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24 Mar 2022
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México

Acción Poética: 25 años llenando de poesía la calle

Laura García Arroyo

Escriben poemas en las tapias y muros, convencidos de que el arte puede transformar al ser humano. El movimiento nació en Monterrey, pero ya se ha hecho internacional

Lejos quedan los tiempos en los que la poesía era considerada un género difícil. Difícil para publicar, difícil para encontrar en librerías y difícil para equiparar a otros géneros en número de lectores, ergo, ventas. Buena culpa de este cambio la tienen los escritores y sus textos y múltiples proyectos para acercar a la gente a los versos.

Desde las aulas y hasta la calle se han sucedido diferentes ejercicios para atraer lectores y crear poetas en el género más antiguo de la historia de la literatura, convencidos de que el arte puede transformar al ser humano y dotarlo de herramientas para resistir en tiempos de crisis. La lista es larga y loable, pero ninguno tan longevo, tan internacional y tan vivo como Acción Poética, el movimiento nacido en 1996 en la ciudad mexicana de Monterrey, en la que a un joven de 27 años, llamado Armando Pulido Alanís, se le ocurrió escribir en una tapia de la calle uno de sus poemas. «Si vas a decir algo, que sea importante, que se vea bonito y que sea reflexivo», decía su compromiso social como poeta. Había quedado con varios amigos para hacerlo, pero a la media hora nadie se presentó, así que lo hizo solo. De eso han pasado 25 años, tantos que ni se acuerda de en que muro fue ni que poema pintó. «Hablaba de un delfín, del mar y del amor (me imagino que se refiere a Mi discurso mientras pestañeas), pero era tan largo que tuve problemas para terminarlo». Y la gente, para recordarlo. Por eso pronto decidió que había que establecer algunas normas básicas. Pared blanca, letras negras y versos de no más de ocho palabras. Acción Poética había nacido. Aunque en la prensa la experiencia terminara como una nota roja y descrita como vandalismo poético.

Muchos creen que el nombre del movimiento tiene que ver con las iniciales de sus apellidos pero en realidad es bastante más sencillo: «Toda acción genera una reacción y la poesía es buen medio para ver qué reacciones puede causar entre los transeúntes de una urbe. Me gusta que se sorprendan».

Hoy ya ha perdido la cuenta de en cuántas ciudades se ha replicado el fenómeno, se enorgullece de saber que muchas personas sienten el impulso de escribir poesía en las bardas y lamenta que en las redes sociales muchas páginas se hagan pasar por él. Pero acepta sereno que es parte de formar un movimiento tan grande y tan colaborativo.

La mayoría de la gente se topa con estas frases, de autores conocidos y desconocidos, sin querer, en sus trayectos cotidianos y a veces esbozando una sonrisa al leer ciertos guiños en esas palabras. Frases que se han vuelto legendarias y que podemos reconocer al instante como: «Estamos a nada de serlo todo»; «Más amor, por favor»; «Ando tan textual que podría comerte a versos»; o una que se ha convertido casi en su lema: «Sin poesía no hay ciudad». Muchas de ellas son casi aforismos y tienen como eje central el amor, pero también se ha aprovechado para hacer campañas que tienen que ver con migración, como la vez que el muro fronterizo entre Estados Unidos y México se convirtió en lienzo en Tijuana y sacudió con frases como «La poesía intenta cruzar y cruza» o «De este lado también hay sueños»; conmemoraciones literarias, como los 100 años del nacimiento de Octavio Paz, o para levantar el ánimo, como es el caso de esta etapa pandémica y esas bardas que acercan la vuelta a la normalidad, una en la que nos podamos tocar, como la frase de Jorge Drexler tan mencionada en esta eterna cuarentena que dice «Ya volverán los besos, los abrazos dados con calma». Ahora incluso tiene una lista de muros que piden ser intervenidos, ‘donados’ para que Alanís Pulido llegue a brochazo limpio.

No pide permiso, prefiere pedir perdón, pero pocas veces ha tenido problemas con la policía o algún vecino molesto. Casi todos los que llegan charlan con él, agradecen conocer la cara detrás del proyecto, que embellezcan el lugar, se hacen fotos con él o incluso le externan quejas del barrio, pensando que trabaja para el gobierno. Le falta tiempo y, a veces, recursos, por eso suele aprovechar viajes de trabajo para meter un bote de pintura en el equipaje.

Algún contrato ha salido, del Gobierno de la Ciudad de México (aunque los terremotos de 2017 detuvieron el proyecto de pintar seis mil fachadas cuando iban por el 1307, que se dice pronto) o del festival de música Pa’l Norte, en Monterrey, otorgándole más ritmo si cabe a sus palabras. Marcas de pizzerías, café, panaderías, restaurantes o pinturas también han contado con él para publicidad.

Este 2021, Acción Poética está de fiesta. Este cuarto de siglo se celebrará con un documental y un libro, que están en proyecto, y con la invitación a seguir ampliando el mensaje en las bardas más inesperadas, creando una cadena textual que combine lo erudito y lo popular.

No nos cabe la menor duda de que Acción Poética es un buen aliado del fomento a la lectura en verso. Porque además, hay infinitas calles aún por poetizar…

 

Esta crónica es uno de los contenidos del número 13 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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