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10 Abr 2019
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Reportajes

La nueva era dorada del español en China

Javier Rada

Nuestro idioma tiene un idilio con China. Acaba de entrar en la secundaria como lengua extranjera. Lo estudian por trabajo. Crece la demanda de profesores y centros cualificados

Si la globalización fuera una leyenda china, este sería su relato… Un extranjero ha llegado del Este. Susurran que estaba dormido. En el centro de la Aldea Global, se topa con la linda Hispanoamérica, que viste vistosa, resulta atractiva.

Se conocían de antes, pero hoy apenas se reconocen: él estuvo por Latinoamérica, entonces era pobre y ayudó con su sangre en los ferrocarriles; ella, antes de dividirse en distintas culturas, fue un machote conquistador, y tras tomar las Filipinas, fantaseó con expandir su reino: soñó alcanzar un palacio prohibido.

Se encuentran siglos más tarde en la milla de oro de esta Aldea Global. Allí está el banco, los billetes. La biblioteca, la cultura. Las materias primas. El campo de fútbol. El valor añadido. Las lenguas del mundo. Allí está todo. También el antiguo sheriff que, en retirada, amenaza con duelos económicos y dispara por Twitter: «¡America first!».

Suena un tango en el pabellón rojo. Esta será una historia de amor. Los analistas hablan de «momento dulce»: Hispanoamérica y China se desean. Cuentan con las dos lenguas nativas más habladas del mundo (el español, con su gran contingente en América Latina, y el chino mandarín). Ambos bloques quieren expandirse. Y requieren, claro está, comunicarse. «¿Habla usted español?». «Qǐng shāo děng» (un momento, por favor…) ¿Sus primeras palabras de amor? Business, negocio, yèwù.

Este es el eco que cruza el nuevo mundo: la actual coyuntura política y económica con China podría disparar el ámbito de la influencia de la lengua española a confines extraordinarios. Una ruta de la seda lingüística. Fajos de billetes, mercado gigante. Oportunidades para profesores e instituciones que puedan cubrir la creciente demanda del país asiático.

Suenan, por tanto, las sirenas que indican el idilio del idioma español con el extranjero venido del Este. Regresa a la mente la imagen mítica de El Dorado.


Un cambio cultural

China ya no es «el imperio del medio» sino el medio de todos los imperios. La viejas murallas que los protegían de los bárbaros hoy son más permeables (disimuladas, al menos, en el laberinto burocrático). Convenios bilaterales. Acuerdos y memorandos comerciales. Apertura asimétrica de los mercados. Instituciones de uno y otro lado se afianzan.

Los chinos han empezado a viajar, y mucho (es el primer emisor de turistas del mundo). Suben las rentas, y la emigración laboral va siendo sustituida por el tránsito formativo. Estudiantes internacionales que se forman en las lejanas universidades extranjeras. Muchas se los rifan en una fiebre por conquistar el mercado asiático. Instituciones que se frotan las manos. Millones de bocas que necesitan una lengua nueva. ¿Cómo habremos llegado hasta aquí?

Enrique Dussel Peters es doctor en economía y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México. Lleva años investigando las relaciones entre Latinoamérica y el gigante asiático. Señala la causa sumaria: «el crecimiento económico interno de China en las últimas décadas, particularmente iniciado en el periodo de reformas hasta hoy en día, que permite una creciente competitividad del aparato productivo».

Con estas cartas podían apostar fuerte y lo hacen. Jugarán a su manera, está claro. Definen la nueva estrategia: una globalización con características chinas. «Cuando llegué por primera vez, en 1981, era un país pobre y aislado, y me sorprendió la existencia de universidades con una licenciatura en letras hispánicas. Al posicionarse después como un factor decisivo en todos los escenarios internacionales, entendí que China, con su innata visión de largo plazo, estaba preparando recursos humanos para el futuro», explica Liljana Arsovska, sinóloga del Colegio de México y una de las mayores expertas de ese país en Latinoamérica.

Hoy Pekín apuesta por su programa de internacionalización. Desde que llegara al poder el presidente Xi Jinping, en 2013, hablan de «la Franja y la Ruta», la nueva Ruta de la Seda que debe unir Eurasia mediante infraestructuras millonarias. Quieren internacionalizar las empresas. Conectar tierras y mentes (a través de las lenguas). No será la oruga en el capullo sino, mutatis mutandis, la mariposa que puede batir sus alas en Guandong y levantar ciclones en el lejano Perú. China aguarda su liderazgo.

El gran aumento

No sabemos que deparará el futuro. Los números son todavía pequeños y relativos. Imposible saber si en unos años Asia hablará español o si esta pareja superará su desconfianza inicial y el sesgo de exotismo. Pero existe un método chino para aventurarse en las tinieblas del mañana. Consultar a su oráculo milenario.

El gran libro chino, el más antiguo según la tradición, es el I Ching, y suele llevar el apodo del libro de los cambios. Es el libro de las mutaciones porque todo está en perpetuo movimiento según la filosofía taoísta —como lo está hoy el español en las escuelas asiáticas—, nada es estático. Antes fue el inglés (que sigue siendo la gran lengua extranjera del Oriente) y quién sabe si mañana el castellano.

En este texto adivinatorio, todo se basa en la transición y el equilibrio entre los polos opuestos y complementarios del yang y el yin (cultura y dinero), lo positivo y lo negativo (promesas y decepción).

Si usáramos el libro oracular y le preguntáramos por el futuro del español en Asia, los hexagramas resultantes, tras lanzar las monedas, podrían ser los siguientes. Leeríamos en las citas poéticas del texto: «El Aumento. Viento sobre trueno. Cuando la fruta está madura es el momento adecuado para la cosecha».

China está madura y apuesta fuerte por el español por «la relación económica y comercial cada vez más estrecha con los países hispanohablantes», explica Tao Li (su nombre español es Cecilia), profesora en la prestigiosa Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái​ (SISU).

China mantiene relaciones con 16 países hispanohablantes. Es el segundo socio comercial de la zona desde hace más de un lustro, con un movimiento que casi superó los 160.000 millones de dólares en 2017 (volumen que se ha multiplicado por 22 en los últimos 15 años). Un salto cualitativo: comercio, financiamiento e inversión directa. Realiza inversiones anuales superiores a los 5.000 millones de dólares. Tiene en marcha más de 70 proyectos de infraestructuras. Ha generado 2 millones de empleos durante el periodo 2000-2017. Además, goza de buenas relaciones políticas y económicas con España, como demuestra la reciente visita del presidente Xi Jinping, con todos los honores, el pasado noviembre.

Un escenario así propicia el aumento del español. A principios de 2018 el Gobierno chino estableció el nuevo diseño curricular de la enseñanza secundaria. El español es desde entonces, por impulso gubernamental, la nueva gran opción como lengua extranjera para los estudiantes. Entra en el sistema público de educación —tras varias pruebas piloto, como la realizada en una prestigiosa escuela del distrito Dongcheng de Pekín—, junto al francés y el alemán.

Una mutación inmensa que multiplicará el número de aprendices, pero esto no implica, advierten algunos profesores escépticos, que de golpe conseguirán expresarse bien (el inglés ya recorrió ese camino antes, siendo estudiado en las escuelas desde la primaria, y aunque sin duda es cada vez más hablado, en extensas áreas geográficas sigue mudo; «inglés mudo», así lo llaman, personas que lo leen y entienden pero que no consiguen defenderse oralmente).

Por otro lado, hemos tenido en el pasado excesos de entusiasmo, alerta David Pardo Cossío, profesor en la Universidad de Nueva York en Shanghái​, como por ejemplo con Brasil, y su cacareado avance del español que no terminó de cuajar. «Vuelve a repetirse el espejismo del boom allí», sentencia.

Yang y yin. Polos en conflicto. Blanco y negro.

Cae la muralla

El I Ching recomienda en estas situaciones cautela, pero fiel a su visión de los opuestos complementarios, también dice que «la vacilación trae arrepentimiento». Quizás por ello el Gobierno chino considera hoy el español un recurso estratégico. Concede becas para grado y maestrías en los países hispanohablantes, busca estrechar lazos políticos, culturales y sociales. El castellano, antes ignorado, lleva décadas disparado en el país. «Un crecimiento rápido y vertiginoso», podemos leer en los análisis del eminente hispanista chino Lu Jingsheng.

«Aumenta cada año el número de departamentos de español en universidades y, en consecuencia, el de alumnos que lo estudian en el marco del sistema universitario», explica Inma González Puy, directora del Instituto Cervantes en Pekín.

Los datos que presentan en el informe El español en el mundo (Anuario del Instituto Cervantes 2018) hablan de 35.000 universitarios que lo estudian en China. En 126 centros de enseñanza superior se están impartiendo clases, incluyendo los nuevos departamentos de 9 universidades que empezaron el pasado septiembre.

Es el aliento del milenio, la eclosión de algo larvado, «un mayor interés general por las lenguas y en particular por el español», dice Cossío, y las cifras son mayores. A esto hay que sumarle la multitud de centros y academias privadas que han aparecido en el territorio. Según los datos que aporta Tao Li, podrían ser otros 50.000 alumnos.

En China encontramos cursos reglados y no reglados, universidades chinas y foráneas, centros culturales extranjeros, como el Instituto Cervantes (presente en el país desde el año 2006, en Pekín y Shanghái). Licenciatura, maestrías y doctorado. Formación profesional. Cursos virtuales y presenciales. Academias locales e internacionales.

«Aunque hasta hace poco solo era posible estudiarlo en las ciudades grandes», confirma Yadi Li, de 19 años y natural de Kunmíng, en la provincia de Yunnan. Hoy aprende castellano en la academia Kingsbrook, en Barcelona, pues quiere estudiar en una universidad española y necesita dominar el idioma. Antes de esto se vio obligada a recorrer 2.669 kilómetros desde su casa hasta Pekín, para poder aprenderlo en una academia sino-extranjera, International House.

«Aún no se ha notado el impacto de las últimas medidas —por ahora solo llegan a nuestras universidades uno o dos alumnos que hayan estudiado español en secundaria—, pero este porcentaje sin duda aumentará», argumenta Zhang Menglu, profesora en la Universidad de Estudios Extranjeros de Guangdong, en una de las grandes provincias comerciales chinas (Cantón) y donde ha crecido mucho la demanda.

Una ola para la que nadie está preparado, si se quiere ofrecer una educación de calidad, por la escasez de profesores y centros cualificados. Nuevos centros que tienen que cubrir este aumento junto a las universidades más punteras y de difícil acceso en el temible gaokao (la selectividad china), como son la antes mencionada SISU, la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, conocida como Běiwài —de la que han salido los traductores del país para la ONU— o la Sun Yat-sen, en Cantón. Hoy los alumnos con mejores notas escogen estudiar filología hispánica en estas universidades, aunque a veces sea más por el prestigio de los centros —sin importar la carrera— o la presión familiar.

En las metrópolis, aumentan los padres que deciden apuntar a sus hijos a clases de español a temprana edad, «tanto en academias como de forma particular», apunta Juan Carlos Izquierdo, director de GEC, organización asociada a la Universidad Complutense de Madrid, una de las mas importantes en la gestión de intercambios educativos.

China tendrá que formar a muchos profesores con el nuevo diseño. Y poner muchos parches. Ya lo está haciendo. «Se están formando profesores para mandar a las escuelas secundarias. Y es muy necesario formar a más para satisfacer la demanda», asegura Tao Li.

La falta de profesores cualificados sigue siendo «un cuello de botella» que impide el despegue del español, según la directora del Cervantes. En el país todavía hay pocos centros que formen en posgrado y doctorado de filología hispánica.

La fiebre del oro

Para suplir estas necesidades, universidades de un lado y otro se ponen en contacto. Los cursos de español tienen gran demanda. Asia es el mayor exportador de estudiantes del mundo. Y la estrategia de la universidad del siglo XXI pasa por la internacionalización.

Cada vez hay más instituciones educativas europeas y latinoamericanas en China. Firman convenios. Entran en juego, al menos en España, las más pequeñas, como las de León o Lleida, que quieren atraer a estudiantes asiáticos gracias a sus precios competitivos (es decir, baratos, si se compara con las carísimas universidades anglosajonas).

Apuestan las instituciones grandes o que tienen historia, como la Complutense, en Madrid, la Autónoma de Barcelona, la Universidad de Alcalá o la de Salamanca. En España, uno de los destinos predilectos, estudiaron un total de 8.866 alumnos chinos en el curso 2016-2017, según el Ministerio de Educación, número pequeño, pero en claro ascenso (en 2011 eran 3.000).

Ocurre los mismo en Latinoamérica, especialmente en México (la Autónoma, por ejemplo, tiene sede en Pekín), en Argentina y en Chile, aunque también en Ecuador, Colombia, República Dominicana…

«Estos estudiantes están muy valorados porque han llegado en un buen momento para las universidades, con los estudios hispánicos en descenso. Están ocupando el puesto de plazas que habían quedado libres», explica María Ángeles Álvarez, académica correspondiente de la RAE y catedrática en la Universidad de Alcalá. Este es uno de los centros con un mayor número de alumnos asiáticos en España gracias a su programa Alcalingua, y cuenta con el apoyo de hispanistas chinos de renombre.

Se celebran simposios. Acuerdos. Como nuevos Marco Polo, recorren el mundo los embajadores universitarios. Nada de pimienta o seda: necesarios pupilos que a veces desembarcarán con conocimientos de español (si aspiran al doctorado, por ejemplo), pero que muchas veces no sabrán decir ni «buenos días», puede que levantando la suspicacia de otros estudiantes.

Se crean facilidades de estancia, visado, cursos especiales para ellos (algunos profesores denuncian el desarrollo de una suerte de turismo formativo, mediante certificados de formación cortos y rápidos). ¡Huānyíng! (bienvenidos).

Todos parecen comprender el sentido de esta máxima del I Ching: «Es propicio emprender algo. Es propicio atravesar las grandes aguas», porque China es a día de hoy uno de los mercados educativos más dinámicos del mundo.

La voluntad de los padres

Una familia media puede invertir todos sus ahorros, esfuerzos y sacrificios en la enseñanza de su único hijo, único por las políticas de contención demográfica del pasado. «La mayor preocupación de tus padres será tu salud», dejó escrito Confucio (Analectas, 2.6). Rigor. Peso. Esfuerzo. Prioridades: los intereses del padre, la familia, la nación, lo colectivo por encima de lo individual.

Sabiendo español hoy, su futuro laboral está casi asegurado: docencia, diplomacia, banca, empresas de diversa índole, sobre todo negocios, periodismo, centros culturales y de investigación. Ahora que muchos dominan el inglés, aprender otras lenguas se ha convertido en una prioridad con independencia de la carrera elegida.

Y la demanda seguirá creciendo. El mercado es muy competitivo. «He impartido clases en centros de formación, y los estudiantes eran directivos o trabajadores en empresas chinas. Después son enviados a América Latina porque sus empresas establecerán o ya tienen sedes allí. Ellos se encargan de extender el mercado», añade Menglu.

Esto hace que las grandes instituciones hispanoamericanas crucen las puertas del reino prohibido. El hasta diciembre pasado director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, conoce bien esta emergencia: «La ocasión es singular y prometedora, cuando en el sistema educativo anterior se ofertó inglés, ruso y japonés, el inglés claramente barría, y ahora, al ofrecer español, alemán y francés en la nueva tríada, creo que el español lleva todas las de ganar».

El gaokao está considerado como uno de los exámenes más difíciles del mundo. Y tienen que examinarse en él de una lengua extranjera. En China participan en la selectividad más de 9 millones de alumnos al año (un millón caen en la prueba). Entre los cuatro años de secundaria y los tres de bachillerato hay unos 65 millones a quienes se les va a ofrecer la opción del español. «Incluso haciendo un previsión conservadora, es fácil darse cuenta de que podemos situarnos en un número de estudiantes realmente extraordinario», alega Villanueva.

Consciente de las nuevas necesidades, la Real Academia ha desembarcado en China de la mano de su socio necesario (obligación gubernamental), la SISU. Han firmado convenios para crear allí un centro pionero de investigación y cooperación de la lengua española, e implementar el Enclave RAE, la plataforma tecnológica panhispánica que servirá para la consulta, creación de materiales propios, corrección de textos, etc.

Surge de nuevo la idea del inglés mudo. Es dudoso que en un mundo tan expresivo como el hispano lo mudo cuaje bien. Se necesitará un buen hechizo. El español ha entrado tarde en China —si se compara con el japonés, el inglés o el ruso—, pero con el viento del Este a favor. El siguiente hexagrama que obtenemos es El Influjo. «Logro. Es propicia la perseverancia. Tomar la muchacha trae ventura».

El influjo

Este signo usa la metáfora del matrimonio. Habla de una atracción en dos direcciones. «China es de los países en los que rivalizamos con el inglés, mientras que en otros sitios somos la tercera o cuarta lengua elegida», dice Álvarez.

Su superpoblado mercado lingüístico se extiende además a las áreas del entorno sinófono, más allá de la China continental, a las de administración especial como Hong Kong y Macao (una zona emergente) y en menor medida a Taiwán (isla con un gobierno de facto independiente pero reclamada por Pekín).

«Yo no diría que el español se esté poniendo de moda ahora, sino que lleva creciendo gradualmente desde hace décadas, aunque ahora va creciendo más rápidamente en el resto de la República Popular que en Hong Kong», explica Mercedes Vázquez, profesora en la Universidad de Hong Kong, quien afirma que a sus estudios les pasa un poco como a la empresa Zara, «que no tuvo que hacer promoción cuando abrió la tienda y agotó sus existencias el primer día».

El español ha dejado atrás el lastre de ser una xiao yu zhong (lengua minoritaria), un francés mal hablado. «No hay más que acercarse a cualquier feria internacional que se celebra en China para comprobar lo demandados que son los intérpretes», explica José María Santos Rovira, profesor de la Universidad de Lisboa y autor de una tesis convertida en libro: La enseñanza del español en China.

El influjo también se manifiesta en la sociedad asiática, tradicional pero hambrienta de mundo exterior. Hispanoamérica es exótica. La principal televisión de país, la CCTV, ofrece un canal 24 horas en español en el que realizan concursos para ver quién se expresa mejor en castellano. Encontramos revistas en la lengua de Cortázar, como China Hoy, y numerosos podcast o la moda de las aplicaciones de móvil para aprender idiomas.

«La población es cada vez más urbana y cosmopolita. Aquellos estudiantes que no han conseguido una buena nota en el gaokao suelen ser enviados por sus familias a realizar estudios en el extranjero», explica Cossío.

Los dos compañeros de piso de Yadi en Barcelona, por ejemplo, están estudiando sendas maestrías en finanzas. Una ya había trabajado antes en Venezuela. El otro ha seguido la recomendación de su padre, que tiene negocios en México: «El español te será muy útil». Los padres de Yadi, que todavía duda si estudiar psicología o turismo, se lo susurran desde el lejano Kunmíng: «España y China tienen una buena ruta comercial».

Hay otros polos magnéticos: cultura, demografía y hasta un bulo. «Cada vez que pregunto a los nuevos estudiantes por qué esta y no otras lenguas, siempre me suelen salir, casi en este mismo orden, el número de hablantes de español y el interés por las culturas española y mexicana», añade Cossío.

El español tiene además fama —«injusta», según este profesor— de lengua fácil. Este pretendido aliciente, a veces azuzado por las mismas instituciones educativas, viene de la correspondencia existente entre ortografía y sonidos. «Sin embargo, no son pocos los que se estrellan en los niveles iniciales», explica.

Una encuesta reciente realizada entre el alumnado del Instituto Cervantes de Pekín constata que aumentan los estudiantes que señalan la afinidad cultural y el turismo como motivo para estudiarlo. «La fascinación por las estrellas del deporte, del cine, por la gastronomía, el flamenco o los ritmos latinos», reza el Anuario 2018.

El Real Madrid, el Barcelona y el tema Despacito, de Luis Fonsi, que ha sonado por toda la orilla del Yangtsé. Despacito, sí. Aún muchos toros, fiesta, mariachis, paella… Estereotipos. «Elegí el español porque era hincha de fútbol, del Real Madrid, cuando Raúl González era capitán del equipo. Después, al conocerlo mejor, me atrajo y decidí dedicarme a la enseñanza y difusión de español en China», alega Menglu.

Conocen los estudiantes algo del cine hispanoamericano: «Almodóvar, Iñárritu o Buñuel, e intérpretes como Penélope Cruz, Javier Bardem o Ricardo Darín», según la misma encuesta. El número de libros traducidos al chino es cada día mayor (desde que China entrara en la Organización Mundial del Comercio) y se llevan el premio los latinoamericanos: Borges, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, los autores del boom que tanto influenciaron a creadores chinos en 1980 (sus promotores allí), cuando estos escritores pasaron de un realismo socialista impuesto a la apertura exuberante de Macondo o el misterioso El Aleph.

Un Aleph que está influido a su vez por la literatura china. Borges amó Asia, como demuestra el cuento El jardín de senderos que se bifurcan, cuyo protagonista se llama Yu Tsun (un catedrático chino de inglés). Escribió sobre el mar de los piratas de la Viuda Ching. Leyó el Sueño en el pabellón rojo —«la novela más famosa de una literatura casi tres veces milenaria», dijo— y también al filósofo Zhuangzi, quien despertó tras haber soñado que era una mariposa y no pudo responder entonces a la pregunta de quién de los dos era el verdadero él. Nada de esto puede ser más borgiano, nada más chino.

«Sentí la necesidad de conocer países hispanohablantes y me decidí por Colombia, que es un país lleno de realismo mágico, igual que las obras de García Márquez, interesantísimo», explica Yao Feng (su nombre español es Evita), profesora en la universidad de Yangzhóu y doctorada en educación por la Universidad del Norte (Colombia).

Esta profesora, aunque llegó de rebote a estudiar filología hispánica, pues no le alcanzó la nota para la inglesa, demuestra el entusiasmo de sus lecturas, viajes e influencias: «Lo más fascinante de la cultura de Iberoamérica y de España es una combinación de diversidad y pureza. Pureza para mí significa sentirse como un niño. Siempre les digo a mis alumnos que el español no es fácil de aprender, pero al aprenderlo, te hará feliz».

La vía china del profesorado

La situación actual debería requerir un ingente número de nuevos profesores, pero esto no significa que tengan que ser nativos, aunque estén muy valorados para las destrezas comunicativas, en las que cojea, en parte, el sistema chino.

«Se van a necesitar más profesores, pero sobre todo para formar a futuros profesores. Las autoridades no van a contratar extranjeros de forma masiva», explica Cossío. La idea de El Dorado se deshincha o brilla en la costa equivocada. Los docentes además no están en general bien pagados, y cobran la mitad que los de inglés.

A pesar de todo, la vía del profesorado se ha ido abriendo paso a lo largo de estos años junto al crecimiento de la demanda, especialmente desde la crisis de 2008, cuando Asia se convirtió en refugio para profesores y aventureros que podían ganarse el pan (o las empanadillas y los fideos) enseñando la lengua de Cervantes.

Y así llegamos al próximo hexagrama, es el 56, Lü, el Andariego, el que camina y recorre el mundo. «Éxito por lo pequeño» —no aspiren a cambiar la tradición de una educación milenaria—. «La perseverancia trae ventura».

«La demanda es fuerte y hay mucho trabajo, incluso para gente sin formación», explica Laura Navarro, que estuvo en China hasta el año 2014. Trabajó como profesora en distintos centros del país y terminó ejerciendo en una de las universidades con más prestigio, la Sun Yat-sen. «Pero es difícil llegar, son muy estrictos con los permisos de trabajo», añade.

Describe un sistema con dos culturas académicas distintas: la de los profesores chinos, que usan el sistema gramática-traducción por un lado, y la de los profesores nativos encargados de las técnicas comunicativas y con poco peso institucional.

En China se sigue utilizando el método gramática-traducción, basado en la memorización de normas y vocabulario. Este método es a veces criticado desde Occidente, que apuesta por el enfoque comunicativo —«como los profesores chinos más jóvenes de hoy», advierte Tao Li— y por las destrezas integradas (de la gramática a la oralidad) desde el principio.

En la educación china manda el concepto tradicional de enseñanza con bases confucianas. Injustamente tildados de pasivos, los estudiantes se enfrentan a un mundo alfabético, flexivo, distinto. Parten del extremo opuesto (su yin), un sistema ideográfico y aislado que requiere largos años de memorización. Yadi Li, a sus 19 años, aún sigue estudiándolo.

Su sistema se basa en el análisis contrastivo. El libro más usado, la biblia que ha formado a los hispanistas chinos, sigue siendo El español moderno —desarrollado por Dong Yansheng, traductor de El Quijote—, un éxito de ventas de 6 volúmenes, publicado por primera vez en 1999, y a veces acusado de desfasado.

Hay abismos difíciles de superar. Los polos no se equilibran. Podemos imaginar la escena: llega el profesor de Málaga o Bogotá, lleno de ideas, enfoques comunicativos. Lleva consigo a Chomsky, la Interlengua, el aprendizaje de idiomas es creativo.

Saca una pelota en clase. Vamos a jugar… Ojos que lo observan sin inmutarse. Alumnos que en su interior piensan: llevamos desde la infancia usando el método tradicional, tenemos con nosotros a Confucio, Lao-Tse, el silencio, la concentración, la humildad, el respeto a una persona que sabe más que nosotros. Tenemos principios: «Estudia vastamente, pregunta exactamente…».

Sí. Como en la serie Juego de Tronos, el invierno ha llegado. Un frío muro invisible. Una percepción (incorrecta) de apatía. «Algunos profesores llegan el primer día con una pelota y salen del aula asustados», explica Fausto Aguilera, que acaba de abrir una exitosa academia de español llamada LOLA en Guangdong, junto a su pareja china. «No obstante, tienen muchas cosas buenas, como el respeto al profesor y su amabilidad», añade.

«Allí llegas con la idea de que hablar debe ser como un juego, te preparas las actividades y no funciona. Hay una contradicción en su sistema, porque en principio buscan profesores nativos para eso», alega Isabel Fernández, que estuvo hasta el año 2017 trabajando en un centro privado en Jilin, provincia de Mongolia Interior. «Lo pasé mal. Pensé, desmotivada, incluso en cambiar de profesión», explica.

Cosa distinta a lo que le ocurrió a Mercedes Vázquez —claro que Hong Kong no es Jilin—, quien asegura sentirse bien adaptada al sistema asiático por su dinamismo. Otra vez los polos opuestos que nunca te abandonarán en China.

Conclusión: contemplar mejor

«Si intentas aprender el mandarín, es como un espejo, te darás cuenta de la dificultad», concluye Laura Navarro. Un espejo borgiano: múltiple, inclasificable. China e Hispanoamérica contienen tantos mundos que no caben en un reflejo único.

El último hexagrama es La Contemplación. Significa por un lado contemplar y por otro ser visto. Saber mirar, recordar la pureza —niños que juegan sin prejuicios— de la profesora ‘Evita’ Yao Feng. «Los desarrollos actuales en China son una gran oportunidad. Necesitamos a gente que no solo se aproveche de estas oportunidades para labrarse un futuro para sí misma/mismo —respetamos aquí su petición de lenguaje inclusivo—, sino para crear un mundo mejor», concluye Vázquez. ç

Contemplar el futuro en los poemas del I Ching, a Borges y su doble mirada, los senderos que se bifurcan: español mudo o español mundo, mariposa que habla castellano o español haciendo el mariposa en China. Pensar en ese extranjero del Este y en la coqueta Hispanoamérica en la Aldea Global. Dos ignorantes jugando con sus manitas en el pabellón rojo. Una leyenda sin final escrito. ¿Para qué sirve aprender una lengua? ¿Quién de los dos habrá aprendido a contemplar al otro?

 

Por zonas: El español en las distintas áreas sinohablantes

DNG136 Hong Kong

Hong Kong: Antigua colonia británica y zona de administración especial tras la cesión a China, cuenta con diversos centros universitarios y privados que enseñan español. Es la región donde los profesores están mejor pagados (también la más cara), y con una fuerte demanda de los estudios. En algunas de las 5 universidades en las que puede aprenderse, se licencian más estudiantes que en otras lenguas. Los hongkoneses son multilingües con amplia competencia en inglés (mayor que en España) y tienen un contexto educativo más cercano al europeo.

Taiwan: La complicada historia de esta isla, independiente y reclamada por Pekín, marca su historia educativa. El español ha tenido tradición allí por la influencia de religiosos católicos. Hay 4 departamentos en las universidades, con «un mercado bastante saturado» para los docentes nativos, confirma a Archiletras el profesor Pablo Deza. Es posible estudiarlo en secundaria. Según los datos del Gobierno, hay 5.744 personas aprendiéndolo. Suelen estudiarlo para la carrera diplomática (exigido, es el 40% de la nota del examen) y los negocios. Los docentes no están bien pagados.

República popular de China: Es la zona donde más crece el español (aumentan exponencialmente los institutos de enseñanza superior, formación profesional y universidades). El objetivo del próximo quinquenio del Gobierno chino es estrechar las relaciones políticas con Latinoamérica. La educación empieza a ser de más calidad: los profesores chinos deben disponer al menos de un máster en
un país hispanohablante.

 

Guía de supervivencia del profesor de ELE en China

Cómo llegar

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Ofertas de trabajo. Hay dos modos para trabajar como profesor de ELE en China: con una oferta firme antes de partir, o a la aventura y ver qué ocurre (visado turista). Esta segunda opción está desaconsejada. Las leyes chinas son estrictas. Se pueden consultar páginas en las que mensualmente aparecen nuevas ofertas (www.todoele.net, la lista de distribución ELE-ASIA-PACIFICO y echinacities.com). Otra fórmula es ir a estudiar chino en alguna universidad del país y gestionar las opciones desde allí.

Visados. Es necesario el visado Z de trabajo. Y es costoso conseguirlo: numerosos trámites burocráticos, lentos. Pueden tardar meses en expedirlo. Normalmente el visado lo gestionan los mismos centros contratantes, pero, según el sitio, estos pueden saltarse la ley y la responsabilidad es del profesor. Se exigen numerosos certificados administrativos y médicos que deberán gestionarse desde España, por lo que algunos profesores contratan el servicio de gestorías.

Experiencia. Sigue existiendo intrusismo, pero se exige experiencia previa (dos años) y disponer de algún título acreditado de posgrado, como la maestría en ELE. No es necesario el doctorado para trabajar, siendo profesor nativo, en las universidades.
El idioma. No es requisito indispensable. Los chinos son conscientes de la dificultad de su idioma. No obstante, la lengua cotidiana es el mandarín, y conocerlo ayuda a comprender a los alumnos y acercarse a su cultura.

Una vez allí

CY1ET2 primary school in Hongkong

Salarios y facilidades. China es, en general, un país barato. Los salarios pueden rondar entre los 5.000 y 8.000 yuanes brutos al mes, entre 600 y 1.000 euros (suelen incluir casa, vuelos y sanidad). La sanidad y la educación no son públicas. El salario dependerá del centro contratante, de si es chino, chino-extranjero (mejor pagado), una universidad, un centro privado o una academia, y sobre todo de la zona del país. En Hong Kong los salarios se duplican: unos 20.000 HKD (2.200 euros a tiempo completo). Debe tenerse en cuenta que el coste de la vida varía muchísimo de una región a otra.

Método educativo. La mayoría de los estudiantes habrán aprendido con el método gramática-traducción y están poco acostumbrados a participar en clase. La destreza oral es la menos desarrollada. Los profesores nativos suelen tener libertad para gestionar sus clases y materiales. Los chinos estudian con los manuales Español Moderno, Sueña y ¿Sabes? (manual de ELE especializado). Existe la queja entre los profesores de que los manuales editados en Europa pecan de etnocentrismo. Hay debate sobre si es necesario conocer las particularidades específicas del «aprendiente sinohablante» (en www.sinoele.org hay abundante material de análisis).

‘Shock’ cultural. Los profesores recomiendan mucha paciencia para vivir en China y olvidarse de posiciones eurocéntricas. Abrirse a su cultura y aprender a amarla aunque algunas costumbres choquen al principio. Recomiendan formarse bien y ejercer primero en entornos internacionales. Es preciso dominar otro idioma, el inglés. Las normas pueden cambiar de un día para otro. Centros a los que acudir: Instituto Cervantes (pekin.cervantes.es), Consejería Educación (www.mecd.gob.es/china).

 

Un poco de historia: El difícil camino del español en China

25th in Beijing, Chian on 26th May 2016.

En 1952, la Conferencia de Paz de Asia y el Pacífico dio la voz de alarma. Para las primeras relaciones con los países hispanohablantes, China solo disponía de un traductor: Meng Fu, un diplomático retirado. El español era un idioma que no había germinado en el Oriente. Antes de eso, entre los primeros intentos de aproximación destaca Fray Martín de Rada —considerado el primer sinólogo occidental— que quiso establecer una embajada. Conquistadas las Filipinas (1565), la España de Felipe II sopesaba la idea de tomar China. De Rada tuvo que negociar duro, ofreció la cabeza de piratas apresados por los españoles, pasó largos periodos en el país, esperó sin éxito la respuesta de un sistema burocrático adverso, y fue abandonado después en una isla de tribus hostiles. España perdió su oportunidad aunque mientras tanto conquistaría Isla Hermosa (Taiwán) y seguiría en contacto con las redes comerciales transpacíficas del Galeón de Manila. En China siempre había existido tradición en el aprendizaje de lenguas —promovida por la Ruta de la Seda—, pero el sistema moderno no aparece hasta el siglo XVIII. La primera escuela oficial de ruso fue fundada en 1708, la de inglés, en 1862. Ni rastro del español. No volvemos a encontrarlo hasta 1952. Se crea el primer curso en la Escuela de Lenguas Extranjeras de Pekín, donde destacaron Chen Chulan y otros pocos profesores que tuvieron que levantar los cimientos de cero. Desde entonces el español fue sufriendo diversas etapas (los primeros traductores de El Quijote, entre los que resaltaría la literaria Yang Jiang, tuvieron que traducirlo del inglés o aprender castellano por su cuenta). El castellano sobrevivió en medio de las fuertes oleadas del inglés y el ruso (apoyado en su día por el régimen comunista), teniendo tímidos momentos de auge (con las primeras relaciones con Cuba) y retrocesos, como en los años 80. No fue hasta el año 2000 cuando empiezan a desarrollarse las estrechas relaciones comerciales con Hispanoamérica.

 

Este reportaje sobre el gran salto del español en China es uno de los contenidos del número 2 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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