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07 Oct 2019
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Por las dudas

Un toque de atención sobre desviaciones normativas, cambios lingüísticos, expresiones de moda y nuestra capacidad de acogida de palabras procedentes de otras lenguas.

Mª Ángeles Sastre

Profesora de Lengua Española en la Universidad de Valladolid. Me llama la atención cómo habla la gente, cómo escribe, cómo dice sin decir, cómo maquilla lo que dice, cómo transgrede con el lenguaje, cómo nos dejamos engañar por los políticos. Leo la letra pequeña en la publicidad y los periódicos de pe a pa. Y encuentro de todo.

Otras varas de medir

La necesidad de pesar y medir surgió como consecuencia de la vida en sociedad y de los intercambios comerciales. Parece claro que antiguamente todas las civilizaciones disponían para cuantificar de un sistema más o menos organizado de pesas y medidas con diferentes grados de complejidad en cada caso.

Una forma de acercarnos al ser humano es conocer los patrones de medida que este ha usado para contar. En un principio, las medidas estaban basadas en cosas familiares, por eso se usaron para medir las partes del cuerpo. Dado que no hay dos personas iguales, las mediciones no resultaban exactas siempre y fomentaba el uso de diferentes medidas, lo que dificultaba el acuerdo sobre las cantidades con las que se comerciaba. Para el comercio, la ciencia y el vivir diario era necesario un sistema de medición fiable y que fuera igual para todo el mundo.

Como unidades de longitud, los egipcios usaron el codo para medir la distancia que media desde el codo a la parte extrema de la mano (aproximadamente 42 centímetros), extremidad esta que para unos estaba en el extremo del dedo corazón y para otros en el extremo del dedo anular; dos codos equivalían a un brazo (la distancia desde el dedo anular al centro del pecho); la tercera parte del codo era el palmo; la cuarta parte, el dedo; y la distancia entre los dos dedos anulares con los brazos extendidos, la braza. Los griegos usaron como unidades de referencia el pie y los dedos; dos pies y medio aproximadamente constituían un paso; cien pasos, un estadio. Los romanos tomaron como referencia el pie (aproximadamente 29 centímetros), cuyo modelo oficial era el pes monetalis; el paso mayor equivalía a cinco pies; y el paso menor a dos pies y medio; mil pasos constituían una milla.

También las medidas de capacidad se relacionaron con el cuerpo humano. En un primer momento, el puñado, que hoy mide la cantidad que se puede contener en el puño, equivalía a la cantidad que cabía en las dos manos juntas. Posteriormente la medición de la capacidad se dejó en manos de recipientes prototípicos de una determinada medida. En los diccionarios encontramos una acepción con el significado aproximado de ‘cantidad que cabe en’ o de ‘líquido que cabe en’ en palabras como jarro, jarra, cántaro, cántara, botella, tinaja, cesta, cesto, vaso, copa o cuba. Todavía hoy se usa en Cantabria el zapito, un vaso de madera que sirve de medida de las avellanas que se venden en las romerías.

A pesar de que la adopción del sistema métrico en el siglo XVIII hizo que cayeran en desuso las unidades de medida anteriores, aún hoy se conservan muchos términos que se basan en la longitud de diferentes partes del cuerpo humano, en la distancia recorrida en número de pasos o, de manera arbitraria, en la longitud de un determinado objeto.

En lo referente a las partes del cuerpo, la longitud de los brazos extendidos es una luria, término no registrado en el diccionario académico. El espacio entre los pies con las piernas extendidas es una zancada, acepción que tampoco registra el diccionario. La distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado el uno del otro todo lo posible, es un jeme, jemo u horco’. Un palmo (o cuarta) es la distancia que va desde el extremo del dedo pulgar hasta el del meñique con la mano abierta. El palmo menor es el ancho que dan unidos el índice, el corazón, el anular y el meñique juntos. El coto equivale a medio palmo y el dedo a la duodécima parte del palmo. El estado equivalía a la estatura regular del hombre y se usaba para apreciar alturas o profundidades; solía calcularse en siete pies. El talle es la medida tomada para un vestido o traje, comprendida desde el cuello a la cintura, tanto por delante como por detrás. El tiro hace referencia tanto a la anchura del vestido, de hombro a hombro, por la parte del pecho, como a la distancia desde la unión de las perneras de un pantalón hasta la cintura.

La cantidad de leña, palos, mies, hierba, etcétera. que se puede abarcar y llevar de una vez con los brazos es un brazado, una brazada o una barcina. Si la brazada es de leña para quemar, un tajón. La porción de una masa pastosa que se puede sostener con la mano es una pellada. Un buche es la poción de líquido que cabe en la boca.

Un manojo es lo que se abarca con las dos manos, y la porción de cosa suelta que cabe en ambas manos juntas y puestas en forma cóncava recibe distintas denominaciones, todas ellas documentadas, según las zonas: ambuesta, ambueza, almorzada, almostada, almuenza, almuerza, almuestre, almuezada, almuerzada, almurciada, ambruciada, amburciada, mostada y empuesta.