PATROCINADORES
INSTITUCIONES
Junta castilla
jcm

Archiletras

27 Jun 2019
Compartir

Por las dudas

Un toque de atención sobre desviaciones normativas, cambios lingüísticos, expresiones de moda y nuestra capacidad de acogida de palabras procedentes de otras lenguas.

Mª Ángeles Sastre

Profesora de Lengua Española en la Universidad de Valladolid. Me llama la atención cómo habla la gente, cómo escribe, cómo dice sin decir, cómo maquilla lo que dice, cómo transgrede con el lenguaje, cómo nos dejamos engañar por los políticos. Leo la letra pequeña en la publicidad y los periódicos de pe a pa. Y encuentro de todo.

¿Conversación en la catedral?: un asunto peliagudo

Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa, se publicó en 1969. El título de la novela me servirá para hablar de un uso muy concreto de la mayúscula inicial: el de los nombres de establecimientos comerciales, culturales y recreativos.

¿Y qué tiene que ver el título de la novela con las mayúsculas y minúsculas? Sin ánimo de destriparles o de reventarles la novela a quienes no la hayan leído (aunque ahora se dice más hacer spoiler, sobre todo para hacer referencia a contar el final), la ‘conversación’ no tiene lugar en ninguna iglesia principal de ninguna diócesis ni en ninguna sede arzobispal sino en un barucho conocido como La Catedral, en alusión a la altura de su techo y a la forma de portón de iglesia que tenía su entrada. Por eso en el título el nombre del establecimiento aparece escrito con mayúscula inicial. Si, pongamos por caso, la ‘conversación’ se desarrollara en una catedral, el uso de mayúscula inicial no estaría justificado.

En la última ortografía académica (2010) leemos que «además de la primera, se escriben con mayúscula inicial todas las palabras significativas que forman parte del nombre de establecimientos comerciales, culturales o recreativos, como bares, restaurantes, cafeterías, hoteles, cines, teatros, etcétera» (Ortografía de la lengua española, § 4.2.4.7.5). Sirvan como ejemplos El Corte Inglés (grandes almacenes), El Pájaro Amarillo (chiringuito playero), La Buena Moza (restaurante), La Española Cuando Besa (bar de copas), El Buen Yantar (restaurante), La Casa de las Brujas (hotel), En la Espero te Esquina (bar), El Dedal de Castilla (cosetodo), Contigo Pan y Cebolla (restaurante), El Alboroque (restaurante), Como en Casa (comida preparada), etcétera.

Como acaban de comprobar, el nombre de un establecimiento puede estar constituido tanto por una expresión nominal (el modelo más tradicional) como por una estructura oracional o preposicional (un modelo más reciente y de gran productividad en los últimos tiempos). Se salvan de aparecer con mayúscula inicial los artículos, las preposiciones sin carga significativa y las conjunciones coordinantes siempre que vayan en posición interior. El resto de los elementos significativos de la expresión denominativa se escriben con mayúscula inicial.

Pero hay que añadir un detalle, en mi opinión peliagudo: ¿qué ocurre cuando el nombre del establecimiento incluye el sustantivo común genérico en su denominación? Pienso en Teatro Real, Teatro Apolo, Hotel Palace, Gran Hotel Puente Colgante, Marisquería Paco o Bar Carmi. La solución no está tan clara porque no siempre conocemos cómo ha sido oficialmente registrado el establecimiento, es decir, no sabemos si el genérico forma parte o no de la denominación. Podría ayudar el letrero, pero no siempre es de fiar. Por eso la RAE, en la Ortografía de la lengua española, ofrece como pauta general escribir el genérico en minúscula cuando consideramos que cumple un papel meramente clasificador y con mayúscula inicial cuando lo consideramos como parte integrante de la denominación. A tenor de estas pautas, me inclino por escribir Teatro Real, teatro Apolo, hotel Palace, Gran Hotel Puente Colgante, Marisquería Paco y Bar Carmi, aunque me asaltan las dudas en los dos últimos ejemplos porque desconozco la denominación que consta en el registro oficial de estos establecimientos. Pero seguro que ustedes, aplicando las mismas pautas, no llegan a la misma conclusión. Les advertí de que era un asunto peliagudo.