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10 Ene 2019
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Reportajes

Los nuevos traductores ‘online’ ya piensan

Ana Cruzat

Los traductores online de nueva generación, conocidos como ‘neuronales’, son capaces de entender el contexto para ofrecer resultados más cercanos.

Gigantes de la tecnología como Google, Microsoft o Facebook llevan tiempo aplicando sistemas de aprendizaje automático para mejorar las traducciones, cada vez más precisas y naturales. Y una pequeña empresa alemana, DeepL, superó ampliamente ese listón hace unos meses: procesa un millón de palabras por segundo, con matices de lenguaje que hasta ahora no eran capaces de interpretar las máquinas.

Hablamos de traducciones que no parecen hechas por un ordenador, son capaces de «entender» el contexto y utilizar el léxico y el tipo de lenguaje requerido en cada ocasión —ya sea un manual de instrucciones o un texto literario—, y lo hacen gracias a la inteligencia artificial y el machine learning, o aprendizaje de las máquinas, que permite hacer el mismo trabajo de un traductor de carne y hueso, pero con medios sobrehumanos.

Google anunció a finales de junio pasado la introducción de la traducción automática neuronal en 59 idiomas en su traductor offline para permitir traducciones más precisas sin necesidad de conexión a internet —algo que ya se podía hacer en la versión online—. Solo hay que descargarse la app y tener espacio suficiente en el dispositivo (entre 35 y 45 MB por cada idioma que se quiera instalar).

«Es un cambio de paradigma, hasta hace poco todos usaban un sistema de traducción estadística; es decir, cogían documentos en la lengua original y seleccionaban la traducción por el número de veces que antes se había traducido así una palabra o una frase. La traducción automática neuronal no se basa en estadísticas de repetición sino en buscar un sentido al texto, con un funcionamiento similar al de nuestro cerebro, lo que permite obtener resultados mucho mejores», explica Jordi Batlle, vicepresidente de Asetrad, la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes.

Cantidad, naturalidad y velocidad

Por el momento, DeepL solo permite traducir textos entre 7 idiomas —español, inglés, alemán, francés, italiano, polaco y neerlandés—, lo que equivale a 42 posibles combinaciones de traducción. En esto le llevan ventaja la mayoría de sus competidores: Google Translator traduce online a más de 100 idiomas —59 de ellos también offline—, Bing (Microsoft) a más de 60, Babylon a 30, y Facebook traduce en pocos segundos los textos de su red social a más de 45 idiomas.

En lo que DeepL gana de largo es en la calidad de las traducciones: es casi un 70% mejor que su competidor más popular, Google Translator, en traducciones de inglés a español; y un 20% mejor de español a inglés, según los test a ciegas realizados con un grupo de profesionales que eligieron la mejor traducción entre más de 100 frases.

El gran éxito de un traductor neuronal online está en la naturalidad de las traducciones, sin perder matices ni expresiones idiomáticas. Aun así, surgen algunas preguntas respecto a sus resultados. ¿Son los mejores que podemos esperar? «Es un resultado muy bueno para público general, pero no se puede utilizar en contextos profesionales sin un proceso posterior de edición. Siempre tiene que haber una persona que revise esa traducción», responde Batlle. Así se evitarían traducciones como la de la web turística de Santander, en la que el Centro Botín se convirtió en «centro de saqueo» y el centro histórico en «historic helmet».

En opinión de los expertos, hoy por hoy un traductor online no es una solución definitiva, y tal vez nunca lo sea: «Por muy bueno que sea, nunca va a ofrecer los mismos resultados que una persona. Nunca podrán traducir poesía, por ejemplo. Sí se puede obtener una primera versión de un texto que, tras un proceso de posedición, realizado por un profesional, quede perfectamente pulida», asegura el vicepresidente de Asetrad.

‘Neuronas’ que trabajan aprendiendo

La arquitectura neuronal de los traductores es revolucionaria. En el caso de DeepL, los datos se procesan en un superordenador —el número 23 del mundo por su potencia, ubicado bajo tierra en Islandia—, capaz de traducir un millón de palabras por segundo.

El superordenador almacena textos en distintas lenguas para el aprendizaje de las redes neuronales. Cuenta con la ayuda de Linguee, el buscador de traducciones más grande del mundo, que ha almacenado más de mil millones de traducciones de calidad. Las redes neuronales trabajan aprendiendo y su rendimiento mejora si la calidad del material de aprendizaje utilizado es buena.

Un traductor neuronal es capaz de captar los matices más sutiles, según revelan las pruebas «a ciegas» y los test del método BLEU (Bilingual Evaluation Understudy). Y la traducción todavía puede ser mejorada sin apenas esfuerzo: al pinchar sobre cualquier palabra en la caja de resultados, se abre un desplegable con posibles sinónimos para que el usuario pueda escoger el más adecuado para ese texto. También hay información adicional sobre las palabras, que ayuda a resolver dudas sin salir de la página. Cualquier cambio del usuario ayuda al traductor a seguir aprendiendo, mejorar la arquitectura de las redes neuronales y reproducir el lenguaje natural. ¿Podrán finalmente los medios sobrehumanos superar a los humanos?

 

‘One hundred years of loneliness solitude’

Pocos fragmentos del castellano hay más difíciles de volcar a otro idioma que el célebre arranque de Cien años de soledad, la obra maestra de Gabriel García Márquez. Comparamos una traducción profesional, la de su primera edición en lengua inglesa, con la que proporcionan cuatro grandes servicios de traducción online:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

 

Pie de foto

MANY YEARS LATER as he faced the firing squad, Colonel Aureliano Buendía was to remember that distant afternoon when his father took him to discover ice. At that time Macondo was a village of twenty adobe houses, built on the bank of a river of clear water that ran along a bed of polished stones, which were white and enormous, like prehistoric eggs. The world was so recent that many things lacked names, and in order to indicate them it was necessary to point. (Traducción de Gregory Rabassa para la edición de Avon Books (Nueva York, 1968).

 

 

Pie de foto

MANY YEARS LATER, in front of the firing squad, Colonel Aureliano Buendía had to remember that remote afternoon when his father took him to see the ice. Macondo was then a village of 20 mud and cañabrava houses built on the banks of a river of clear waters that rushed down a bed of polished stones, white and enormous like prehistoric eggs. The world was so recent that many things had no name, and to mention them you had to point to them with your finger.

 

Pie de foto

MANY YEARS LATER, in front of the firing squad, Colonel Aureliano Buendía had to remember that remote afternoon when his father took him to see the ice. Macondo was then a village of 20 mud and cañabrava houses built on the banks of a river of diaphanous water that rushed through a bed of polished stones, white and huge as prehistoric eggs. The world was so recent that many things lacked a name, and to mention them you had to point them out with your finger.

 

Pie de foto

MANY YEARS LATER, in front of the firing squad, Colonel Aureliano Buendia had to remember that remote afternoon when his father took him to know the ice. Macondo was then a village of 20 houses of mud and Cañabrava built at the edge of a river of diaphanous waters that were precipitated by a bed of polished stones, white and enormous like prehistoric eggs. The world was so recent, that many things had no name, and to mention them had to be pointed with the finger.

 

Pie de foto

MANY YEARS LATER in front of the firing squad, Colonel Aureliano Buendia had to remember that remote afternoon when his father took him to know the ice. Macondo was then a village of 20 houses of mud and canabrava built on the shore of a river of diaphanous waters that were rush by a bed xxx that ran along a bed of polished polished, white and huge stones like prehistoric eggs. The world was so recent, that many things lacked name, and to mention them we had to point them with the finger.

 

Este reportaje sobre los traductores on line es uno de los contenidos del número 1 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras, disponible en quioscos y librerías y en nuestra web.