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11 Oct 2021
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Léxico profesional

«Calladita estás más guapa». Cuando el lenguaje se usa contra la autoestima de las mujeres

Charo Rueda

A Michelle Bachelet, tras ser elegida presidenta de Chile, le preguntaron en una entrevista: «¿No teme que sus hijos necesiten ahora ayuda psicológica porque usted no va a estar tanto con ellos?». La interpelada contestó que si le habían hecho esa misma pregunta a sus compañeros varones.

Cuando se habla de mujeres, el tema de los hijos se convierte con frecuencia en una suerte de micromachismo verbal, como si fuéramos las únicas responsables de los vástagos, que también tienen padre, o las principales responsables de no tener un trabajo por esa razón. Preguntas como esa son muy frecuentes cuando una mujer accede a un puesto y se le dice si piensa tener hijos pronto. O la rechazan porque el jefe considera que tener hijos pequeños la incapacita para el trabajo. Lo de ser buena profesional no importa nada.

El caso contrario también es objeto de chanza o recriminación verbal. La consabida frase «Se te va a pasar el arroz» que se les espeta a las mujeres que no tienen o no quieren tener hijos para hacerles notar que están traspasando la edad de ver cumplida «su misión en la vida» ha dejado momentos gloriosos en la historia de los ataques machistas.

La maternidad, pero también el físico antes que la inteligencia, o la peregrina consideración de que las ideas de las mujeres tienen menos valor que las de los hombres, que no saben de números ni conducir o que su única misión es la familia son objeto de comentarios hirientes con los que lidian a diario.

Estrella Montolío, catedrática de Lengua Española de la Universidad de Barcelona, miembro del Consejo Editorial de Archiletras y colaboradora del programa de Radio Nacional de España (RNE) No es un día cualquiera, dirigido por Carles Mesa, ha reunido en una fonoteca más de un centenar de ejemplos de estos ataques verbales.

En su sección «Todo es lenguaje» del programa de radio, Montolío pidió a los oyentes que enviaran sus experiencias continuando la frase «Un caso de violencia verbal contra las mujeres se da cuando…». Y el resultado son decenas de casos que aluden a diferentes situaciones en las que el lenguaje insulta. Todos los ejemplos forman parte de una base de datos que el programa ha cedido al centro de recursos para mujeres La Ciba, del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, para que sirva de estudio y sea utilizada por investigadores de las violencias machistas. Su alcaldesa, Núria Parlón, subraya la importancia de investigar cómo condicionan los estereotipos sexistas la vida diaria y, en este caso, a través del valor simbólico del lenguaje y su impacto social.

«La existencia de estos sesgos no significa que todos los hombres sean acosadores —señalan Montolío y el director del programa radiofónico, Carles Mesa—. Todos, hombres y mujeres, tenemos los sesgos machistas muy incorporados y hemos de ser conscientes para poder erradicarlos. Los estereotipos son ideas preconcebidas, patrones de pseudopensamiento rápido que indican que las mujeres han nacido para ser sumisas y cuidadoras y de los hombres se espera que sean ambiciosos, se manejen con los números».

En el experimento lingüístico y sociológico han participado sobre todo mujeres, con edades comprendidas entre los 20 y los 83 años y con profesiones muy variadas: médicas, ingenieras, informáticas, jardineras, amas de casa, dependientas, científicas, periodistas, alcaldesas, maestras, altas directivas… de diferentes comunidades autónomas, que han aportado una información muy valiosa, porque muestran esos sentidos del lenguaje que hacen daño y que siguen vigentes. «Cada audio es un microtratado de sociología, digno de estudio por su capacidad de encapsular en apenas quince segundos un mundo de creencias que todos llevamos incorporados», explica Montolío.

El director de No es un día cualquiera, Carles Mesa, considera que los medios de comunicación deben esforzarse para que las mujeres estén representadas. «Me da mucha rabia cuando en una tertulia, los hombres siempre quieren ser el centro de atención. La mayoría de las veces se menosprecia la opinión de ellas. Y eso, en el mejor de los casos, si en esas tertulias de radio o de televisión hay mujeres, porque la mayoría de las veces brillan por su ausencia».

Cuando los oyentes completaron la frase «Un caso de violencia verbal contra las mujeres se da cuando…» revelaron casos en los que se alude al cuerpo, al aspecto o a la juventud de las mujeres como lo más importante que tienen, lo que indica que se sigue machacando con que las rubias son tontas y las guapas han escalado puestos no por su inteligencia precisamente. Otros se refieren a que las ideas de las mujeres son menos importantes que las de los hombres. Por ejemplo, esta denuncia: «En el comité de empresa doy mi opinión sobre un tema conflictivo y me preguntan: “¿Eso es idea tuya o te ha dicho tu marido que lo digas?”». Y también hay quejas en las que se aprecia que las expresiones utilizadas en el trabajo restan valor a las habilidades de las mujeres y fomentan su discriminación. Así lo señala otra de las participantes: «En la empresa en la que trabajo se refieren a los técnicos masculinos como el arquitecto tal o el ingeniero cual. Y yo, con titulación superior y la misma categoría profesional, soy “la chica esta”».

Aluden también a otra insistente cantinela: las mujeres no tenemos conocimientos técnicos, no sabemos de números ni de finanzas y parece que necesitamos al lado la voz masculina para todo. Según las directivas, las mujeres aprenden a sobrevivir en las organizaciones ocultando su talento.

Por eso, Estrella Montolío invita a practicar la prueba de la inversión. Pongamos por caso: un hombre sale en bicicleta por la vía verde de su pueblo y un grupo de mujeres ciclistas le gritan que no lleva el piñón adecuado, que no va bien sentado, que no lleva las ruedas en condiciones… ¿A que es inconcebible? O ¿alguien les ha preguntado a los directores del yacimiento de Atapuerca cuál es la profesión de su esposa o por qué están ahí y no cuidando a sus hijos? Todo esto indica que determinadas violencias verbales van solo en una dirección.

El origen del experimento surgió de una entrevista que le hicieron a Flor de Torres, fiscal delegada de violencia de género de la Junta de Andalucía, en el espacio «Todo es lenguaje». Torres denunciaba que a menudo la violencia verbal no se considera una agresión y que los juristas no siempre la interpretan como un posible delito. Estrella Montolío pensó entonces que sería importante analizar cuándo el lenguaje socava la autoestima, y pidieron a los oyentes que enviaran vivencias de violencia verbal.

No fueron conscientes de lo potente que era la colaboración de la gente hasta que empezaron a recibir decenas de casos. Tampoco de que esto pasa en todos los niveles de la sociedad. Los micromachismos verbales y los demás no son cosa de un solo grupo social, es un fenómeno transversal y demuestra que aún hoy se percibe a las mujeres como seres menos eficaces, menos inteligentes y menos fiables que los hombres.

Carles Mesa señala: «Lo más sorprendente de los audios recibidos es que las y los oyentes tuvieran tantas ganas de contar sus experiencias. Parece que estuvieran deseando que alguien les preguntara sobre esas situaciones».

Uno de los audios que dice «Te haría de todo, guapa» refleja la hostilidad con la que han de lidiar muchas mujeres jóvenes en el espacio público. Lo envió una oyente, psicóloga y terapeuta sexual, que ha sido testigo de cómo se utiliza el lenguaje para humillar. Dice que cuando las mujeres no responden a las insinuaciones del provocador se las tacha de feas y estrechas. Y como otras muchas personas, considera que los piropos groseros dichos por desconocidos en la calle son deshumanizantes, implican una cosificación, reducen a la mujer a ser un objeto sexual, son intrusivos y constituyen una clara expresión vertical de poder. «Lo más importante —asegura— es insistir en la educación de una sociedad igualitaria».

«Un caso de violencia verbal contra las mujeres se da cuando…»

La fonoteca puesta en marcha por Estrella Montolío en RNE incluye unos 130 audios que aluden a numerosos estereotipos y sesgos que podrían formar parte de clasificaciones muy variadas. Aquí los agrupamos en cuatro:

—El físico es el atributo más importante que tienen las mujeres, más que su inteligencia, vitalidad, valentía o cualquier otra virtud;
—las ideas de las mujeres tienen menos valor que las de los hombres;
—las mujeres no tienen conocimientos técnicos, no saben de números ni de finanzas;
—las mujeres no son seres autónomos, sino que tienen la misión de estar subordinadas al marido y a la familia.
Estos son los ejemplos:

001.- . «Cuando un hombre te dice por la calle: “Yo te haría de todo, guapa”».

002.- . «Cuando te dicen: “No tienes aspecto de tener un doctorado en Física”».

003.-. «Cuando me dicen que si me acuesto con muchos hombres soy una puta y si no me acuesto con ninguno soy una mojigata».

004.-. «Cuando al salir de un consejo de departamento, protesté porque no estaba de acuerdo con un tema que se había decidido y un colega varón me dice: “Tú, como eres guapa no lo entiendes”. Soy profesora universitaria».

005.-. «En mi primera intervención en un congreso de Lingüística, estaba muy nerviosa, pero salió bien y me hicieron muchas preguntas. Al acabar se me acerca una mujer, que sé que me quiere bien y me dice: “Has estado estupenda, pero permíteme que te diga que la próxima vez no estés tan segura de lo que dices y sonríe más”».

006.-. «Me pidieron que explicara algo ante un CEO de una consultora y me dijo al acabar: “Qué cabeza tan masculina en un cuerpo obviamente femenino”».

007.-. «Un piloto de fórmula 1 le dice a otro que tenía una mujer demasiado fea para ser piloto de fórmula 1». (Enviado por un hombre).

008.-. «Era ejecutiva en una empresa y mis números se diferenciaban de los del resto. Un compañero me dice: “María Ángeles, los clientes te prefieren porque los calientas”. Esto me lo dijo un hombre, pero una compañera decía en voz alta: “No entiendo por qué sus números son tan altos si yo llevo minifalda y escote y nunca la alcanzo”».

009.-. «Un compañero me dice: “¿Y te vas a dejar las canas? Vas a parecer una bruja”. (Cuando un hombre cumple años, madura; cuando una mujer cumple años, envejece)».

010.-. «Con 15 años, me dijeron: “Haces bien en elegir las amigas más feas, así tú serás la más guapa”».

011.-. «Cuando alguien te dice: “Vi anoche tu reportaje en televisión y estabas guapísima”, nunca he oído una valoración similar de un compañero».

012.-. «Cuando sales por la noche con tus amigas y conoces a alguien y te dice sorprendido: “Ah, pues no tienes ninguna pinta de ser ingeniera informática”».

013.-. «Tras una reunión de trabajo con dos mujeres altos cargos en una multinacional, un compañero comenta que ha ido muy bien porque venían muy dispuestas a escuchar nuestras ideas y otro contesta con sorna: “Así me gustan a mí, dispuestas”, y un tercero añade: “¿Habéis visto cómo iba vestida fulanita, no puedo creer que haya venido a una reunión de trabajo con una falda tan corta”. (El atuendo de las mujeres siempre es objeto de comentario, el de los hombres, no)».

014.-. «En un programa de televisión, el presentador se refirió a algo muy bueno como “teta de monja” con una sonrisa que hizo ver que el pecho virginal es violable. Nunca se diría en un caso similar “pene de fraile”».

015.-. «Cuando un día me vestí normal para ir a la oficina y un compañero me dice: “Oye, ¿no crees que vas un poco corta para venir a trabajar?”».

016.-. «Cuando te dicen que si vas a ir así vestida».

017.-. «Cuando llegas al trabajo, apenas sin dormir bajo los efectos de los ansiolíticos, entras en la oficina que compartes con siete hombres, agentes de la Guardia Civil, y uno de ellos, el jefe, que junto con otro compañero ocupan y solo ocupan su puesto de trabajo, al responder a mi saludo de buenos días, le añaden a mi nombre el “señorita” y expectantes me observan como cada mañana para ver qué llevo debajo del abrigo. El jefe dice: “Qué elegante, la señorita se nos ha puesto chaqueta, pero qué larga, si mi mujer va en minifalda y tacones a trabajar por qué la señorita viene así”».

018.-. «En mi segunda semana de trabajo, después de hacer una carrera, un máster, idiomas y haber pasado por un larguísimo proceso de selección, estaba en ruta con un comercial para conocer el sector y recibió una llamada de otro compañero que le dice, sin saber que yo le escuchaba: “Bueno, al grano, de qué color lleva las bragas”».

019.-. «Cuando ves la televisión y en los anuncios aparecen marcas de cosmética que intentan convencerte de la fealdad de tus arrugas, de tus canas o de tus varices y acaban convenciéndote de que las compres para que no se note que envejeces».

020.-. «Un conocido me dijo que, cuando va caminando por la calle, mira a las mujeres con las que se cruza y les pone nota. Por ejemplo, poco pecho, un seis; un buen culo, te pongo un ocho». (Enviado por un hombre).

021.-. «Cuando te dicen que deberías ser más femenina».

022.-. «Cuando en una reunión llena de hombres en la que eres la única mujer, se hace un chiste o comentario machista, seguido del “disculpas a la presente”. Como no te ríes te dicen que no tienes sentido del humor».

023.-. «En una reunión familiar, mi cuñado me dice que soy una mujer demasiado mayor para tener una relación conmigo —él tiene un año más que yo—. Todos le secundaron, incluidas las mujeres, porque dijeron que lo ideal es que la mujer tenga cuatro o cinco años menos que el hombre, porque envejecemos peor que ellos».

024.-. «Cuando al hablar de temas de abuso, dicen: “Es que cómo iba, se lo iba buscando”».

025.-. «Cuando me preguntan: “Señora o señorita”».

026.-. «Después de estar 45 minutos haciendo una exposición sobre la aplicación de la perspectiva de género en los delitos contra la libertad sexual, ayudada por una compañera que dirigía el coloquio, al acabar, un participante hombre se despidió diciendo: “Y además, muy guapas, la ponente y su ayudante”».

027.-. «Cuando como alcaldesa presento una propuesta de peatonalización de una calle y, al reunirme con las personas del barrio afectado, alguien sin identificarse mientras hablas grita: “Puta”».

028.-. «Cuando me dicen: “Calladita estás más guapa”».

029.-. «Anda, cállate, que tú no entiendes nada».

030.- . «Cuando en una reunión haces una sugerencia y pasa desapercibida, a los dos minutos la reformula un compañero varón y la misma propuesta se tiene en cuenta inmediatamente y es aplaudida».

031.- . «Cuando en la consulta después de haberme presentado como su cardióloga responsable, el paciente me pregunta: “¿Y cuándo me verá el doctor?”».

032.- . «Cuando en reuniones se falta al respeto a la mujer, se la interrumpe y no se la escucha».

033.- . «Cuando te hacen luz de gas. Una mujer dice que algo le parece injusto y contestan que te lo inventas, que estás loca y que eso solo ocurre en tu imaginación».

034.- . «Cuando me preguntan algo y un hombre que está a mi lado, sea mi amigo o no, responde por mí, quitándome así la opción de expresarme y hablando sobre mis vivencias y conocimientos».

035.- . «Cuando en el comité de empresa das tu opinión sobre un tema conflictivo y te preguntan: “¿Eso es idea tuya o te ha dicho tu marido que lo digas?”».

036.- . «Cuando estoy con un grupo de amigos hombres hablando sobre algún tema y para ser escuchada tengo que levantar la voz o saber mucho del tema para que el grupo se pare a escuchar mis argumentos».

037.- . «Trabajar como educadora social en servicios sociales y que otra educadora con más experiencia te diga que el único compañero trabajador social de la empresa debería cobrar más por ser hombre».

038.- . «Cuando con una licenciatura en Matemáticas, una beca Marie Curie en investigación y un máster en dirección comercial y marketing, un compañero administrativo se dirige a mí como la secretaria del director comercial cuando soy la jefa del departamento de marketing. Le contesté: “¿Y eso lo has pensado porque soy mujer o porque te parece que no es suficiente mi formación?”».

039.- . «Cuando un compañero de trabajo te dice refiriéndose a tus intervenciones en reuniones o claustros: “Ah, pues tú eras bastante respondona”».

040.-. «Cuando formas parte de un tribunal de oposición, en el que hay cuatro mujeres y el presidente, un hombre, extiende sus brazos, te pone su manita en el hombro y nos llama “mis niñas”, en un entorno profesional».

041.-. «En la tienda, un cliente quiere poner una reclamación y en Atención al Cliente le atiende la jefa del departamento, de apenas 30 años, y el cliente le dice: “Quiero hablar con tu jefe”».

042.- . «Cuando voy en mi bici por el paseo marítimo bien llanito y me cruzo con otros ciclistas que me dicen: “¡Venga, ánimo!”, como si estuviera subiendo el Tourmalet».

043.- . «Cuando vas a trabajar a una empresa y solo porque eres una mujer joven te dicen: “¿Y tú qué, estás de prácticas?”».

044.-. «Cuando les comentas a tus compañeros de trabajo que vas a viajar a Panamá o a Sudáfrica para dar una formación, asistir a una reunión o trabajar con las comunidades y te preguntan: “¿Te vas sola?”. A un hombre nunca se lo dirían. Y si voy, por ejemplo a Siria o a Irak, además de esa pregunta después viene: “¿Y no tienes miedo?”. Es mi trabajo».

045.- . «Cuando dicen: “La mujer de fulanito no ha trabajado nunca. No ha cotizado porque nunca ha trabajado”».

046.- . «Cuando comentes lo que comentes, tu pareja lo cuestiona absolutamente todo, sea del tema que sea».

047.-. «Lo he escuchado en unas jornadas en Toledo a una ponente: “Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”. ¿Cómo que detrás? ¿No será mejor al lado?».

048.-. «En una revisión del embarazo le digo al ginecólogo que al tumbarme boca arriba me mareo mucho y que si es posible hacer la ecografía en otra posición. Él, en vez de contestarme a mí y como si yo no estuviera en la habitación, se dirige a la enfermera y le dice: “A las pacientes no les puedes hacer caso en todo”».

049.-. «Las enfermeras somos un colectivo que hemos sufrido mucha violencia verbal y muchas veces también abuso físico».

050.- . «Al formar un equipo mixto de hombre y mujer para hacer un guión y ir a hablar con los directores de los programas, todas las indicaciones se las dan mirando al hombre, nunca a la mujer». (Enviado por un hombre).

051.- . «Después de una evaluación en el instituto, saqué muy buenas notas y mi madre fue a hablar con uno de mis profesores. Me quedé boquiabierta cuando mi madre me cuenta: “Me ha dicho que no eres especialmente inteligente, pero que eres tan trabajadora”. Mis primos y mi mejor amigo tenían notas parecidas a las mías y nunca escuché nada igual de su inteligencia».

052.- . «Recuerdo que contaba los segundos que pasaban tras mis intervenciones en las reuniones de trabajo para escuchar de algún compañero: “Justo eso es lo que iba a decir yo, había pensado lo mismo”. A ellos no les ocurría, nunca tenían a nadie detrás que había pensado lo mismo. Al contrario, recibían aprobación».

053.- . «Cuando te piden que seas más plana, más hombre, porque tienes muchos cambios de humor por la regla. Realmente, lo que llaman cambio de humor es tu desacuerdo con una decisión, aunque lo hayas expresado de modo respetuoso, porque significa que dejas de ser sumisa y de aceptar todo lo que decidan».

054.-. «Cuando en determinadas ocasiones que requieren disciplina, si un hombre llama al orden y asume el control, es un tipo bien plantado; una mujer, en cambio, es una intransigente, una exagerada o una histérica».

055.-. «Cuando en la empresa en la que trabajas se refieren a los técnicos masculinos como el arquitecto tal o el ingeniero cual. Y tú, con titulación superior, categoría profesional y funciones similares, eres “la chica esta”».

056.-. «Siendo ambos miembros de la pareja profesores, yo presento un trabajo profesional ante los compañeros y me dicen: “Cómo se lo ha currado tu marido”».

057.-. «Algunos comentaristas deportivos se refieren a las mujeres como “las chicas” del baloncesto o “las chicas” del balonmano y cuando se refieren a los grupos masculinos dicen la selección. Utilizan un tono cariñoso y paternal que me desagrada mucho».

058.-. «Fui a comprar mascarillas a la farmacia y el farmacéutico me dice: “Las tengo rosas si quieres”. Le contesté: “No, dámelas negras”».

059.-. «El director del departamento le pide al secretario administrativo que mande un correo electrónico con una información a las tres Marías. Las tres Marías éramos profesoras de la Universidad. María es sinónimo de maruja, que el diccionario de la Academia define en una acepción como ama de casa sin dedicación profesional a otras actividades».

060.-. «Cuando al expresar una opinión bien informada, con un tono irónico, incluso cáustico, te dicen que tienes la lengua como una destral (especie de hacha pequeña de dos bocas o cortes). Del mismo modo, cuando al expresar una opinión, se te hace luz de gas como si careciera de importancia lo que dices, pero después escuchas al varón apropiarse de la idea y expresarla como si fuera propia».

061.-. «Cuando de forma sistemática, un hombre te explica cosas que tú ya sabes».

062.-. «Cuando te dicen: “Nadie te va a querer como yo te quiero”. Es una demostración de poder para decirte que no vales nada y por eso nadie te va a querer».

063.-. «Cuando una mujer es empresaria triunfadora y con carácter fuerte y los hombres comentan: “Seguro que está separada, porque no hay quien la aguante”».

064.-. «Después de varios meses trabajando en la empresa me dicen: “No nos imaginábamos que sabías tantas cosas, porque en los currículums se dicen muchas mentiras”».

065.- . «Trabajo en un sector que tradicionalmente ha sido masculino y en reuniones, cuando hablas, la actitud es de no tomarte en serio».

066.-. «Un compañero de trabajo me dijo que no podía confiar en mí porque yo no tenía perfil de Facebook y no sabe lo que hago los fines de semana».

067.-. «Después de haber reñido a un alumno en clase, me grita entre la multitud de los pasillos: “Puta”».

068.- . «En una reunión por Skype en la que estábamos mi jefe, otro compañero y yo, cada vez que yo hablaba, mi compañero miraba el móvil, se reía y me ignoraba. Cuando hablaba el jefe, obviamente ponía toda su atención».

069.-. «Si un hombre se declara feminista, siempre hay alguien que dice que es gay o que es diferente».

070.- . «En un ambiente laboral, después de una presentación realizada con éxito, un compañero me felicita pellizcándome la mejilla».

071.-. «Un día, un compañero me dice que yo debería cobrar menos que él por el mismo trabajo que hacemos (soy médico de familia). Le pregunto por qué y me responde: “Porque tu marido trabaja y mi mujer, no”».

072.-. «Cuando me dicen: “No hables tú de paro, que estás ocupando un puesto de trabajo y tu marido ya trabaja, así que tú podrías estar en casa”».

073.-. «Mi jefe me dice: “Si quieres mi puesto, dímelo”. Y un compañero: “Tú lo que quieres es hacerte con el puesto del jefe”. Parece que no encajan que una mujer desempeñe bien su trabajo sin más».

074.-. «A un hombre en un grupo de varias mujeres también le cuesta hacerse entender. También se dice de un hombre que no puede hacer dos cosas a la vez. O cuando salvan a las mujeres y niños primero, ¿la vida de un hombre vale menos? ¿En ese caso, no nos interesa la igualdad?».

075.-. «Trabajaba de conserje en un colegio público y una persona que vino a reparar una cosa le comenta a otra: “Mírala, está ocupando el trabajo de un hombre y además cobrará como él”».

076.- . «Cuando vas a comprarte un coche y acaban explicándole las características del coche y las condiciones de financiación al amigo que te acompaña».

077.-. «Cuando un hombre te dice: “Estarías mejor fregando los platos”».

078.-. «Cuando un hombre ve que eres una mujer valiente, decidida, y te mira con desconfianza, como si fueras una repelente porque no tienes miedo a mostrar tu poder. Las mujeres aprenden a sobrevivir en las organizaciones ocultando su talento».

079.-. «Cuando quieres acceder a una promoción en tu carrera y tu jefe, rodeado de otros directivos, te dice: “¿Pero te vas a presentar con 52 años?, deja paso, mujer”. Castigar la experiencia, el paso de los años, está mucho más extendido en el caso de las mujeres».

080.-. «Cuando en las entrevistas a mujeres científicas en los medios se les pregunta por la profesión del marido o cómo logran compaginar su trabajo con el cuidado de los hijos».

081.- . «Cuando estás informando desde una zona de alto riesgo y alguien dice: “Ella aquí, dejando a sus hijos en casa”. Nunca he oído un comentario similar sobre un hombre».

082.- . «Cuando voy en bicicleta para hacer una pequeña ruta por la vía verde de mi pueblo y señores ciclistas que no me conocen de nada me dicen que mi postura no es la adecuada, ni el tamaño de la bici, ni el piñón que llevo puesto, ni la presión de las ruedas. Eso no me ocurre cuando voy con mi novio, pero sí con mucha frecuencia cuando voy sola».

083.-. «En una tienda abierta, estás subida en una escalera haciendo un trabajo de electricidad o colgando una lámpara y un cliente hombre se te queda mirando como si fueras extraterrestre y te pregunta: “¿Qué, lo consigues?”».

084.-. «En la tienda, cuando viene un cliente con un problema técnico y le explico la solución, le pregunta a un compañero y cuando este le repite lo mismo, entonces se lo cree».

085.-. «Cuando al hablar de un alto cargo, te dicen: “Dirígete a esa persona, es una mujer pero tiene una cabeza poderosa”».

086.-. «Aparcando un día, bastante bien, por cierto, me adelantó el que estaba detrás y muy amablemente sacó su cabeza por la ventanilla y gritó alto y claro: “Como folles igual que aparcas…”. A un hombre no se le hubiera dicho nunca eso».

087.-. «Cuando ante cualquier situación adversa, se acaba diciendo: “Mujer tenías que ser”». (Enviado por un hombre).

088.-. «Cuando en una conversación, un hombre, que se dedica a la tecnología, está diciendo: “Porque yo en mi PC…”. Se para y me pregunta: “¿Sabes lo que es un PC?”».

089.-. «En la peluquería, llega un técnico a instalar un aparato nuevo y le está explicando a la dueña el funcionamiento y delante de varias empleadas y un solo empleado, el técnico dice: “¿Quiere que se lo explique al chico?”. La jefa le contestó: “¿Y por qué?”».

090.-. «Entro a trabajar en un taller de una siderurgia, comparto trabajo con 300 hombres y al mes se me acerca un compañero para decirme que ya he probado lo que es trabajar como un hombre, que donde mejor estamos es haciendo nuestras labores y no quitando el trabajo a chavales de la comarca. Hoy seguimos siendo 3 mujeres y 120 hombres».

091.-. «Soy enfermera y trabajando una vez en una unidad, vienen dos urólogos y les pregunto qué necesitan para atender a un paciente y me dicen: “Ante todo, mucho cariño”».

092.-. «He estado trabajando haciendo inspecciones en el mundo rural y lo que más me molestaba es que me llamaran “nena”; ni por mi nombre ni por el apellido, “nena”. Y en el mismo ambiente, a la hora del almuerzo, a mí no me ponían las olivas o la ensalada que les ponían a ellos. Para mí, lo típico, un café con leche y una tostada».

093.-. «Tengo 61 años y trabajo como jardinera. Manejo todas las máquinas relacionadas con este trabajo y me dicen: “Trabajas tan bien que pareces un hombre”».

094.-. «Cuando un hombre pregunta y no por curiosidad: “¿De dónde vienes?” o “¿Con quién estás hablando?” porque cree que tiene derecho a saber lo que hacen o con quién se relacionan».

095.-. «Cuando en una cena de empresa, alguien dice: “Ay, no nos han presentado, ¿tú eres la mujer de quién?”».

096.-. «Cuando en el taller de reparación de automóviles propiedad de mi marido, estás limpiando el baño o la oficina y cualquier hombre que entra dice: “Ya hacía falta aquí una mujer, así está esto de limpio”. Sin embargo, cuando me ven con el mono lijando coches dicen: “Vaya, la tienes aquí explotada, espero que le pagues”, como si mi cometido fuera limpiar y eso es gratis».

097.-. «Tú estás trabajando todo el día para que ellos puedan vivir bien y te dicen: “El dinero lo traigo yo, así que a callar”».

098.-. «Un tío mío me dice: “Oye, tú que eres mujer, cómo se quita el olor a gasolina de la ropa”».

099.-. «Voy a preparar unas oposiciones y les cuento a mis amigos que me voy a encerrar a estudiar y a ellos solo se les ocurre decir: “¿Y qué va a pasar con tus hijos?”. “Mis hijos tienen un padre”, les contesté».

100.-. «Cuando me jubilé como maestra y me decían: “Ahora estarás mejor porque vas a poder dedicarte a tu casa y a tus nietos”, como si yo hubiese estado tonteando durante cuarenta años».

101.-. «En la cocina de mi casa, estábamos hablando con mi suegro, mi marido y mi cuñado y cuando mi suegra quiso intervenir, su marido le dice: “Tú calla, que no tienes nada que decir”. Me quedé horripilada de su reacción y le dije: “Pero usted de qué va, claro que tiene qué decir, faltaría más”. Fui la única, sus hijos no dijeron nada».

102.-. «Cuando tu chico organiza una fiesta en su casa a la que tú asistes como invitada y cuando va llegando la gente te pregunta a ti dónde están los platos, los vasos…».

103.-. «Cuando en una reunión familiar, cada uno ha llevado un plato y mi marido dice que si les gusta la tortilla que ha hecho y mi suegro me mira y me suelta: “¿Qué pasa, que tú no sabes hacer tortillas?”».

104.-. «Después de haber realizado tu trabajo con eficacia y esforzándote por estar a la última y a poco para jubilarte escuchas: “A ver si tienes ya nietos y te dedicas a ellos” o “Qué bien, así podrás dedicarte a tu casa y a tus cosas”».

105.-. «La madre o el padre de un alumno, al decirles algo de su hijo que no les gusta, le preguntan a la tutora: “¿Usted tiene hijos?”».

106.-. «Cuando tu pareja dice: “Venga, ¿Qué te hago?”, refiriéndose a las tareas del hogar».

107.-. «Trabajo en un hospital y aprobé unas oposiciones fuera de mi comunidad y la mayoría de la gente que me conocía, incluidos mis compañeros, me preguntaban: “¿Y qué vas a hacer con tus hijos?”. Mi marido llevaba tres años trabajando fuera y nunca le preguntaron eso».

108.-. «Acudes por primera vez al servicio de mediación familiar y cuando están cumplimentando la ficha, me preguntan por la ocupación y les contesto que soy madre y ama de casa y la persona que apuntaba los datos pone “desocupada”. Le repetí que había dicho madre y ama de casa y que pusiera eso. Mi marido de entonces, que me acompañaba, dijo que lo dejara que estaba siempre con lo mismo y el funcionario explicó que era ese el epígrafe: “desocupada”».

109.- . «Cuando di a luz a mi primera hija por cesárea, mi suegra dijo: “¡Ay qué bonita es mi niña!, aunque la hayan parido sin dolor”».

110.-. «Cuando estás en una terraza y el niño o la niña de la mesa de al lado se pone a corretear entre las mesas y el padre le dice a la mujer: “Carmen, el niño”».

111.- . «Cuando mis padres fallecieron, heredé un dinero y mi marido y yo abrimos una cartilla en el banco del pueblo para ingresar la herencia. Mi marido dijo que me pusieran a mí como titular puesto que era yo la heredera y luego a él. Todo muy bien, hasta que llega la primera carta a nombre de mi marido en la que le daban la enhorabuena por abrir la cuenta y ser cliente del banco. Lo más curioso es que la carta venía firmada por una mujer».

112.- . «Por el hecho de estar sola, tu interlocutor entiende que es porque te ha dejado tu pareja. Un hombre siempre deja y no dice cuando le han dejado a él. Además creen que tenemos dependencia».

113.- . «Al alquilar una plaza de garaje el dueño te dice que vuelvas acompañada de tu padre o de tu novio».

114.- . «Cuando te dicen que estás bien en tu casa, cuidando de tu familia que es tu obligación, y él a pasarlo bien viendo la tele o en el bar con los amigos ole que ole».

115.- . «Mi expareja, padre de mi hija, me dice que soy una mantenida por tener que pasar la pensión alimenticia de esta, sin tener en cuenta que es mínima al ser sus ingresos menores que los míos y la vivienda donde habitamos su hija y yo, de mi propiedad».

116.-. «Cuando vas a un bar con una mujer, pides una tónica y una cerveza y a ti te ponen la cerveza y a la mujer la tónica». (Enviado por un hombre).

117.-. «Cuando estás en un bar de tapas con tus amigas y hay un grupo de hombres esperando mesa y cuando nos vamos comentan: “Ya era hora, iros a casa a hacer la cena”».

118.- . «Cuando al volver de la baja maternal, tu propio jefe te mira con desprecio y dice: “No sé para qué vuelves, yo que tú me hubiera quedado con mis hijos en casa tranquilamente”».

119.- . «Una expresión muy utilizada, incluso por mujeres, cuando se quiere llamar histérica a una mujer y se le dice que está mal follada».

120.-. «Cuando dicen de una mujer que ha tenido varias parejas que es un poco “ligerilla”».

121.-. «Cuando vas a comprarte un televisor y te piden la nómina del marido».

122.- . «Cuando escuchas cómo un padre que está jugando con su hijo con un balón le dice: “Venga, más fuerte que pareces una nena”».

123.-. «Al presentarme mi marido a un señor en la ONCE, este le preguntó, refiriéndose a mí, si ya había encontrado su perrita guía».

124.-. «En una conversación, doy una respuesta asertiva y un hombre me dice: “Con ese carácter, no me extraña que te hayas quedado soltera”. O también: “Con lo cariñosa que eras, ¿cómo así te has quedado soltera?”».

125.- . «En una entrevista de trabajo me preguntan: “¿Qué pensará tu marido cuando tengamos reuniones y se alarguen más allá de las doce de la noche?”. La entrevistadora era una mujer».

126.- . «Cuando tenía 30 años, me sentía muy violentada porque me decían que no tenía pareja y que se me iba a pasar el arroz para ser madre. Como si el objetivo de cualquier mujer fuera tener pareja y ser madre».

127.- . «En una conversación de café con una jefa, en un momento dado me pregunta mi edad y dice: “Uy, pues como no te des prisa se te va a pasar el arroz”».

128.- . «Cuando te dicen: “Estas son conversaciones de hombres”. O si estás en paro: “Mejor, así estás en tu casa”».

129.-. «Soy una estudiante italiana y tengo 20 años. En muchos países todavía, después de casarse, la mujer tiene que cambiar su apellido y tomar el de su marido como si a partir de ese momento, el hombre la comprara y ella le perteneciera a él, perdiendo parte de su identidad».

130.-. «Un amigo me dice: “¿Y cómo lleva tu marido que ganes más que él?”».

131.- . «Cuando en un grupo de mujeres hay un solo hombre, pero nos dicen “vosotros”, en masculino. O cuando te dicen: “Ya sois marido y mujer”. Cuando me casé le contesté que no necesitaba casarme para ser mujer. O somos “hombre y mujer” o “esposo y esposa”, que aunque parece retro, es más avanzado por ser equivalente. En valenciano y en catalán se dice igual: “home” y “dona”».

20 segundos que recrean un universo de creencias

  Estrella Montolío Durán

Empiezo este artículo por una confesión: estoy absolutamente fascinada por el corpus de audios con ejemplos de violencia verbal cotidiana contra las mujeres que generosa y valientemente nos han hecho llegar los oyentes del espacio «Todo es lenguaje» del programa No es un día cualquiera, de Radio Nacional.

Y es que, comprobadlo: cuando se escucha atentamente cualquiera de estos audios, o —si bien con menor impacto emocional— se lee su transcripción, su contenido funciona como una especie de zarpazo que ¡¡¡raaaass!!! de súbito y violentamente desgarra el velo tupido de la normalidad cotidiana a la que remite, y nos revela con claridad meridiana lo que verdaderamente hay debajo de esa capa de aparente habitualidad inocua. Y lo que hay soterrado no es agradable de descubrir: es un universo de creencias todavía compartidas, un marco antropológico en el que las mujeres y los varones siguen sin ser percibidos como seres de igual valor.

El estudio de los ejemplos compilados puede organizarse de acuerdo con diferentes perspectivas: por ejemplo, los diferentes estereotipos inicuos en los que se basan. O las estrategias comunicativas de sesgo sexista, comunes en las organizaciones y bien identificadas por la bibliografía internacional, que, sin conocer su denominación, relatan las oyentes, como, entre otras, las ideas pirata, el mansplaining, la sordera selectiva o la luz de gas. Dispongo de poco espacio aquí, de modo que voy a concentrarme en reflexionar sobre lo reveladoras que resultan, puestas bajo la luz del foco analítico, una serie de frases, muy familiares, que aparecen en algunos de los microdiálogos que refieren los audios; frases que son un auténtico festival para cualquier especialista en pragmática o análisis del discurso, pues desvelan implícitos y marcos cognitivos muy reconocibles —y marcadamente sexistas—. Os invito a poner en juego la prueba de la inversión, es decir, a imaginar una situación alternativa a la descrita por estos enunciados: una situación en la que las palabras, expresiones y actitudes en cuestión no se dirigen a una mujer, sino a un hombre. Y al visualizar ese universo alternativo al habitual, vamos a comprobar cuán inverosímiles (en el sentido de poco esperables) se nos antojan tales situaciones hipotéticas. Vamos allá.

Tú calla, que de esto no entiendes

Muchos de nosotros hemos oído esta frase en boca de algún varón dirigiéndose a una mujer. Probablemente late aquí cierta correlación generacional (o eso queremos creer); nos remite al mundo de nuestras madres y abuelas. Por cierto, apunto tan solo un hecho incontestable: la enorme cantidad de refranes y frases hechas (y hasta algunos versos de poetas laureados) que aconsejan a las féminas mantener un silencio decoroso («discreto», «encantador»), del tipo «Calladita estás más guapa». Todo ese material discursivo tradicional debería hacernos reflexionar muy profundamente a todos nosotros, interesados como estamos por el uso de lenguaje, sobre la relación esperable (y premiada implícitamente) entre ser mujer y un uso de discurso obligadamente comedido en el espacio público (en el que, por cierto, se incluyen las redes sociales).

¿Y qué vas a hacer con tus hijos?

Esta es la pregunta que han recibido no pocas de las informantes como respuesta a su declaración de que iban a preparar oposiciones, acababan de ganarlas o habían conseguido un ascenso profesional. Sin ir más lejos, esta es la pregunta que recibió la presidenta Michelle Bachelet en la primera entrevista que concedió tras conseguir la presidencia.

En algunos casos las informantes relatan con tono dolorido que el bofetón verbal procedía no de un varón, sino de otra mujer (así, era una mujer la profesional que hacía la entrevista a la presidenta Bachelet). Por supuesto: nadie está libre de los sesgos; la condición de fémina no preserva a nadie de manera automática de incorporar estereotipos vigentes —aunque sea esperable que, por haberlos sufrido, tengamos mayor conciencia de la injusticia que suponen—. Otra reflexión de calado que no podemos desarrollar aquí: ¿por qué hay un mayor dolor (y recriminación) cuando la réplica hiriente procede de otra mujer? De nuevo las mujeres cargan con mayor condena que ellos por hacer lo mismo. Se trata del doble rasero que los estudios empíricos no hacen más que ratificar.

Bueno, mujer, ahora te podrás dedicar por fin a tu casa

Este es el tipo de comentario que han recibido diversas mujeres profesionales cuando les llega la jubilación. Una de ellas, añade: «He sido maestra durante 40 años. He vivido mi profesión con implicación y rigor. He considerado que la labor docente es muy importante para la sociedad. Quienes me dirigen este comentario me han hecho notar solapadamente que durante esos 40 años básicamente había estado perdiendo el tiempo y había estado desviada de lo que se supone que es mi auténtica tarea: dedicarme a mi familia y a mi casa».

La satisfacción profesional íntima de una mujer socavada en 20 segundos por una frase aparentemente bienintencionada. De hecho, la creencia de que el auténtico espacio que debe habitar una mujer es su casa, y de que su actividad primordial (si no única) es cuidar de su familia, está en la base de muchos de los comentarios hirientes que relatan los casos que nos han llegado.

Los audios de esta fonoteca constituyen en su mayor parte ejemplos paradigmáticos de (micro) narraciones orales. Y tal como prevé el conocido modelo de Labov, incluyen fases evaluativas y en ocasiones también una coda final, como muestra este último caso, en la que la narradora (y víctima protagonista) introduce una evaluación de lo que supuso para ella el comentario en cuestión.

Venga, ¿en qué te ayudo? / Va, ¡dime!, ¿qué te hago?

Estas y similares son frases que relatan varias mujeres; a menudo, mujeres jóvenes que las escuchan estupefactas en boca de sus parejas —hombres bien dispuestos y probablemente convencidos de que son el no va más de la igualdad—. ¡Ah! Pero ese pronombre átono te y esa selección léxica, ayudar, indican mucho de cuál es, en realidad, la creencia de esos varones: las tareas domésticas —en el fondo— les competen a ellas; ellos solo proponen echar una mano.

De hecho, en algunos casos, es la propia mujer que narra quien, en la fase final de la coda, introduce una reflexión sagaz sobre la importancia crucial que revisten algunos elementos gramaticales en la interpretación de los implícitos. Así, en un audio, una oyente relata este breve diálogo en el que un profesional dice, refiriéndose a una alta directiva: Si tienes un problema importante, consúltale a ella. Es una mujer, pero tiene una cabeza… poderosa.

Y en la coda la narradora reflexiona: «Ese pero… Son solo cuatro letras, pero ¡cuántas cosas dice!». Ciertamente. ¡Cuánto significado acarrea el conector pero acerca del implícito que late bajo el enunciado! A saber: que las mujeres no suelen tener cabezas poderosas. O formulado en otros términos: a las mujeres se les supone menor inteligencia que a los hombres (ya que de ellos sí se espera que algunos tengan cabezas poderosas). El mismo estereotipo está presente en un buen porcentaje de los audios; por ejemplo, en aquellos en los que diferentes mujeres con profesiones técnicas relatan cómo asisten con desesperación a que con frecuencia sus explicaciones sean puestas en duda hasta que sus palabras reciben la ratificación de algún varón, que repite su misma explicación.

Tú que eres mujer…

Veamos… busquemos prosecuciones verosímiles para este inicio… Es un juego magnífico para revelar las creencias compartidas que todavía laten respecto a lo que se espera de «ser una mujer». Por ejemplo: «Tú que eres mujer, aparca el coche, porfa, que hay muy poco espacio». O «seguro que vas a poder resolver fácilmente este problema matemático». O quizá «ponte firme y haz callar a todos esos que ponen pegas al proyecto». Tal vez: «Ahuyenta a esos tipos bordes que hay ahí».

Pero no. No… Todas estas no parecen continuaciones creíbles.

La que nos relata una joven en nuestra fonoteca sigue así: Tú que eres mujer, ¿cómo se quitan las manchas de gasolina de la ropa?

Es decir, que los saberes propios de las mujeres se circunscriben al universo doméstico, saberes que, por lo visto, constituyen un arcano para los varones.

Hasta aquí hemos visto frases que apenas constituyen la punta del iceberg. ¡Hay tantas! Una muestra breve: ¿Vas a ir sola? ¿Y no te da miedo? Aquí el dinero lo traigo yo. ¿Vas a ir así? (con canas, con escote, con una falda corta, etc.) ¿Se lo explico mejor al chico? (sobre la instalación del aire acondicionado en una peluquería). Es que tú eres guapa, y por eso no lo entiendes…

No me digáis que no imagináis de inmediato las escenas en las que se profieren esos enunciados. Claro que sí. Es que son escenarios familiares. Ahí lo dejo…

¿De verdad en el siglo XXI creemos que las mujeres tienen el hogar como espacio único que habitar, su función básica es cuidar de su familia, son timoratas, más tontas que los varones e incapaces de dominar asuntos técnicos?

Pues parece que, para muchas personas, en un sentido profundo y quizá sin ser conscientes de ello, así sigue siendo.

Este léxico es uno de los contenidos del número 11 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras. Si desea suscribirse o adquirir números sueltos de la revista, puede hacerlo aquí https://suscripciones. archiletras.com/