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08 Feb 2021
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Portugal

Las amistades peligrosas

Alfonso C. Cobo Espejo

El portuñol está plagado de ‘falsos amigos’, vocablos idénticos, pero con distinto significado en cada lengua. Un arma de doble filo que llena de trampas el camino

¿Es el español una lengua fácil de aprender para los lusófonos? La lógica parece llevarnos a una respuesta afirmativa inmediata, ya que la lengua española y la portuguesa comparten una cantidad considerable de vocabulario, debido, sobre todo, a que beben de la misma fuente latina. Sin embargo, la realidad de una clase de ELE con estudiantes lusófonos nos hace ser algo más prudentes.

Nair Andrade Neta, profesora de ELE en la Universidad Estatal de Santa Cruz en Brasil, advierte en su artículo «Aprender español es fácil porque hablo portugués» que la proximidad entre ambas lenguas es un arma de doble filo: «Por un lado, las semejanzas hacen que los lusoparlantes tengan mayor facilidad y rapidez para aprender español; pero por otro, serán muchas las trampas en las que pueden incurrir».

Una de las trampas más peligrosas es la de los falsos amigos, es decir, vocablos idénticos o semejantes en su forma gráfica y/o fónica, pero que divergen parcial o totalmente en cuanto a su significado en ambas lenguas. Estas amistades poco recomendables se dan entre otras lenguas romances, pero parece ser que el español y el portugués forman la pandilla más numerosa. En 1971, el filólogo Jack Lee Ulsh afirmaba que más del 85% del léxico portugués tiene cognados (términos emparentados morfológicamente) en español. Y seis años antes, su colega Stephen Richman había realizado un exhaustivo estudio comparativo del que podía extraerse que el español comparte el 96% de sus palabras más frecuentes con el portugués.

En estos tiempos en que es más necesaria que nunca mantener una distancia de seguridad entre personas, conviene hacer lo propio con esta clase de amigos. De no ser así, surgirá lo que llamamos informalmente portuñol, un híbrido en el que «el hablante asume que tiene un nivel de interlengua suficiente para comunicarse y ya no busca progresar», asegura Neta.

Más complejo de lo que parece

Philippe Humblé, profesor en la Universidad Libre de Bruselas, en su artículo Falsos cognados, falsos problemas, estudió en profundidad estas amistades peligrosas. El autor belga sostiene que el problema de los falsos amigos es más complejo de lo que parece. Tradicionalmente, se limita a pares de palabras que son iguales, pero significan otra cosa. Sin embargo, «los verdaderos problemas causados por la proximidad de las dos lenguas están en diferencias de registro, de coincidencia parcial de los campos semánticos o de usos gramaticales diferentes».

Nuestra propia experiencia en clase de ELE con estudiantes brasileños corrobora la tesis de Humblé: unos amigos son menos traicioneros que otros. Es el caso de palabras como borracha, que, en español, es un adjetivo que define a una persona ebria; mientras que, en portugués, es un sustantivo que significa caucho, ‘goma de borrar’. Ocurre igual con el término presunto, que, en español, es un adjetivo que usamos para acompañar a una persona sospechosa de algo; mientras que, en portugués, es un sustantivo y quiere decir jamón. Este tipo de términos, muy numerosos, serían esos amigos que se quieren hacer los graciosos, pero que el contexto y la realidad ponen pronto en su sitio, haciendo que la confusión resulte poco probable y, si la hay, sea anecdótica.

Más canallas son aquellas palabras que también son casi idénticas, significan lo mismo, pero se usan en registros diferentes. Los verbos aclarar y esclarecer son un buen ejemplo. Esclarecer se usa en las dos lenguas para acompañar a asesinato (español) y assassinato (portugués), pero estos verbos tienen un matiz de significado diferente si la palabra que necesita compañía es duda: en español se usa aclarar, mientras que, en portugués, esclarecer. Es posible que esclarecer una duda no sea incorrecto, pero puede no ser una traducción exacta en lo que a registro se refiere. Según expone Humblé, «hay centenares, incluso miles, de amigos falsos de este tipo que no hacen que nos entendamos mal, sino que no nos comuniquemos de una manera adecuada».

Lástima ilustra un tercer modelo de villano lingüístico, el de aquellas palabras que son idénticas y significan lo mismo en casi todas sus acepciones, pero en una o más son diferentes. En portugués, además del mismo significado que en español, lástima tiene un sentido despreciativo (pérdida de tiempo, desgracia, horror) inexistente en castellano. Así que no es de extrañar escuchar en boca de un aprendiz brasileño frases como «la televisión brasileña es una lástima».

Dejamos los amigos más rebuscados para el final. Van en pareja, se oponen en cada una de las lenguas, con definiciones aparentemente idénticas, pero presentan restricciones gramaticales y/o léxicas diferentes. Hablamos, por ejemplo, de la dupla hablar y decir en español; frente a falar y dizer, en portugués. Tal y como explica Humblé, la diferencia entre dizer y falar es, principalmente, una cuestión de registro. Dependiendo del contexto, dizer es más formal que falar. Sin embargo, por las semejanzas de sentido, existe una gran tentación de usar dizer cuando se usa decir, y falar cuando se usa hablar. Oficialmente estos verbos no son falsos amigos. Sí lo son en el sentido en que no comprometen la comprensión, pero sí la naturalidad. «Falei tudo que queria» es «(le) dije todo lo que quería».

Visto el panorama, no se nos ocurre mejor cierre que utilizar una de las palabras que Kapuscinski aprendió del portugués de Angola. Su interesante definición da para otra crónica y puede leerse en su novela Un día más con vida: ¡la confusão está servida!

 

Esta crónica es uno de los contenidos del número 9 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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