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12 Abr 2019
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Ciudad Sintaxis

Usos y análisis del lenguaje urbano a través del espejo retrovisor de mi taxi.

Daniel Díaz

Taxista, escritor y viceversa. Licenciado en charlas casuales y amante discreto del verso suelto.

La fonética del estornudo

Guardo en la grabadora que llevo oculta bajo el asiento de mi taxi decenas de estornudos de usuarios.

Tengo tantos y tan variados que, con la base rítmica apropiada, podrían dar para un par de temas de trap. Escuchándolos de forma independiente y pormenorizada, uno se da cuenta de la cantidad de matices sonoros que esconden. No hay dos estornudos iguales, del mismo modo que no hay dos huellas dactilares iguales.  El sonido que emiten va desde el clásico “aaachisss” y sus variantes (“pchiss”, “achiií”, “chusss” o el glorioso “achuuusssaa” ), hasta una amplia gama de intentos de evitarlo, o interrumpirlo: “iinc”, “ap”, “up”, “ammk”, “uhm”.

A la inversa yo, como buen alérgico al polen, también estornudo con frecuencia (reconozco que tiendo a emitir un leve “ic”). Y algunos usuarios de mi taxi siguen respondiendo a mi estornudo con el clásico «Jesús» (los más), o «salud» (los menos). Lo de “Jesús”, por cierto, viene de los egipcios y los griegos, cuando el estornudo se consideraba una advertencia divina. De hecho, en aquellos tiempos, el estornudo era algo bueno si se producía por la tarde, malo si era por la mañana, y una malísima señal cuando estornudabas nada más levantarte de la cama o de la mesa. Los griegos, de hecho, solían decir después del estornudo: “¡Vivid!, ¡Que Júpiter te conserve!” pero, al tratarse Júpiter de un dios pagano, los cristianos lo cambiaron por el actual “¡Jesús!”. En resumen, se tiende a invocar a Dios para pedirle protección ante el presagio de enfermedad que sugiere el estornudo. Yo, por mi parte, reconozco que a veces estornudo en falso sólo por saber la religiosidad del usuario de mi taxi.

Pudiera existir, sin embargo, cierta relación entre el tipo de estornudo y la personalidad del usuario: me atrevería a decir que aquellos que estornudan tendiendo a la exageración es gente, por lo general, extrovertida. Y tirando a tímidos aquellos que procuran esconderlo: dime cómo estornudas y te diré quién eres.  

Y como experto en la materia que he demostrado ser, constato: es totalmente imposible estornudar con los ojos abiertos.