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Rafael Reig

22 Oct 2019
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Firmas

Tribunal literario: Las tribulaciones del nivolista

Antecedentes de hecho

Bruma

Enrique Vila-Matas ha publicado una obra, Esta bruma insensata, por la que ha sido acusado de lesa novelística y maquinación para alterar los valores literarios. La fiscalía argumenta que la obra lesiona la salud pública literaria por cuanto pone en circulación una novela que no es tal, alegando que la trama es inerte o bien de tebeo, los personajes de cartón piedra y el desenlace chiripitifláutico; extremos que se consideran probados tras el examen pericial. En efecto: tras veinte años sin verse, dos hermanos catalanes que (vaya usted a saber por qué) se apellidan Schneider acuerdan encontrarse en Barcelona unos días después de la declaración de independencia catalana que tuvo lugar el 27 de octubre de 2017. Uno de los hermanos, Simon, el narrador, acumula «citas literarias», algunas de las cuales, a cambio de un modesto estipendio, envía al otro hermano, Rainer, novelista de fama mundial, que vive en Nueva York oculto a la manera de Thomas Pynchon. El hermano «artista citador» sufre, el 27 de octubre, un desorden mental o chaladura repentina —o será que él es así— al no recordar el final de una cita, y nos narra su fastidiosa vida diaria en la que visita una ferretería y a un pintor, sufre aprensiones delirantes, siente «fatiga de vivir en mi mente», exhibe una colección de chascarrillos literarios propia de concurso de la tele, evoca a una novia tan inverosímil que se llama Siboney, se traslada en el tiempo y en el espacio, recuerda a su hermano y acumula citas con la misma terquedad que si escribiera padrenuestros en lentejas. Tras más de doscientas páginas, los hermanos se encuentran en un hotel de Barcelona y el escritor de fama mundial le anuncia su plan: escribir «una autoficción» en la que la voz de su hermano narre esos días previos a la cita, es decir, lo mismo que ya ha padecido quien hasta este punto haya perseverado en la lectura. De resultas de la ingesta de licores o de su propia condición de genio literario imprevisible, Rainer tira un par de veces las gafas a una maceta, le revela a su hermano que ha sido él quien ha escrito una novela de Pynchon y filosofa sobre la literatura, hasta que se retira a su habitación a por «una gragea» y desaparece para siempre. Fin de la historia.

Antecedentes de derecho

La ley protege la libertad de todo pendolista para escribir lo que le dé la gana, siempre que no lo haga pasar por lo que no es, llevado por el ánimo de lucro o de vanagloria. En el caso del acusado, ya desde el título, se advierte al lector que va a encontrarse, no con una novela, sino con una unamuniana nivola, hecha de niebla necia o bruma insensata; y en el propio libro se rechaza «la impostura de escribir» y el carácter «artificial, planeado» de la novela, en favor de «la prosa sin aditivos», por lo que el lector actúa a su riesgo y no se aprecia fraude, menos aún teniendo en cuenta los antecedentes del reo. En cuanto a la citas y nombres de autores, sí pueden ser calificadas de maquinación, toda vez que con ellas se construye un pensamiento por alusiones, que siendo hueco, pretende con grandilocuencia el espesor de una idea a la que no hace sino aludir. Los agujeros negros, la energía de ausencia, la paranoia metódica de Pynchon, la denuncia de la escritura, la sensación de que «nada del mundo estaba acabado» son cosas que suenan bien, pero, lejos de alcanzar el mínimo desarrollo intelectual, son presentadas como baratijas brillantes ante las que el lector cándido debe rendirse boquiabierto. Lo mismo sucede con la declaración catalana de independencia, mencionada para facilitar un simulacro de reflexión sobre el hecho de que al mismo tiempo declare la independencia y no la declare.

Enrique Vilas

Disposiciones

Se encuentra al Sr. Vila-Matas no culpable del delito de lesa novelística. Se le declara en cambio culpable del delito de maquinación para alterar los valores literarios con su diluvio de citas y nombres de autores, haciéndolo pasar por ideas tan pomposas como vacías, y por ello se le condena a la pena de no volver a utilizar, durante dos años, el color negro en ninguna de sus prendas de vestir, con la accesoria de lucir en al menos una entrevista al mes uno de los siguientes artículos a su elección (pudiendo también ponérselos todos a la vez si así lo desea): camisa hawaiana, camiseta interior estilo imperio o sandalias franciscanas de tiras de cuero con calcetines blancos.

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