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11 Feb 2021
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Alemania

La nueva fascinación por México sustituye a la de Mallorca

José Ángel González

Los alemanes de entre 20 y 30 años prefieren aprender el español de los países hispanohablantes de América. Latinoamérica es un destino atractivo y barato

Uno de cada cuatro habitantes de Alemania es de origen extranjero: 21,3 millones de personas sobre una población de 80. El país centroeuropeo es el cuarto entre las naciones de acogida de españoles: casi 178.000 viven en territorio alemán según datos de 2019, un 41% más que una década antes, cuando el impacto de la crisis económica era insoportable en España. Las cifras son equívocas sin contexto y no se debe atribuir la dimensión aritmética solamente a la escalada masiva de jóvenes españoles desesperados por la sangría laboral reciente. Uno de cada cuatro de los inmigrantes de la colonia hispana en Alemania lleva más de cuarenta años en el país y uno de cada tres reside aquí desde hace veinte. Es decir, por plantearlo con simpleza y pese a la tesis más repetida en algunos foros, solo la mitad son españoles que acaban de aterrizar.

Ni siquiera es verdad que el boom de la gran tribu viva su momento de mayor holgura. En 1975 en Alemania vivían nada menos que dos millones de españoles. Habían empezado a llegar en masa en 1960 por el acuerdo entre los gobiernos de la República Federal Alemana y la España de Franco para aportar mano de obra a la industria del milagro alemán. El padre de Carlos Álvarez Galindo llegó en 1970 a Bochum, en la cuenca del Rhur; la madre, dos años después. Eran «inmigrantes asistidos», como eran conocidos los que se acogían al plan. «Su idea era regresar a España, pero cuando nací yo todo cambió. Se quedaron aquí pensando que sus hijos tendrían más posibilidades en Alemania, un mejor futuro», dice este profesor de idiomas de 38 años.

El vinatero Aurelio Zaraín Martín se instaló en Berlín en circunstancias muy diferentes. En 1989, hizo un voluntariado de ayuda a discapacitados. Tenía cuatro horas libres cada día y fueron suficientes para que se enamorase de la ciudad. «Decidí regresar y pasar aquí una temporada. Me gustó el pulso de Berlín. Madrid, donde nací, estaba llena de estrés y esto era muy relajado, muy verde, mucho más alternativo», recuerda en su local del barrio de Prenzlauer Berg, la Vinería Carvalho. Cuando Aurelio llegó para quedarse, había intentado preparar el terreno con un curso de alemán de cuarenta horas: «No me sirvió de casi nada y los malentendidos fueron constantes». Necesitó varios años para sentirse cómodo con el idioma.

Para Carlos la situación fue más extraña. El idioma de casa seguía siendo el español y, al entrar en el colegio, no entendía lo que hablaban sus profesores y compañeros: «Aprendí alemán entre los 5 y los 7 años. Era el chico raro que no hablaba, no tenía amigos alemanes y me faltaba vocabulario». Sus padres «no llegaron a asimilarse lingüísticamente nunca» y todavía hoy, tras 50 años, ninguno de los dos se maneja con soltura en alemán. Están jubilados y viven medio año en Valsequillo (Córdoba) y otro medio en Bochum.

A ese sueño no confía en llegar Aurelio: «Siempre pensé en vivir entre Berlín y Madrid, pero ahora las dos ciudades son muy caras y ya no lo veo posible». Admirador confeso del escritor Manuel Vázquez Montalbán, bautizó las dos sucursales de la vinería Carvalho con el apellido del detective más conocido y de mejor paladar del noir español. No buscan este tipo de referencias los alemanes que acuden a los locales: «Son casi siempre gente que relaciona España con sol, playa, Mallorca… Es lo que llaman Fernweh, la nostalgia por lo lejano, la necesidad de viajar». En lo gastronómico han tardado en irse lejos y no siempre han acertado: «Falta una cultura de la comida. Se han abierto a otros lugares, es verdad, pero necesitan que un envoltorio adorne el plato. Si les sirves una comida buenísima en un plato blanco sienten que falta algo».

El modelo de ocio vacacional mallorquín no cuaja entre los alumnos jóvenes a los que Carlos ha dado clases de español. En los últimos años ha notado que los alemanes de entre 20 y 30 prefieren aprender el idioma según la gramática de los países hispanohablantes de América, con menos variedad de tiempos verbales y una fonética más ligera. «Hay una gran demanda de español entre universitarios que desean irse al extranjero y Latinoamérica es un destino atractivo y barato», dice el profesor y redactor de unidades didácticas. Esta realidad ha irrumpido, en dirección contraria, en detrimento de los enseñantes de castellano: «En los últimos dos años, el español de Latinoamérica es más popular que el de España y, como resultado, hay más trabajo para los profesores de allí. El español de México es el más buscado».

 

Esta crónica es uno de los contenidos del número 9 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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