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06 Ago 2020
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Marruecos

Cultivar el terreno para que florezca el idioma

María Jesús García González

El español ha ido perdiendo fuerza en la enseñanza pública marroquí en favor del francés y del inglés. Hay que abonar el terreno de la formación secundaria y universitaria para darle un nuevo impulso

Unos cuantos escritores marroquíes, que utilizan el español como lengua de creación literaria, mantenían hace unos días en el Salón del Libro de Casablanca un apasionado debate sobre las razones que les han llevado a realizar ese acto tan íntimo como es escribir en una lengua distinta de su lengua materna.

Mohamed El Morabet, Aziz Amahjour, Ahmed El Gamoun y Mohamed Abrighach, convocados por el Instituto Cervantes, esgrimieron diferentes motivos para esta decisión, pero todos confluían en uno: la razón es sentimental. «Es la lengua, el español, la que me ha elegido a mí», decía el veterano profesor El Gamoun. «Ella me atrapó y me llevó a su territorio».

Hay que sentir mucho un idioma para estar cómodo en él a la hora de inventar historias, rememorar la infancia o expresar pasiones y sentimientos. Los marroquíes tienen un vínculo cultural con España y con su lengua que viene determinado por la vecindad geográfica y por la historia, por esa estrecha frontera que nos une y nos separa y que es un lugar permeable donde la lengua, como el agua, empapa y nutre la tierra del otro.

Algunos de ellos, los del norte, recordaban los programas infantiles de la televisión española, cuya señal les llegaba, o los juegos en la calle, en Larache, en Alhucemas, en Tetuán… para remontarse a sus primeros recuerdos del uso de la lengua de Cervantes.

Los datos recientes de los seis institutos Cervantes que hay en Marruecos, entre ellos el de Casablanca, desde donde escribo, muestran que más de 11.000 alumnos estudian actualmente español en sus aulas. Marruecos es el segundo país del mundo con mayor número de sedes del Instituto Cervantes, después de Brasil. Y son más de 4000 los estudiantes marroquíes que están matriculados en los once colegios españoles ubicados en el país y que lo utilizan como lengua vehicular desde la educación infantil al bachillerato, según datos de la Consejería de Educación de España.

Hablar español es un hecho diferenciador en el curriculum, sobre todo si lo que se desea es estudiar en universidades españolas, adonde van unos 6000 alumnos marroquíes al año.

Sin embargo, el panorama no es tan alentador como podría parecer: el español ha ido perdiendo fuerza paulatinamente desde 2006 en la enseñanza pública marroquí en favor del francés (lengua dominante) y del inglés (elegido como primera lengua extranjera). Las clases de español en la escuela secundaria cuentan con muy pocos alumnos, hasta el punto de que los profesores de español están perdiendo sus trabajos en los institutos o están realizando otras tareas de apoyo.

Los docentes marroquíes añoran los años 90 en los que la cooperación española los mimaba con cursos y becas de formación en España, con dotación de material para los centros y con premios para los alumnos destacados. El descenso de inspectores de español en todo el territorio (actualmente tres frente a los casi treinta que tuvieron en el 2000) da una idea de la pérdida real de peso de nuestra lengua en el conjunto de la enseñanza reglada.

No se percibe lo mismo en los institutos Cervantes, donde en los dos últimos años remonta el interés por nuestro idioma y, consecuentemente, el número de alumnos que se matriculan en sus aulas, animados por el deseo de viajar por Europa (tomando España como puente) y de buscar oportunidades de trabajo.

Sin echar las campanas al vuelo, se observa que España empieza a ser de nuevo un ‘horizonte deseable’ para viajar y trabajar. La crisis económica había anestesiado el interés de viajar a España, arrastrando también la motivación por aprender la lengua.

España es el primer socio comercial de Marruecos, según el feliz lema de los discursos institucionales, y que avalan los datos de la Oficina Económica y Comercial de España en Casablanca, ya que hay 20.000 empresas que exportan anualmente sus productos a Marruecos y unas 500 filiales de empresas españolas están instaladas en el país. Muchos empleados marroquíes de estas empresas asisten a cursos de español en los Cervantes para poder relacionarse con sus matrices.

Conversando con padres de alumnos marroquíes que han elegido el español para la formación de sus hijos, se constata que, además del factor diferenciador, los vínculos culturales con nuestro país y la cercanía afectiva han contado en su elección. Estos padres animan a las universidades españolas a mostrar sus ventajas y a atraer a los bachilleres marroquíes hacia ellas.

Unos y otros argumentan que el terreno que hay que volver a abonar para dar un impulso a la lengua española se encuentra en el campo de la formación (secundaria y universitaria), teniendo en cuenta que los institutos Cervantes en Marruecos acogen sobre todo a un alumnado cuyo objetivo es alcanzar niveles de comunicación del idioma para desenvolverse en los viajes, el trabajo o el ocio.

 

Este artículo es uno de los contenidos del número 7 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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