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21 Abr 2020
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Unión Europea

España se suma a la batalla lingüística de la UE post-Brexit

Cristina T. Guimarey

Muchos se preguntan si se tomarán medidas después de que el mayor valedor del inglés se vaya de la UE o si, por el contrario, los países con más poder reforzarán sus respectivas lenguas

La Unión Europea afronta en 2020 la dilatada recta final de una de sus crisis de identidad más crudas: la salida del Reino Unido del club tres años y tres prórrogas después del referéndum que en 2016 puso en jaque a los 28 y abrió grandes interrogantes sobre el futuro del grupo tras el Brexit, también desde el punto de vista lingüístico. El inglés ha logrado posicionarse como lengua franca dentro del multilingüismo de la UE y dominar el día a día de las instituciones entre las conocidas como lenguas de trabajo: inglés, francés y alemán.
Muchos se preguntan si el bloque tomará medidas después de que el mayor valedor del inglés se vaya; o si, por contra, algunos de los países con más poder aprovecharán esta oportunidad para reforzar la presencia de sus respectivas lenguas en las instituciones. Una batalla lingüística en la que España pide paso con estandarte latino.

Sin duda, el multilingüismo es una de las señas de identidad de la Unión y sus 24 idiomas oficiales son, efectivamente, iguales ante el papel, pero no en la práctica.

Para la directora del Instituto Cervantes en Bruselas, Ana Vázquez Barrado, en esta pérdida de equilibrio en favor del inglés fue clave la adhesión que entre 2004 y 2007 protagonizaron los países de Europa del Este. Su entrada duplicó las lenguas oficiales del bloque y marcó el momento en el que idiomas como el español empezaron a perder peso.

«Hoy la presencia del español como lengua original de redacción (en la UE) es muy reducida y es una lengua traducida. Esto ha supuesto la ausencia de una impronta cultural en las instituciones», explica a Archiletras Vázquez Barrado. Por eso, considera que el mayor desafío de la entidad que dirige es procurar que el español alcance un reconocimiento en la Unión más acorde con su estatus en el mundo. Y para ello, ya preparan una ofensiva.

«Si bien el español es la segunda lengua más hablada del mundo, por detrás del chino mandarín, y la más utilizada en sitios de Internet como Wikipedia, Twitter o Facebook, baja a la tercera posición en su uso general en la red y a la cuarta en ámbitos diplomáticos y políticos, por detrás del francés».

Los franceses fueron, precisamente, los primeros que reivindicaron que su lengua volviese a ser dominante en las instituciones comunitarias. «El inglés ya no puede ser el idioma de trabajo en el Parlamento Europeo», llegó a decir el entonces eurodiputado galo Jean-Luc Mélenchon; sin embargo, que la lengua de Quevedo gane presencia en la Unión es un tema que aparece y desaparece en la agenda política española mientras su peso en la capital comunitaria parece diluirse.

Entre las acciones más sonadas de España para defender el estatus de su lengua en la Unión destaca su oposición, hace casi 10 años, a que con una única petición ante la Oficina Europea de Patentes, con sede en Alemania, esta fuese reconocida por toda la Unión sin necesidad de traducción. España e Italia se negaron, pero solo los ibéricos reclamaron ante la justicia europea, que falló duramente en contra. Desde hace unos meses, España impugna también todas las convocatorias europeas de empleo que discriminan su lengua, en esta ocasión, con más suerte ante los tribunales.

«Es urgente actuar y disponer de los medios y recursos necesarios. Esto debe formar parte de las políticas de Estado de forma continuada», afirma Vázquez Barrado. Una cuestión que, a su juicio, pasa por exigir el mismo trato otorgado a los idiomas de procedimiento, la creación de un observatorio de la lengua española en los organismos internacionales que investigue, proponga acciones e intervenga en el nivel político cuando se produzcan desajustes en su uso y fije estrategias junto a países «hermanos de lengua», pues «uno de los mayores activos del español está en América».

En esta línea apunta también el eurodiputado socialista Ibán García del Blanco. Para él, la diferencia del español con las otras 23 lenguas oficiales es que la nuestra es especialmente útil para la proyección hacia Latinoamérica, con el acuerdo UE-Mercosur recién salido del horno y un español pujante en Estados Unidos. Por eso, considera que la salida del Reino Unido es una gran oportunidad para que el español gane el peso específico que le corresponde a un idioma que hablan 580 millones de personas.

«No se trata de que sustituyamos el inglés como lengua franca, ni siquiera que la sustituyamos como lengua oficial, se trata de que se sume el español a esa terna y que sea un cuarteto de lenguas de trabajo de la Unión», explica García del Blanco. El eurodiputado es consciente de que la mayor o menor presencia en Bruselas de una lengua tiene mucho que ver con el debate político y asegura que, tras el Brexit, España va a ser un agente muy importante de la Unión.

La lengua de Juan Ramón Jiménez, García Lorca o Bécquer ya es la más utilizada en las reuniones de Eurolat, la Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana, pero hay que ver si España libra la gran batalla. García del Blanco asegura que hay movimientos, aunque por el momento las conversaciones con otros representantes políticos españoles han sido informales. El parlamentario confía en que se logrará conjugar un frente español sin disensiones.

 

Este artículo es uno de los contenidos del número 6 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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