lo hagan por normativa, otros tantos lo sueltan para zanjar una conversación y para mostrar su enfado.

También puede haber acoso en un mensaje escrito. Estás en línea y no me dices nada o bien Mándame una foto para saber cómo estás. A ver, estar en línea no significa necesariamente querer responder. ¿Hola? ¿Hey? ¿Hola? ¿Hola? ¿Estás ahí? Claramente, el no obtener respuesta aumenta la inseguridad y en consecuencia el control por parte de la otra persona. Dejar en visto tiene infinidad de lecturas: desde un desprecio buscado a una necesidad de distancia. Exigir una foto también tiene demasiadas interpretaciones. No suele ser para saber cómo estás, sino para saber dónde estás y, sobre todo, con quién. Digámoslo claro.

Ojo con el Me tenías preocupado ante la ausencia de respuesta. No es inquietud; vuelve a ser control y posesión. Las interrogaciones breves y seguidas también muestran un victimismo con la clara intención de infligir sentimiento de culpa. ¿Yo celoso? ¿En serio? ¿Celos? Sí, son celos y posesión. Y basta ya.

 

Este artículo de Cristian Olivé es uno de los contenidos del número 10 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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