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09 Oct 2019
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Reportajes

Auge y caída del español neutro: ¿hacia un castellano digital?

Raquel Marcos

¿Existe el español neutro? ¿El español que hablarán las máquinas será el que determinen Google o Apple? Intentamos responder a estas cuestiones

La lengua existe para contar historias: El español lleva siglos contando las de cientos de millones de personas que, pese a la diversidad y la lejanía, participan de una identidad fluida y flexible y se entienden en un mismo espacio que es su idioma común. Desde hace décadas, la radio, la televisión y el cine han hecho que los hispanohablantes compartan información audiovisual, ocio y cultura, algo que ha crecido de manera exponencial con Internet. Cuando Tim Berners-Lee creó la Red, en 1990, cambió el mundo y también interconectó a un universo que tiene ahora casi 600 millones de hispanohablantes.

Desde que esta comunidad global panhispánica se convierte en mercado se ha buscado, debido al valor y las repercusiones económicas del idioma, un español inteligible para cualquier hispanohablante y libre de localismos. Uno de los primeros ejemplos de su aplicación fueron las películas de animación de Walt Disney, que durante décadas solo se doblaban a un castellano lo más neutro posible. Como explica Montserrat Mendoza, de la Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya, «entre 1928 y 1929, los productores estadounidenses decidieron manipular el castellano para crear un español sin las características específicas de una sola cultura, y lo bautizaron como ‘español neutro’. Rio Rita, de Luther Reed (1929), fue el punto de partida».

Español traducido al español

Disney es el estudio más vinculado a este primer español neutro, debido a la obsesión del locutor de radio mexicano Edmundo Santos, encargado de dirigir los doblajes de la factoría, por la homogeneidad fonética. Disney solo utilizaba acentos y palabras locales para enfatizar el carácter de ciertos personajes. Durante décadas y hasta La sirenita (1989), todos los filmes se doblaron solo a este español neutro. Desde La Bella y la Bestia (1991), Disney decide canalizar todo el proceso a través de Character Voices, que crea dos versiones en nuestro idioma: una en español peninsular, doblada en España, y otra en español latino, doblada normalmente en México, aunque películas como Los increíbles (2004) han tenido también su versión argentina.

La historia de los subtítulos en español neutro tuvo su último y polémico capítulo cuando la plataforma de streaming Netflix decidió subtitular al español Roma, de Alfonso Cuarón, que está rodada en una mezcla de español y mixteco. Pero no solo se rotuló el mixteco, también el español mexicano se tradujo a un español peninsular. «¿Era necesario aclarar que ‘enojarse’ significa ‘enfadarse’? ¿No pueden deducir los espectadores de Burgos o de Sevilla que cuando un mexicano teme que su jefe le despida diga que lo ‘van a correr’?», se pregunta Ígor Rodríguez-Iglesias, profesor del Área de Lengua Española de la Universidad de Málaga. Las protestas llegaron desde el propio director a los espectadores españoles, que se consideraron tratados con condescendencia. Todos coincidían: cualquier hispanohablante entiende a otro sin dificultad.

De esa riqueza de la lengua compartida y la facilidad para entendernos en esa diversidad habla un libro coordinado por el periodista Álex Grijelmo y el académico de la lengua José María Merino: Más de 555 millones podemos leer este libro sin traducción (Taurus). La lengua española presenta una general unificación de estructuras y reglas y, al tiempo, una enorme riqueza de vocabulario. La existencia o necesidad del español neutro tiene que ver con lo analizado en esta obra: la dispersión y variedad del español, su valor económico y sus previsiones de crecimiento y su desarrollo (y la lucha por no perder preponderancia) en Internet. En este contexto, el investigador mexicano Raúl Ávila, por ejemplo, recuerda que en español «apenas 20 de cada 10.000 palabras gráficas son de uso no general».

Esfuerzo doble

En la actualidad, es evidente que ya nadie defiende aquello de que es en España donde se cuece y fija el idioma, y la pujanza del español en América Latina ha dado lugar a un proyecto común hispanoamericano. De nuevo, es Internet el medio ideal para restablecer relaciones y reforzar lazos. «No solo por el bien del idioma y la cultura, también por la riqueza económica del español y el interés en formar parte de un mercado hispanoamericano competitivo», opina Roberto Rey Agudo, director del programa de idiomas del Departamento de Español y Portugués en la Universidad Dartmouth y miembro del programa Public Voices Fellows de Op-Ed Project.

La estrategia panhispánica ha aunado los esfuerzos de todos los países en torno al idioma y se ha pasado de considerar que debe existir un español neutro, que no es otra cosa que el hegemónico, a defender la unidad dentro de la diversidad. Desde los noventa, las políticas y las normas lingüísticas, incluido el contenido de los diccionarios, gramáticas y ortografías, están sometidas a un amplio consenso, un logro de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). «El panhispanismo, como vía para comprender lo que es hoy el español, se sustenta sobre la idea compartida de que no puede reconocerse un solo centro de dominio lingüístico que regule el uso del idioma», explica Rey Agudo.

La unidad del español es así la manifestación de una voluntad colectiva de todos los que lo hablan y consideran su lengua materna, y una sensación común de pertenencia a un mundo cultural rico, diverso y único. No hay que olvidar que la lengua española es el segundo idioma internacional por el número de hablantes nativos (casi seiscientos millones), la tercera en número de hablantes totales y la tercera también por su presencia en la Red, después del inglés y el chino. De los casi 4.000 millones de usuarios de Internet que existen en el mundo, un 8,1% se maneja principalmente en español. Solo un país de habla hispana, México, se encuentra entre los 10 con mayor número de usuarios. El español es la segunda lengua más utilizada en redes sociales como Facebook o Twitter. Sin embargo, para las entradas en Wikipedia, aunque mantiene la segunda posición en consultas, ocupa el noveno lugar en cuanto a elaboración de artículos. Son datos del estudio El español: una lengua viva, realizado en 2018 por Daniel Fernández Vítores, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, para el Instituto Cervantes.

¿Es posible que sea su riqueza y el hecho de que sea una lengua mestiza, con diferentes acentos y modulaciones, lo que dificulta en parte su liderazgo en la Red?

El desafío del español digital

Antes de responder a esta cuestión, volvamos al por qué se crea de modo un español neutro, un artificio que, en realidad, resulta ajeno a todos los que hablan el idioma: un claro fundamento comercial y de desarrollo en Internet. «Es mucho más barato hacer una sola traducción al español que hacer dos, tres o veinte de programas, manuales de instrucciones, textos complementarios, publicitarios, promocionales, científicos, documentación de ayuda, material de formación y cursos… y se promueve así el entendimiento e intercambio de materiales entre varios países. Pero no es algo trasladable al hablante normal», opina Felisa Verdejo, catedrática de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UNED.

Con esto llegamos a otro gran hándicap del español neutro: en muchas ocasiones es creación de multinacionales, especialmente las grandes tecnológicas, que son los que más invierten en la traducción al español: manuales, guías de estilo, departamentos de supervisión lingüística, investigación, creación de terminología… Si Microsoft traduce file como archivo o to click como clicar, el mundo hispanohablante acabará diciendo archivo y clicar, sin que las Reales Academias puedan poner demasiadas objeciones. Así que el español neutro, o si se prefiere hegemónico, dependerá también de los términos españoles que decidan utilizar Google o Apple.

Con la velocidad que han adquirido las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales, se crean términos con rapidez y se trasladan de manera casi automática al español. Al estar el origen de Internet en el mundo anglosajón, es más sencillo que el resto de los idiomas incorporen sus términos. Por eso existe el peligro de que nuestro idioma esté construido por multinacionales y desarrolladores de idioma y cultura anglosajonas.

Sin embargo, el potencial de crecimiento del uso del español en Internet sigue siendo muy superior al del inglés, lo comenta sobre la base de otro dato del informe Fernández Vítores: el inglés ha crecido un 632% frente al 1.696% del castellano. «Para que el español resulte atractivo a los hablantes de otras lenguas no hay que expresarse en español neutro, hay que generar contenidos originales y de calidad en español. Si se quiere, en un español correcto del que se eliminen las palabras y giros demasiado locales, pero que respete la riqueza del idioma», aconseja Rey Agudo.

El Informe sobre España 2019, publicado en marzo por la Comisión Europea, analiza los planes de reforma presupuestaria, macroeconómica y estructural para realizar recomendaciones específicas para el siguiente año. Reclama mayores inversiones, tanto públicas como privadas, en la digitalización y la eficiencia de los recursos para reforzar la competitividad y la capacidad de innovación de la economía. Y aquí llegamos al famoso valor económico del español.

Felisa Verdejo opina que «la proyección de futuro del español depende de la fuerza de este idioma en el mundo, del crecimiento económico de los países de América latina, de la producción cultural y científica en español y de cómo evolucione este idioma en EE. UU. (país que pronto llegará a ser el segundo hispanohablante del mundo)».

La cuestión del acento estándar

Del mismo modo que se habla del español neutro, y ligado a este, se crea el acento estándar o hegemónico, basado en la idea de que
existe una manera correcta en la que las palabras en castellano deben sonar. «Más aún, que el acento perfecto es aquel que es inaudible e invisible. Desde un punto de vista sociolingüístico, no tener acento es imposible. Todos tenemos acento, hasta los nacidos en Burgos y Valladolid, y no hay que darle más vueltas. El acento es tan solo una manera de hablar que toma forma mediante una combinación de geografía, clase social, educación, etnicidad e idioma materno», explica Rey Agudo.

En realidad, cuando decimos que alguien tiene acento, nos referiremos a que tiene un acento no originario del lugar en el que nos encontramos o a que posee un ‘acento no estándar’. «La gente discrimina según el acento de su propio grupo. El estatus privilegiado del acento estándar se origina en unos mayores niveles de educación y riqueza. El acento dominante, el que se escucha con mayor frecuencia en los medios, es el que se considera neutral», explica Rey Agudo. Para los lingüistas, estas distinciones no tienen sentido, aunque los hablantes las tenemos tan interiorizadas que nos sirven con frecuencia para expresar prejuicios y discriminaciones. Así lo cree Ígor Rodríguez-Iglesias: «Las características lingüísticas de una persona o de un grupo humano son indicadores, índices, como indica Michael Silverstein, a partir de los cuales se construye una idea sobre esa persona o ese grupo, idea que conduce prácticas sociales específicas como la discriminación, que se manifiesta de diversos modos y con repercusiones que afectan a cuestiones tan importantes como el autoestima, el no conseguir un trabajo (como hemos documentado en nuestras investigaciones) o la desvalorización no solo de cómo se dice, sino de lo que se dice».

Rodríguez-Iglesias pone un ejemplo. En un programa de máxima audiencia al que acuden dos científicos de la Universidad de Granada para presentar los resultados de su investigación, el presentador les pregunta en primer lugar por su forma de hablar: «¿Hablas así porque quieres o hablas así porque hablas así?». «No, es nuestro acento», responde uno de los científicos. «Ante científicos de Burgos, Madrid o Valencia nunca se hubiera bromeado ni preguntado tal cosa. Pero ocurre con los andaluces, como si aquí viviéramos cerca de nueve millones de personas casi sin entendernos entre nosotras. Pensar eso no es que sea raro, es racista».

¿Qué español hablarán las máquinas?

Alexa

Las nuevas interfaces de voz plantean un reto más a la hora de definir el español que van a utilizar en su interacción con los usuarios. «Los altavoces inteligentes y asistentes de voz de móviles y coches conectados darán al español una nueva oportunidad para su desarrollo en Internet», opina Pablo Fernández Delkader, responsable de innovación de Prisa Radio, quien se muestra optimista ante el reto de «aprender a comunicarnos con ellos, intervenir y crear algoritmos del lenguaje, establecer códigos universales que permitan una comunicación más humana y fluida».

Desde luego, estamos hablando de una gran oportunidad: según las predicciones de Comscore para 2020, 50% de todas las búsquedas serán hechas mediante la voz. El 43% de los contenidos culturales e informativos, la música y los libros son ya buscados en Internet a través de la voz. Hay que tener en cuenta que dispositivos como Amazon Echo o Google Home, además de búsquedas y ejecución de órdenes de compra, son capaces de reproducir audiolibros, podcasts, noticias y contenidos educativos. «A través del machine learning, estos dispositivos aprenderán de sus usuarios y del español que estos usuarios utilicen en su interacción, y aprenderán las peculiaridades y variedades del español. Lo importante es que la experiencia de los usuarios hispanohablantes, sea cual sea su origen, sea lo más óptima posible», cree Fernández Delkader.

«Las empresas que ya están desarrollando servicios de interacción en español lo hacen con una tecnología (aprendizaje automático) de procesamiento de lenguaje basada en datos recogidos de interacciones reales de los usuarios con sus servicios. No es de extrañar que sean Amazon, Google o Facebook las que estén tirando de este tren. El volumen de información que recogen, la inversión en I+D que realizan a escala global, y el número de centros e investigadores que dedican a ello sobrepasa con mucho lo que se invierte (público y privado) en todos los países hispanohablantes», explica Felisa Verdejo. Con este panorama, no es raro lo que Chema Alonso, de Telefónica, dijo en el VIII Congreso de la Lengua: «Dado el crecimiento vertiginoso de los programas de reconocimiento de voz, en el futuro podríamos tener niños con acento Alexa o con acento Siri». Lo que es evidente es que la inteligencia artificial no buscará por sí sola un lenguaje de calidad ni tampoco un lenguaje alternativo al predominante si entre todos no le imponemos que lo haga. Por eso proyectos como Aura, de Telefónica, priman el desarrollo de la inteligencia artificial en español. El objetivo es poder preguntar a nuestro asistente de voz por las noticias del día, el tiempo o el tráfico en un español correcto, rico y diverso».

 

Este reportaje sobre el español neutro es uno de los contenidos del número 4 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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