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29 Oct 2021
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Reportajes

Chiquito de la Calzada, el humorista que revolucionó el lenguaje popular

Alfonso C. Cobo Espejo

El cómico malagueño, estrella televisiva en los años 90, creó un idioma propio que, todavía hoy, perdura en nuestro imaginario colectivo

Años 90, restaurante La Coquina, en la localidad malagueña de Torremolinos. El productor Tomás Summers está comiendo con una amiga y, de pronto, comienza a escuchar a un señor contando chistes en lo que parece una comida de empresa. «Me quedé totalmente alucinado», explica quien fue su descubridor para el mundo de la televisión. En aquel instante, además de cambiar la suerte de Gregorio Sánchez Fernández, se estaba fraguando, todavía sin saberlo, la irrupción de un modo de hablar que incluso hoy, décadas después, sigue formando parte de nuestro léxico popular: el lenguaje de Chiquito de la Calzada.

Gracias a ese encuentro fortuito, Gregorio Sánchez, conocido por su nombre artístico como Chiquito de la Calzada, aterrizó en un programa de chistes de Antena 3, Genio y figura. Pronto se convirtió en la estrella del espacio televisivo. «Y eso que, al principio, me dijeron que quitara a aquel señor mayor, que no pegaba con el público objetivo», recuerda Summers.

Desde su primera aparición en la televisión en 1994, Chiquito fue dejando un gran legado lingüístico compuesto por originales palabras, expresiones, comparaciones e interjecciones. Sus orígenes y su trayectoria vital ayudan a entender cómo fue creando su peculiar forma de hablar, porque, como apunta Héctor Márquez, periodista, crítico y gestor cultural malagueño, «Chiquito no era el tipo de persona autoconsciente que te cuenta por qué hace lo que hace. Simplemente lo hacía».

Buen conocedor del cómico, Márquez explica que a Chiquito le tocó buscarse la vida en una época —la posguerra española— y en una ciudad —Málaga— que tenía el mayor índice de analfabetismo de España justo al terminar la Guerra Civil. Sin apenas posibilidades para estudiar, se convierte desde muy pequeño en una especie de pícaro que canta flamenco y baila para poder comer. Y es en este ambiente de picaresca y fiesta flamenca donde su lenguaje va cogiendo forma.

Chiquito se hace un maestro en el arte de lo que Márquez denomina «la guasería», que sería «un palo invisible del flamenco que se refiere a la guasa que rodea a la fiesta flamenca». «Muchos cantaores, como Beni de Cádiz, Chano Lobato o Juan El Camas, tenían chispazos de ingenio y jugaban con el lenguaje. Probablemente, Chiquito se queda con muchas cosas que oye alrededor, que forman parte de este ingenio popular», explica a Archiletras el periodista malagueño.

El escritor Javier Pérez Andújar afirma que «ningún artista crea de la nada. Todos toman cosas de su vida. Su manera de hablar viene de ciertas zonas de Málaga. Seguro que la gente de su edad, de su entorno, hablaba de manera similar. Estoy convencido de que ‘fistro’ no lo inventó él, de que ‘hasta luego, Lucas’ lo oiría por la calle. Chiquito viene de una tradición léxica y gramatical que es la de las clases populares».

Para el escritor catalán, Chiquito era como una «metralleta de palabras, que va soltando todas las palabras que se le ocurren, de las que no puede valerse porque no ha tenido acceso a la escolarización. Es irónico, sabe que la única herramienta que tiene es el lenguaje precario y lo defiende como puede, con gracia, contra viento y marea. Y la gente se ríe».

«Lo débil siempre es humorístico, sobre todo, porque se le mira con desprecio y hace reír. Lo que pasa es que él consigue que no sea víctima del humor, sino causa del humor. Dice ‘fistro’ e igual lo que quiere decir es ‘esfínter’. Es una palabra que dice y quizás no sabe ni lo que quiere decir», añade Pérez Andújar, quien recuerda con simpatía al cómico.

El humorista andaluz es también un revolucionario por la manera de contar los chistes, e inventa, según Summers, «el chiste meseta», ese en el que la risa dura desde el comienzo hasta el final. «En Chiquito, hacía más gracia su lenguaje que el chiste en sí mismo. Cervantes hace lo mismo con Sancho Panza: le hace hablar con lenguaje popular y la gente también se ríe», apunta Pérez Andújar.

En su forma de comunicar, el aspecto físico y el lenguaje corporal también fueron muy importantes. A su escaso cabello engominado y a sus camisas extravagantes, que eran, en realidad, el atuendo de palmero que había llevado durante toda su vida, sumaba una forma de andar única en la que intercalaba brincos, pasos simples y cortos mientras se sujetaba las lumbares (fingiendo tener dolores), patadas karatekas o pasos de baile flamenco.

Para Héctor Márquez, «su forma de actuar es la propia del cantaor flamenco que se encuentra a gusto en el escenario, sin miedo a lo que pueda decir cualquier crítico. Además, parecía que entraba en posesión y era como si le vinieran las palabras. Una especie de creación chamánica, un puzle surrealista».

Precursor de los influencers

El humorista fue un fenómeno viral antes de que se produjera el boom de Internet y de las redes sociales, y se convirtió en un icono pop casi a la edad de la jubilación, a los 62 años. Eminente estrella televisiva, llegó también a ser protagonista de tres películas en el cine. Su imagen se podía ver en cualquier producto: camisetas, muñecos, cintas o incluso en unos snacks llamados «fistros» que incluían de regalo unas figuras circulares, muy de moda en los 90, denominadas «tazos». Como no podía ser de otra forma, los «tazos» del cómico, que venían con caricaturas y expresiones suyas, fueron bautizados como «chiquitazos».

A pesar de convertirse en un producto de marketing, Sergio Mora, autor del libro Las legendarias aventuras de Chiquito (editorial Temas de Hoy), destaca que «Chiquito derribó todas las teorías que afirman que todo se hace con el objetivo de vendernos algo y se metió directo en nuestro subconsciente y en nuestros corazones, sin necesidad de ningún algoritmo; solo con pureza, autenticidad, cariño y buen humor».

Al ilustrador catalán, que recrea en su libro las vivencias del cómico y repasa, a través de ellas, la Historia reciente de España, lo que más le llama la atención es la influencia que han tenido las palabras inventadas y expresiones de Chiquito, «pues han pasado a formar parte del lenguaje de todos».

Pero ¿realmente sigue viva hoy su influencia en nuestro modo de hablar? Para Márquez, «no es como al principio, que toda España se ‘achiquitó’, pero creo que hay mucha gente que todavía mantiene su espíritu y le auguro bastante salud a lo que podemos denominar el chiquitistaní 3.0. Es, sin duda, uno de los artistas que más expresiones ha aportado al lenguaje popular, con una enorme diferencia. Se siguen utilizando y enarbolando como una cierta bandera de orgullo».

Las nuevas formas de lenguaje popular parecen dar la razón a Márquez. Chiquito sigue vivo ahora en los memes y en los gifs de las principales redes sociales. Recientemente, a finales de 2020, un antiguo vídeo suyo en el que felicitaba las fiestas navideñas ha vuelto a hacerse viral. Ha calado en una generación que ni siquiera había nacido cuando él conoció la fama y que, de una manera más o menos consciente, conoce alguna de sus expresiones.

Es posible que su influencia en el lenguaje de humoristas actuales y de éxito como los de Muchachada Nui, especialmente en las imitaciones de famosos de Joaquín Reyes, haya contribuido a alargar la vida de su lenguaje. Que webs satíricas como El Mundo Today hayan tirado de sus giros lingüísticos en numerosas ocasiones, como en este titular: «Tráfico sustituye la señal de ‘Stop’ por la señal de ‘Quietor’ en todas las calzadas», también debe de haber ayudado.

Tomás Summers suma también un factor de intercambio cultural intergeneracional: «Yo creo que su lenguaje no va a desaparecer. En las familias, casi siempre hay algún miembro que sigue diciendo «te das cuen» o «fistro», y los más pequeños sienten curiosidad por saber de dónde viene esa forma de hablar. Además, su lenguaje siempre sirve para dar un toque divertido a la conversación».

Javier Pérez Andújar no es tan optimista sobre el futuro del chiquitistaní: «Su influencia, como todo aquello que pertenece a la cultura de masas, es efímera. Permanecerá en un segmento de la población que vivió en el momento de su boom. Yo, por ejemplo, que seguí toda su carrera, mantendré sus expresiones siempre, pero, si coges ahora mismo a un chaval de veinte años, es probable que no sepa de lo que le estás hablando».

Está por ver si el lenguaje, en constante evolución, es capaz de conservar esa manera de hablar, porque está la cosa muy marl y el paso del tiempo no lo cura ni el doctor Grijando, ¡por la gloria de mi madre!

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Rasgos lingüísticos del chiquitistaní

El universo lingüístico creado por Chiquito fue tan grande que ha llegado a ser considerado como un idioma propio, el chiquitistaní. Entre los rasgos lingüísticos más comunes de esta peculiar lengua, destaca el hecho de que muchas de las palabras pueden terminar en «r» o en «rl» en lugar de en vocal. Tal es el caso de términos como «papar» (papá), «cómorl» (cómo) o «quietorl» (quieto). Otra característica es la introducción de neologismos con la intención de evitar decir groserías. Así, expresiones como «fistro vaginal», «amatoma sesuarl», «la caída de Roma» o «guarrerida española» servirían para suavizar algún chiste un poco subido de tono. Son habituales también los usos de interjecciones inventadas que funcionan como introducción o conectores del discurso: «jarl» o «epetecandemorl», por citar un par de ellas. Su lenguaje, que tiene el valor de ser polisémico, intercala chillidos agudos capaces de romper la barrera del sonido. A continuación, rescatamos lo que podría ser un breve diccionario de chiquitistaní:

acandemor Muletilla que puede utilizarse en cualquier frase. Chiquito la usaba muchas veces como introducción a sus chistes.

al ataquerl Expresión usada para animar, para incitar; algo así como «¡vamos!»

amatoma Hematoma, moratón. Puede ser «sexual».

cobarde Sin valor para afrontar situaciones peligrosas. Suele ser también un pecador.

¿cómorl? Expresión de gran sorpresa.

cuidadín Palabra que advierte de un peligro y que apela a la prudencia. Puede ser sinónimo de «quietorl».

diodenal Adjetivo calificativo de fistro.

fistro Según explicó Chiquito en una entrevista, «es una palabra planetaria, procede de una galaxia de 1801». Cualquier cosa, persona o animal puede ser un fistro: «un fistro pecador», «un fistro de cine», «un fistro de mono», «un fistro sesuarl», «un fistro diodenarl».

guarrerida española Relación sexual libre a la interpretación del espectador.

hasta luego, Lucas Forma de despedida habitual en chiquitistaní.

jarl Interjección que indica sorpresa.

meretérica Según Chiquito, versión de la Benemérita, la Guardia Civil.

no puedorl Imposibilidad de hacer algo acompañada de saltos y movimientos hacia detrás y hacia delante para indicar la frustración o el estado anímico resultante de esa incapacidad.

no te digo trigo por no llamarte Rodrigo Expresión que sustituye a un insulto grosero.

pecadorl Persona que se sale del camino correcto, no solo en cuestiones religiosas. Suele ser adjetivo de fistro y de cobarde, pero funciona como sustantivo si el que peca está en la pradera: ¡pecadoooorl de la pradera!

 

Este reportaje es uno de los contenidos del número 11 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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