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David Serrano-Dolader

03 Nov 2022
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¡No, no y no!: des-obedecer, im-posible, a-moral

Si le pregunto a usted cómo se niega en español, me arriesgo a que me conteste airado: «No es una pregunta difícil: con NO». Pues sí, pero… ¡NO! Por lo menos, NO en el caprichoso mundo de los prefijos.

Los denominados prefijos negativos parecen unidos por un significado básico y transparente (‘negación’), pero resulta curioso que, a pesar de ello, sean muchos los afijos que codifican tal valor: IN-creíble, A-moral, DES-obedecer, NO violencia, ANTI-sistema, CONTRA-productivo, EX-ministro, EXTRA-parlamentario… Y otros que quizás también pueden transparentar matices semejantes: PARA-estatal, PSEUDO-científico, CRIPTO-fascista o SIN-corbatismo.

Segunda pregunta que le planteo: ¿Y por qué cree usted que se da esta diversificación si, al fin y al cabo, se trata simplemente de negar —de una u otra forma— en todos estos casos? Ahora, menos airado ya, tal vez me responda usted: «Bueno, es que…, es que… ¿me lo explica?». Vamos a ello.

En realidad, aunque por comodidad terminológica hablamos de prefijación negativa, en español las variaciones significativas que se esconden tras este tipo de prefijación son múltiples: van desde la «negación» propiamente dicha a la «privación», pasando por la «oposición», «exclusión», «contrariedad» o «separación». ¡Y tenemos dos problemas! Primero, que cada significado puede estar representado por varios de esos prefijos; por ejemplo, la relación de «negación de la base» está marcada por prefijos como in- (inmaduro), des- (desconocer) o no- (no-conocido). Segundo (la otra cara de la moneda), que un único prefijo puede manifestar varias relaciones de significado; por ejemplo, el prefijo des- puede indicar diversos valores negativos: «negación de la base» (descontento), «privación» (deshonor) o «reversibilidad» (desatar).

Así las cosas, parece difícil de explicar caso a caso el porqué de la selección de un determinado prefijo negativo para conformar una determinada palabra. Cierta tendencia caprichosa puede haber pero, como casi siempre en la lengua, existen restricciones que ayudarán a comprender su funcionamiento. En el caso de la prefijación negativa, la categoría de la base constituye una propiedad más relevante que en otras clases de prefijos, ya que los prefijos negativos de parejo significado se suelen distribuir atendiendo a ella (o sea, que para poder aplicar uno u otro prefijo, es muy importante si la base es un sustantivo, un adjetivo o un verbo). Incluso dentro de una determinada clase de palabras, un prefijo puede seleccionar algunos subtipos de bases y rechazar otros. Por ejemplo, el prefijo in– sí puede adjuntarse a bases adjetivas (intolerable, imperdonable, ilegal), pero con diversas restricciones: suele rechazar como base los adjetivos que en las oraciones copulativas se combinan con estar, y no con ser (*imborracho, *indescalzo, *inseco); de la misma manera que tampoco es habitual obtener derivados en in- a partir de adjetivos en usos de significado relacional (*ineconómico, *impaterno). El tema daría para una tesis, pero mi espacio en Archiletras no da ni para minitesina.

Y ahora me toca preguntarle de nuevo: ¿por qué le suena rara una formación como *deslimpiar? Como a estas alturas del artículo, usted ya va camino de convertirse en un morfólogo de reconocido prestigio (o casi), es evidente que conoce una posible respuesta de «sentido común». Este caso ilustra la no operatividad de ciertas formaciones prefijadas teóricamente posibles en español pero no utilizadas en virtud de la existencia previa de otras palabras que ya formalizan parejos significados (el conocido fenómeno del bloqueo): no existe *deslimpiar porque ya existe ensuciar; y lo mismo es aplicable a pares del tipo *desllenar – vaciar, *desampliar – reducir, *desalegrar – entristecer. ¿A que ya va gustándole esto de la formación de palabras y siente que su autoestima intelectual sube como la espuma?

No obstante, las sutilidades ocultas (y de difícil aclaración) siguen vivas. Fíjese, por ejemplo, en que el neoprefijo NO no siempre es intercambiable con otros prefijos negativos. Coteje estas dos frases: Cada vez se producen más infartos no mortales entre la población joven / La literatura es inmortal. ¿Por qué ocurre esto? Como me decía un sabio profesor durante mis años en la Universidad de Zúrich: «Lean, lean libros sobre formación de palabras y… ¡aprenderán casi solos!». ¿Autoestima intelectual bajada?
Los problemas a la hora de analizar los prefijos negativos son, en ocasiones, fáciles de afrontar: si hemos de explicar por qué el prefijo IN- ofrece tres variantes alomórficas (IM-posible, I-lógico, IN-discutible), no tendremos dificultad alguna en comprender las pautas morfofonológicas que explican ese comportamiento (dependiendo del sonido por el que comienza la palabra a la que se aplica el prefijo).

Otros problemas son de gran enjundia para los sesudos morfólogos del mundo mundial. Fíjese en estos casos: campaña antitabaco, pactos antitabaco, propuesta antisindicatos, partido antisindicatos, rebelión anti bajada de salarios… ¿Es anti- en todos ellos un prefijo, una preposición o ni una cosa ni otra? Y, ¿la «palabra» resultante de esa prefijación es un sustantivo o es un adjetivo? Por desgracia (o por suerte) para ustedes, eso no puede explicarse aquí y ahora en medio telediario.

Penúltima reflexión. No es el campo de la prefijación negativa el más rico en presentar variaciones entre el español peninsular y el de Hispanoamérica pero… curiosidades, haylas. A partir de analfabeto (‘que no sabe leer ni escribir’) —con an- como prefijo negativo—, se ha creado de forma regresiva el adjetivo alfabeto/alfabeta (‘que sabe leer y escribir’), que es común en ciertos países americanos, especialmente en las áreas caribeña y rioplatense: mujer alfabeta, minorías alfabetas.

Y cierre. Si quiere usted saber qué pueden significar neopalabros lúdicos como antiparaguas, descañón, antitormenta, insombrero o desnavaja, lea la famosa Gramática de la fantasía (Gianni Rodari). ¡Le gustará! Y si quiere ver cómo un uruguayo universal (Mario Benedetti) juega con falsos prefijos negativos, oiga al propio autor leer su cuentecillo «Todo lo contrario» (https://www.youtube.com/watch?v=E77iVuZNvWs). Así sabrá cómo y por qué alguien dijo lo que dijo: «Aquel dividuo memorizó sus cógnitas, se sintió dulgente pero dómito, hizo ventario de las famias con que tanto lo habían cordiado, y aunque se resignó a mantenerse cólume, así y todo en las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la flación y su cremento».

 

Este artículo de David Serrano-Dolader es uno de los contenidos del número 15 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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