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10 Feb 2020
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Por la boca muere el malo

Detrás de cada palabra hay un rastro lingüístico que puede delatarte

Perito en lingüística forense. Con mis análisis científicos de la lengua contribuyo a cazar delincuentes.

Cuando hay más de uno al teclado

Las consultas que recibo para esclarecer quién es el autor de un anónimo pueden ser de muchos tipos tanto por el tipo de caso, como por el tipo de medio en el que se produce el discurso, como también por el tipo de autoría. Con lo del tipo de autoría me refiero a cuántas cabezas pensantes podría haber detrás de un discurso. Te cuento.

Generalmente, cuando se habla de autoría, se piensa en la autoría ejecutiva, es decir, en la persona que escribe o pronuncia un discurso. En estos casos, la pregunta típica que me suelen hacer es si el asesino fue el que avisó al 112 para avisar de que en tal sitio había un cadáver o si la carta con injurias que ha recibido alguien es de su expareja. 

Pero ¿qué sucede cuando alguien le dice a otra persona lo que tiene que decir o escribir? Ahí se estaría partiendo de un discurso precedente y, por lo tanto, de una autoría precursora. Por ejemplo, en casos de secuestro, los investigadores me preguntan si lo que dice la persona secuestrada en una llamada telefónica lo dice por voluntad propia o se lo ha dicho el secuestrador. Si se lo ha dicho el secuestrador, seguro que habrá dejado algún rastro lingüístico (¿quizá un gentilicio que delate su origen? ¿Una palabra predilecta?) que me permita pillarlo.

Cosa distinta es cuando se sospecha que puede haber más de un individuo que escriba el comunicado de un grupo terrorista o que la cuenta de Twitter perteneciente a un grupo organizado la lleva más de una persona. ¿Cómo sabemos que efectivamente los mensajes los escriben varios autores? ¿Cuántos? ¿En qué grado participa cada autor? ¿Uno escribe y los otros revisan? Te adelanto que responder a estas preguntas no es fácil, pero se consigue con tiempo y material suficiente, aunque es imposible arrojar un porcentaje exacto del grado de colaboración. No cuesta lo mismo identificar los rastros lingüísticos de quien ha añadido varios párrafos al borrador original que los de quien «solo» hace la revisión del texto.

Y, hablando de revisión, también existe la autoría de revisión. A ver, queridos correctores, os aprecio mucho, pero a veces hacéis tan bien vuestro trabajo que me lo ponéis complicado, ¿eh? Tengo que ir discerniendo lo que es del autor original y lo que habéis podido modificar vosotros. Eso sí, os lo digo con mucho cariño, no como un reproche, mis queridos correctores. ¡Y no seré yo quien rechace un buen reto!