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Zanya Escolar

19 Mar 2021
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Malditas palabras

El pianista y musicólogo italiano Luca Chiantore, referente internacional en el estudio de la historia de la interpretación, invita al lector (músico o no) a reflexionar en Malditas palabras sobre el uso del lenguaje y la fragilidad de algunos términos al hablar de música.

Autor de imprescindibles textos académicos en la investigación musical actual (Historia de la técnica pianística, 2001; Beethoven al piano, 2010 (2ª ed.: 2020); Tone Moves, 2019), Chiantore se aleja en este audaz ensayo de su formato habitual para destripar diez palabras «malditas»: inspiración, talento, genio, esencia, musicalidad, clasicismo, estilo, sentimiento, creatividad y versión. Palabras que señalan conceptos difusos, incluso contradictorios, y que a menudo nos convierten en portavoces de ideas que tal vez no compartimos, como la superioridad de una música (la «clásica» europea, la «culta») sobre otra (la «popular») o la idolatría por el don innato frente a la cultura del esfuerzo, tan imprescindible en las carreras artísticas.

Empiezan siendo diez, pero surgen muchas otras (folklore, música popular, carácter, expresividad) que bien podrían conformar una segunda parte. En los capítulos finales el autor cede el protagonismo a términos quizá más dirigidos al lector músico y teoriza sobre ellos de forma contundente: el concepto de «música clásica» (y por qué mejor «clásica» que «culta», «erudita» o «académica»), el ámbito de esa música clásica (las fronteras y códigos que compartimos quienes nos dedicamos a ella) y las a menudo enrevesadas «escuelas interpretativas».

‘Malditas palabras’, Luca Chiantore. Musikeon Books. Barcelona, 2021.

Malditas palabras es una invitación a un debate colectivo de plena actualidad. Y así lo reconoce el propio Chiantore: «Yo mismo he usado los términos que aquí pongo en discusión –uno a uno y en tiempos no tan lejanos– de la misma forma que aquí tanto critico. Y mucho me extrañaría si en unos cuantos años yo me reconociera plenamente en lo que aquí afirmo». Intentemos, pues, sumarnos a esta reflexión y repensar cómo hablamos de música y cómo lo perciben quienes nos escuchan: qué entienden el oyente, el lector, el alumno cuando les hablamos de «estilo clásico», de que Mozart era un genio, de estar (o no) inspirado, de tener (o no, y para qué) talento, de tocar con musicalidad o de ser expresivo. Entendernos entre nosotros para hacernos entender. Porque el público necesita, cada vez más, de las palabras. «Palabras que den sentido a su experiencia y le ayuden a convertir la escucha en algo único».

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