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07 Ene 2020
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Por la boca muere el malo

Detrás de cada palabra hay un rastro lingüístico que puede delatarte

Sheila Queralt

Perito en lingüística forense. Con mis análisis científicos de la lengua contribuyo a cazar delincuentes.

Las reuniones familiares, ¡peor que un juicio en Sala!

Estos días estuvieron llenos de reuniones familiares y de cenas de Navidad con compañeros, comidas copiosas y largas sobremesas que cada uno lleva como mejor puede.

La verdad es que suelo disfrutar mucho en estas cenas, y no solo por el jolgorio (que también), sino porque me gusta escuchar los cambios lingüísticos que se producen en los más pequeños de la mesa a medida que se van haciendo mayores (cambios en su frecuencia fundamental que indican precisamente que ya no son tan pequeños), los vocablos que usa la generación Z (que no tienen siempre el mejor mood para aguantar a los boomers) y también (cómo no) las patologías del lenguaje que empiezan a desarrollar las más queridas y sabias de la casa con el deterioro paulatino e inevitable (el uso cada vez más abundante de circunloquios y parafasias), sin olvidar a esos cuñados que, a medida que avanza la noche y se van vaciando las botellas, van farfullando más y más al intentar pronunciar Pamplona con la boca llena de polvorones y mantecados.

Y, después de todos ellos, también está el típico invitado al que le han dicho que eres lingüista forense y suele reaccionar de una de estas dos formas. O no abre la boca porque cree que eres una especie de súper agente que lee mentes, hace perfiles psicológicos y detecta mentiras («Y ya sabes que yo nunca haría nada de eso, de verdad, créeme») o no tenía ni idea de que eso existía, pero le encanta la idea y se pasa la noche escribiéndote notitas en las servilletas para que le hagas un perfil psicológico a través de su grafoescritura (la forma de su letra). En ningún caso lleva razón, claro, pero esto último es lo más difícil de parar. Sobre todo, después de que todo el mundo se anime a escribir algo y, con la emoción, ya nadie te oiga cuando intentas explicarles que no, que tú no haces perfiles psicológicos.

Por eso, por favor, si tienes una cena con un lingüista forense, no le pongas a prueba con notitas. Ni hacemos perfiles psicológicos, ni leemos mentes. No somos psicólogos, ni grafólogos, ni expertos en documentoscopia… Del mismo modo que estos profesionales tampoco son lingüistas forenses.