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26 May 2021
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Léxico profesional

La pistola de Mafalda no dice «y»

Álex Grijelmo

Mafalda exclama en una de sus viñetas, en la que aparece pistola en mano mientras juega a los vaqueros del Oeste: «Bang, bang y bang». Y Felipe le responde: «¿Cómo ‘y’ bang? ¿Dónde viste que un revólver diga ‘y’? Un revólver puede decir ‘bang’, ‘pang’ e inclusive ‘púng’. Pero nunca ‘y’».

Mafalda, sorprendida, le devuelve el arma a su amigo y se va diciendo: «¿A quién puede interesarle jugar a los cowboys con don José María Pemán?».

Quino estaba muy interesado en la gramática, el idioma, las palabras; y como muestra, la finura de ese diálogo. Cuando el periódico Primera plana le contrató las tiras de Mafalda, en 1964, se compró un manual de redacción para que no se le escaparan errores en los
bocadillos o globitos que daban voz a sus personajes.

Contaba este hecho el periodista colombiano y español Daniel Samper en el prólogo de una edición hispanoamericana de Toda Mafalda (en Ediciones de la Flor). Y señalaba a continuación que en aquellas viñetas, el primer año semanales y luego diarias, se le habían escapado dos errores ortográficos: «hechar de menos» (con hache) y «exije» (con jota). Se trató de despistes, sin duda; porque en la misma tira en la que aparece «hechar» se lee dos veces el correcto «echar». (Varios personajes dicen que echarán de menos al otro durante las vacaciones).

Ambos fallos se corrigieron luego, al publicarse los dibujos en libro. Sin embargo, en la edición española que he manejado para este trabajo (Todas las tiras de Mafalda, Lumen, 2011, 671 páginas) todavía queda algún descuido sin restañar, como veremos más adelante.

Por otro lado, la puntuación de Quino muestra una atención extrema: en las comas, en las tildes, incluso en el correctísimo detalle de unas oraciones que se abren con un signo de interrogación y se cierran con uno de interjección. Aquel manual de escritura sirvió para algo.

Julieta Colombo, representante y sobrina del dibujante, explica desde Buenos Aires que Quino sentía una gran preocupación por escribir sin errores, «sobre todo de ortografía». «Y cada vez que se encontraba con algo que se les había escapado a él y a los correctores, se angustiaba mucho».
Este grandioso humorista argentino, Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, falleció el pasado 30 de septiembre en su ciudad natal, Mendoza (Argentina), a los 88 años.

Lo que sigue es el homenaje que les rinde Archiletras a él y a su niña sabia y respondona llamada Mafalda. Y se centra, obviamente, en la presencia que tiene la lengua por sí misma en las 1.920 tiras que publicó entre 1964 y 1973.

Obviamos, lógicamente, el voseo típico del español rioplatense, sobradamente conocido.

El léxico de Mafalda

Argentinismos no entendibles por españoles
Los padres de Quino emigraron a Argentina desde Fuengirola (Málaga), y él hasta los seis años habló con acento andaluz. Pero en las tiras aparecen muchísimos argentinismos.

El capítulo de términos propios del español rioplatense que quizás en España no se entiendan con facilidad incluye al menos 39 vocablos y locuciones, que son los que hemos registrado y explicaremos a continuación:

¡canejo! . Expresión de asombro o sorpresa. Se usa para evitar «¡carajo!». La grita Mafalda como «toque autóctono», dice.

¡Cha que lo tiró! . Una alternativa eufemística de «la puta que lo parió». Lo vocea Susanita.

¡colaciónese! . Mafalda dicta un telegrama que ordena el desarme nuclear (no se sabe a quién). Y termina gritando: «¡Colaciónese!». Quizás ni las nuevas generaciones de argentinos lo entiendan. Ahí vemos una caricatura de las órdenes escritas en el lenguaje militar de la época: «archívese», «comuníquese», «publíquese». Según me cuenta el escritor y periodista argentino Martín Caparrós, en Argentina existía el «telegrama colacionado» (¿se seguirán enviado telegramas?), que se cursaba mediante presentación del documento de identidad para que adquiriese fuerza legal. Y con esa referencia usa Mafalda «colaciónese» para el suyo. En los diccionarios consultados no encontré ningún rastro de todo esto.

¡sonamos!. Se usa al menos en cuatro ocasiones en las tiras como exclamación. No tiene que ver con el grito eufórico de un grupo musical camino del éxito. Es todo lo contrario: ¡Fracasamos!

a foja cero. Locución argentina que significa «desde el inicio». O sea, desde la primera hoja. La usa Mafalda cuando tras cambiarse el peinado acaba regresando a los orígenes: «¿Verdad que se me nota un aire como de foja cero?».

arvejas. En América, guisantes. Las vende Manolito.

calesitas . Mafalda hace rotar a toda velocidad el globo terráqueo: «Si la gente notara que la Tierra da vueltas, las calesitas irían a la quiebra». A un español quizá le haga falta una agudeza de enigmista para entender que las calesitas son los tiovivos (por sus carruajes o calesas), pero no parece imposible deducirlo al entender que la Tierra les haría la competencia si girase con más velocidad.

catramina. Coche antiguo, desvencijado. Del italiano catramina, una marca de grageas que se vendían en envase de hojalata. Por tanto, una «catramina» es un coche de hojalata (una tartana). Y así llama Mafalda al triciclo de Felipe.

chanchito . En América se llama «chanchos» a los cerdos. Y un chanchito es en una de las tiras una hucha con forma de cerdito. Ahora bien, el dibujo de Quino permite deducir el significado.

chimentito . (Chisme). Argentinismo coloquial a partir de «chimento» (noticia o historia no comprobada que se brinda confidencialmente). Es decir, la materia prima de Susanita.

conscripto . El hermano de Manolito es conscripto (recluta). El término llegó desde el latín conscriptus (alistado), pero se perdió en España.

conventillo. («antro», más o menos: vivienda de mal aspecto donde vive gente hacinada). Felipe no quiere mezclar en su angustia a los demás. Su angustia «no es un conventillo».

corralón . Cocheras municipales, pero también «galpón» (almacén grande). En el caso de la tira de Mafalda donde aparece, se trata de un «almacén».

escorchar. En Argentina y Uruguay significa «fastidiar» o «enfadar». Tal vez un italianismo (de scocciar, molestar). A Mafalda la escorchan los que despiden a trabajadores.

gaffe . («Cometer la gaffe de hacer sopa»). Significa «error». Se trata de un galicismo empleado en el lenguaje popular de Argentina. Tal error o desacierto, tratándose de la sopa, se entiende que para Mafalda es mayúsculo.

Gammexane . Un insecticida que fue prohibido hace décadas, pero entonces en uso. Lo menciona Mafalda tras poner a una hormiga en un barquito de papel al que sitúa en una corriente de agua que se dirige a la alcantarilla. «Al menos resulta más poético que echarle Gammexane», se disculpa.

gomero . Un árbol de copa ancha y hojas oblongas (o sea, más largas que anchas). Se da en varios países de América, y se cultiva en casa de Mafalda.

guisera. Aunque a primera vista pueda parecer un término opaco, se habla de una guisera con un guiso dentro. En el español rioplatense significa «recipiente hondo».

intendente . (empleado municipal). No debe confundirse con las acepciones generales (jefe superior económico, jefe de fábrica, jefe de administración militar). Miguelito se refiere a un barrendero.

irradiar . (Radiar). Mafalda lo usa para referirse a lo que dice la radio; pero tal vez con doble sentido. La radio irradia noticias, casi siempre catastróficas.

lavandina . (Lejía). Este nombre procede de una marca registrada, muy popular en Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia: la Lavandina. A disposición del lector de Archiletras en el almacén de Manolito.

lo bocharon. Lo suspendieron, lo catearon. Del italiano bocciare («suspender»; «reprobar» en América). Lo usa Susanita en uno de sus chismes.

lo de . Forma popular de decir «casa de». «Me voy a jugar a lo de Felipe». «Me quedo a tomar la leche en lo de Mafalda».

ludo . (Parchís). En varios países de América, un juego de mesa del que disfruta la pandilla infantil. Obviamente, procede del latín ludo (juego).

malvoncito . (de malvón, un tipo de planta). Se da en América y en la casa de Manolito, pero no en España. De su nombre científico, Pelargonium hortorum, se deduce que debe de parecerse al pelargonio.

metegól . Jugar al metegol es jugar al futbolín. Felipe le propone una partida a Mafalda, pero esta prefiere juegos menos mecánicos.

morondanga . El papá de Libertad tiene un empleo «de morondanga»; o sea, de poco valor.

ñaupa . «¡Todo el tiempo de ñaupa!». Palabra tomada del quechua que significa «viejo», «antiguo». Miguelito se queja de que en clase de historia sólo les enseñen cosas del pasado. Pobre.

orejón . «Somos el último orejón del tarro», dice Miguelito. Los orejones son en Argentina las frutas que se secan al sol. En este contexto, «la fruta que nadie quiso coger», según explica María Cecilia Zoppi en su tesis sobre la traducción de Mafalda al inglés.

patines . (zapatillas o pantuflas). Se trata de unos patucos de franela que uno se calza para no estropear el suelo encerado. Con este significado se usa prácticamente sólo en Argentina. En la casa de Miguelito parecen obligatorios.

piolaz. (en boca de Guille, acabado en zeta. Se supone que se trata de «piolas»: «al margen», «sin inmiscuirse»). El padre y la hermana se han ido al trabajo y al colegio, respectivamente. Guille y su madre se quedan en casa. «¿De piolaz?», pregunta el pequeño. O sea, puede entenderse que «de rabona», «de novillos», «de pellas», «de campana» (esto se dice de muchas formas en España, dependiendo de cada región).

plafond . (Techo). Galicismo que se ha incorporado al español general como «plafón», pero que entonces aún se escribía con la d final. Susanita presume del que hay en su casa.

poroto . Un poroto es un tipo de judía. Y de paso, algo de poca importancia. «Me importa un poroto» viene a ser «me importa un pimiento». Quino pone la palabra en boca del papá.

qué embromar . (Qué fastidio). Como exclamación, expresa enfado o protesta. Nada de bromas. Lo dice Susanita.

ranchito . Los ranchos de las películas del Oeste (fincas para un español) no son los ranchos de Argentina (viviendas pobres). Mafalda los mira compasiva desde el tren.

recibirse . (licenciarse). Recibirse es una aspiración de Felipe; y también conjuga ese verbo Mafalda al referirse a la mamá de Libertad, que se recibió como traductora. Apenas se usa ya en España.

sanforizado . Mafalda dice (tras oír por la calle a un hombre que dice tener el corazón encogido): «Es difícil que se nos encoja el corazón, hoy todo el mundo lo tiene sanforizado». Este anglicismo (de sanforized), usado en Argentina y otros países de América, se refiere a la técnica destinada a que los tejidos no se encojan en la lavadora, gran hallazgo de aquellos tiempos.

saquito . Chaquetita. En parte de América, a la chaqueta la llaman «saco». (Procede de saccus, en latín: vestido de penitencia de los monjes. La idea de la penitencia se fue perdiendo, afortunadamente).

zapallitos. Un plato de calabacín que, por la cara que pone Mafalda, está bastante rico.

zapallo. (calabaza). Procede del quechua sapallu. A Felipe no le importa tomarlo hervido

Argentinismos entendibles por españoles

Muchos otros de los argentinismos o americanismos usados por Quino se habrán entendido con facilidad entre los lectores de España, porque se pueden identificar sus cromosomas a nada que se mire dentro de la palabra o se observe la escena. Hemos anotado 41 de esta clase, que en algunos casos recogemos en su contexto para una mejor comprensión:

Jardín de infantes (guardería); venimos a hacerte un planteo (propuesta); los que no toman la sopa nunca llegan a ser grandes (hacerse mayores); gente grande (personas mayores); heladera (frigorífico o nevera); bañadera (bañera); la radio se descompone (se estropea); discar el teléfono (marcar un número); velorio (velatorio); a mi papá le voy a regalar unos tiradores (tirantes) para que no se ponga correoso; la maldita cortina de hierro (telón de acero); una pavada (sosería, tontería); envión (impulso); noticioso (noticiero); vérselas en figurillas (pasarlas canutas); Juan de los Palotes (Perico de los Palotes); plato volador (platillo volante); conflictuado (preocupado); lavarropas (lavadora); secarropas (secadora); bañero (vigilante, socorrista); pieza (habitación); poner en penitencia (castigar); mecacho (mecachis); una yilé (una cuchilla Gillette); modondanga, en boca de Guille (morondanga): algo de poca calidad, vocablo también usado en España, aunque poco; macanazo (petardazo, quiebra); macana (mentira, desatino, contrariedad); marcador (rotulador); grandulón (grandullón); querosén (queroseno); un centímetro, ¿lo sacaste del costurero? (metro); cascotazos en el tambor (tal vez cacotazos; golpes); ruleros (rulos); calefón (calentador).

Incluimos en este capítulo tres argentinismos más que se entienden bien en su contexto: masita (bizcocho), tricota (rebeca de punto) y merengue (lío).

Y más sencillos aún de descodificar en España resultan otros tres vocablos: la bikini (el bikini), el tilo (la tila) y el vuelto (el cambio).

Neologismos

Quino se inventa palabras, como todos los humoristas. Hemos anotado 19 neologismos. Son estos:

Envidiólogo; hijismo (hay mucho hijismo ante el Día de la Madre); paramales (los que detienen los males: Los individualistas serán los paramales del mundo, ante la superpoblación); corchoanálisis, o prueba a la que deben someterse quienes tienen cerebro de corcho; anecdotazo (golpe de zapato que recibe Manolito, quien había amenazado a su padre con contar de mayor las amargas anécdotas de su niñez); ¡superfluosidades! (insignificancias); espacianos (extraterrestres), mujerez (condición de mujer, palabra de Susanita); Miguelazo (insurrección de Miguelito), muychiquista (los que dicen todo el tiempo «aún eres muy chico»); nosotros me amamos (una forma muy del agrado de Susanita pero que no se ha establecido en el sistema de la lengua); sanseacabarse (infinitivo pronominal consecuencia lógica de «y sanseacabó»), descolumpiando (bajándose del columpio), alimentaje (no hay que confundir la alimentación con el alimentaje, especialmente si se trata de sopa), problemólogos y solucionólogos (Mafalda cree que hay más de los primeros que de los segundos), y gatolupa (un gato que lo ve todo muy grande).

Además, Mafalda se imagina fundadora de un nuevo partido, pero no parece que le valgan las palabras ya disponibles. Así que barrunta estos nombres: Unión Buenocrática, Acción Cívica Bondadista y Buenismo Popular Independiente

Por su parte, Manolito hace una pintada en la pared para publicitar la tienda de su padre (viñeta recurrente, pero de final distinto cada vez), y en ella ofrece el pichínching-system. Mafalda le pregunta qué es eso. Manolito contesta que se trata de un sistema que permite comprar a precios de pichincha; o sea, de ganga. Probablemente, los argentinos tomaron este vocablo del portugués brasileño pechincha.

Anglicismos comunes

Las tiras de Mafalda contienen 26 anglicismos muy comunes en la Argentina de aquellos años sesenta y setenta. En una de las primeras tiras, Mafalda anima a Manolito a hacer un esfuerzo: «¡A ver si lográs pensar algo!». Pero los globos que representan lo que pasa por la cabeza del amigo menos cultivado de la pandilla muestran interferencias en la pantalla. Ante esa imagen, Manolito dice: «Es triste, pero tendré que llamar al service» (al servicio técnico).

A Felipe le fascinan los billetes que le llegan nuevos y planchaditos: «Son wash and wear», dice. Un lema comercial que ayudaba entonces a vender determinadas ropas. Equivale a «lavar y poner» o «lavar y usar». En España se decía «que no se plancha» (locución usada también en Argentina). Y Manolito le responde: «¿Wash and wear? Los billetes no son wash and wear, son best-sellers». No le faltaba razón: por muchos que se impriman, siempre se agotan.

Otros anglicismos habituales y extendidos son la UN (la ONU), round (asalto), pullóveres, escrito con dos eles (o sea: jerséis; un anglicismo a su vez, por cierto), full time (a tiempo completo; Manolito es una bestia full time, según Susanita); stock (existencias, almacenado, reservas); rating (audiencia); snob (que se hace pasar por distinguido), término que Susanita le suelta a Manolito, y a lo que éste contesta: «¿Un squé?»; cowboys (vaqueros), juego habitual de toda la pandilla; ránking (lista, clasificación), que Quino escribe ya con tilde; shorts (bañador), living (salón); look (aspecto); sexy (atractiva), algo que Mafalda intenta ser en una viñeta playera; cassete (cinta); radiocassetes (magnetófonos, radiograbadoras), sparring (simulador, amagador), made in Japan (fabricado en Japón), royalty (derechos de autor), boom editorial (superventas); crema de champignons (champiñones); hobby (afición), bowling (bolera)… y ¡finish! (lo dice Manolito enfadado: «¡No voy más! ¡Finish!» (a la escuela).

También encontramos el término happenings (actos artísticos en los que participa el espectador). Sorprende este vocablo en boca de Manolito, quien se lo suelta irónicamente a Mafalda cuando él acaba de caerse estrepitosamente derramando todo lo que llevaba en la cesta de reparto. La niña le pregunta «¿Te caíste?», a lo que él responde: «No, es que ahora me da por hacer happenings».

La mayoría de esas palabras se comprendían sin problemas entonces en Argentina, y aun en España.

Crítica sutil de anglicismos

El léxico de Mafalda no sólo puede interesar por su variedad argentina del español, también por el propio sentido lingüístico de Quino, que se deja ver en muchas viñetas.

Por ejemplo, cuando muestra alguna crítica sutil a la profusión de anglicismos en la vida cotidiana. Mafalda se muestra generalmente contraria a esas palabras extranjeras.

Veamos.

Durante las vacaciones familiares en una zona turística argentina, Mafalda se ve rodeada de expresiones en inglés, en boca de turistas y camareros. Y les dice a sus padres: «¡Pronto, por favor!… Díganme lo más gauchesco que se les ocurra!».

(El término gauchesco es inconfundible en Argentina, y quizás también en España: se refiere a los gauchos, las personas que viven en el campo y dominan la cultura tradicional).

Manolito forma parte de quienes siguen esa estela que considera más prestigioso todo lo que se aproxime al inglés; aunque él se muestre como el personaje menos dotado para esa lengua… y para la española también. Él sueña con llamar a su cadena de supermercados «Manolo’s», con el genitivo sajón; un rótulo muy presente en los planes del niño del pelo en púas. Y por eso también idea la tarjeta de descuento «Manolo’s Card».

En otra viñeta, Mafalda pasa junto a varios letreros comerciales en inglés, y se pregunta: «¿Serán ideas mías o realmente se está poniendo pesada esta manía de extranjerizar palabras?». Lo siguiente que ve es una pintada con la caligrafía de Manolito en la que se ofrecen las mejores «lenteja’s».

El manejo de términos ingleses era entonces aldeanamente prestigioso, lo mismo que hoy. Quino se ríe de eso en una tira donde los niños juegan a los vaqueros (o cowboys, claro). Pistola en mano, van diciéndose: «¡Okey!», «¡Camón!», «¡Sháráp!»… El siguiente en hablar es Manolito, a quien solamente se le ocurre decir: «¡Guashangüéar!». O sea, el «lavar y ponerse» ya comentado más arriba.

En otra tira se anuncian en la radio cigarrillos, con distintos anglicismos, y Mafalda responde: «¿Con humo en castellano?».

Mafalda también pronuncia un anglicismo, pero con sorna. En una viñeta usa self-made man (hecho a sí mismo), y Miguelito le pregunta: «¿Y eso qué es?». Mafalda responde: «Parece ser que si empezás en una cuna miserable y terminás en un ataúd de lujo, has triunfado en la vida».

La idea de la colonización del inglés frente a la independencia argentina le permite a Quino en una ocasión reírse de ambas posiciones. Así, la maestra les dice a los niños en clase: «Ustedes han ido aprendiendo lo que hoy constituye la esencia misma de nuestra nacionalidad, ¿verdad?». Y todos contestan al unísono desde sus pupitres: «¡Yeah!».

Más adelante, Mafalda se interesa ante Felipe: «¿Ya hiciste la composición sobre la independencia nacional?». «Todavía no. Y salí a dar una vuelta para inspirarme», le responde. Se ve entonces, en la misma viñeta, una abigarrada muestra de carteles comerciales en inglés, junto a los cuales dice Felipe: «Pero no se me ocurre nada». Y eso que Felipe pasa por ser el más imaginativo de la cuadrilla.

Y claro, con tanto anglicismo, Mafalda se lía en alguna ocasión. En un ejercicio de caligrafía, la niña escribe con letra infantil: «Ema se asoma. Ve la mesa de la sala». Y le pregunta a su madre: «Mamá, ¿la sala qué pieza viene a ser?». A lo que ésta le responde: «El living». Y la niña comenta sorprendida: «¿Por qué demonios no escribirán los libros en
castellano?».

La onomatopeya «bang» aparece en media docena de tiras, porque Mafalda y su pandilla juegan a menudo a los vaqueros del Oeste.

En una de ellas se leen las exclamaciones de distintos personajes de la pandilla: «Bang, bang, bang…». Hasta que alguien dice: «¡Pum!». A lo que Felipe responde indignado: «¡No, no y no! ¡‘Pum’ no se usa más! ¿Quién es el obsoleto que dijo ‘pum’?». Era Manolito, claro. El mismo que en otra viñeta aspira a ser «Roque Feler».

Pero «bang» funciona para ellos como voz ajena a cualquier lengua en concreto. Cuando Libertad pregunta qué es el esperanto, Mafalda le responde: «Un idioma universal». Y Libertad deduce: «Ah, ¿bang?».

Coloquialismos

Los términos y exclamaciones coloquiales son frecuentes en las tiras de Quino. Leemos, por ejemplo «espichamos» (morimos) o «¡pucha!» (eufemismo americano de «puta» que también se usa en España, pero menos).

Este último término, sin embargo, no encaja en determinados ámbitos. Y volvemos a los juegos de vaqueros: «Bang», suena en una viñeta. «¡La pucha!», dice Mafalda al huir en el juego. Pero a Felipe no le convence, una vez más. Hay algo que no le encaja: «¡¡“La pucha” no! Tenés que decir “¡Aauugh!”, como en las historietas de cowboys!!». Y Mafalda zanja la historieta: «¿Por qué no te vas un poco al cuerno con tus muertes extranjerizantes, Felipe?».

La aféresis (supresión de sonidos o sílabas) fue muy característica del gran Forges («Gensanta», «mosanda», «nefecto», «sactamente», «sodicen», «soparece», «sovaser», «cachis la mar», «gnífico»; a veces con la supresión de fonemas en el medio de la cadena de palabras: «tontolculo» y «tontolcul»). Quino le precedió en el invento, cuando hizo decir a la madre de Mafalda al volver del mercado: «¡Sunescán! ¡¡Dalúna búso!!».

Comentarios sobre el lenguaje

Joaquín Lavado compuso también algunos chistes que tienen como protagonista a la propia lengua. Como en esa tira donde el papá de Mafalda consulta el diccionario y lo vuelve a dejar en la librería. Lo cual hace comentar a la niña: «Así nunca vas a terminar de leer un libro tan gordo».

El diccionario protagoniza precisamente algunas historietas. Por ejemplo, cuando Mafalda y Felipe se interesan por saber si «sopa» está considerada una mala palabra (es decir, malsonante). Como ven que no, tiran el libro a la basura.

En otra ocasión, los niños buscan la entrada «hipo», porque Manolito sufre de ese mal a menudo. Leen una definición muy técnica, y por eso le dicen a su amigo que debería sentirse más importante. Susanita contribuirá luego diciendo que las hipotecas son los lugares donde se guardan los hipos.

Más adelante, Mafalda consulta la palabra «mundo», y se queja porque en el diccionario se le dice de dónde viene, pero no adónde va.
Sin embargo, no deja de acudir de nuevo a ese librote. Un día le dice a Felipe: «Ojeando el diccionario, uno aprende cosas nuevas». Por ejemplo, la palabra «portantillo» (paso corto y rápido del burro). Y en ese momento aparece caminando Manolito, quien da uso práctico a lo que los dos niños acaban de aprender.

Otro día, Felipe juega con un yoyó. Mafalda parece no conocer el artilugio. «Es un yo-yo», le explica su amigo. «¿Un vos-vos?». «No, un yo-yo». «Ah, ¿un Felipe-Felipe?». «No, un yo-yo», repite. Y Mafalda no tiene más remedio que gritarle: «¡Egocéntrico!».

Y no faltan los juegos de palabras: «Esta leche tiene nata», protesta Mafalda ante su madre. «¿Siempre igual!», se queja. «Nunca te fijás si tiene nata». Y a continuación le pregunta: «¿O estás contra el control de la natalidad?».

Los parónimos también le dan juego a Quino. «Los milibares son una medida de presión», explica a Mafalda su padre. A lo que ella responde: «Yo te pregunté por los milibares, no por los militares».

En ese mismo terreno, a Susanita le parece que El Llanero Solitario, famoso personaje de historietas, es más bien El Llanero Solterón.

La polisemia también sirve. En otro dibujo, Manolito dice estar consultando el mercado de valores. Y Mafalda le pregunta: «De valores morales?, ¿espirituales?, ¿artísticos?, ¿humanos?». «No, no», le contesta, «de los que sirven».

Con razón Susanita le prevendrá más tarde a Manolito sobre la inminente libertad de cultos, porque a él no le incluye.

Viñetas más adelante, la directora del colegio se dirige a los niños y les habla de «vosotros» (algo muy inusual en Argentina, donde se dice «ustedes»). Quino usa este guiño de lenguaje para presentarla como persona trasnochada y fuera de sitio. (Comenta esta viñeta con ese sentido María Cecilia Zoppi, en sus tesis sobre la traducción de Mafalda al inglés, escrita en 2018).

El doble valor de «índice» sirve para otro chiste. Mafalda apunta con ese dedo hacia el frente y dice: «Un patrón pone su índice así… y tresmil [sic] obreros quedan en la calle. Este debe [de] ser el maldito índice de desocupación con el que escorchan tanto». (Ya se ha dicho más arriba que «escorchar» significa, en términos suaves, «molestar»).

Para polisemia, la que sigue: La maestra les anuncia a sus alumnos: «Hoy vamos a estudiar el pentágono». Y Mafalda responde desde su pupitre: «¿Y mañana el Kremlim?».

Caricatura de otros lenguajes

La mirada de Quino sobre distintos aspectos del lenguaje le lleva a reírse finamente de algunas suertes de estilo alambicado. Por ejemplo, Mafalda redacta una composición para el colegio, sobre el invierno; y escribe: «Una vez más, enfrentamos una coyuntura invernal. El invierno es una etapa que articula sobre el incremento del frío, la agilización de la caída de hojas y…». Pero se interrumpe: «No, el lenguaje oficial tampoco sirve para escribir composiciones».

Y como guinda, una colleja a los eufemismos. Una persona mayor (sólo se ven sus pantalones) le dice a Miguelito: «A partir de ahora, en vez de llamarlos a ustedes ‘niños’, los llamaremos ‘seres humanos en vías de desarrollo», en referencia a la expresión que empezaba a extenderse entonces («países en vías de desarrollo», que sustituía a «países subdesarrollados»). Pero cuando se trata de celebrar tal hallazgo lingüístico con un whisky, la persona mayor le niega a Miguelito tal posibilidad porque, obviamente, es todavía un ser humano en vías de desarrollo. El cambio se quedaba una vez más ahí, en el lenguaje.

Insultos

En las 1.920 tiras de Mafalda y sus amigos aparecen algunos insultos argentinos, todos ellos de menor cuantía. El más usado es «papafrita»(anotado cinco veces), que en algunos países de América significa «tonto» o «ingenuo»; el mismo sentido otorgado a «zanahoria», que se lee al menos dos veces (bueno, en una de ellas se escribe «zanahodia», porque lo dice Guille).

Y Susanita llama a sus amigos «manga de insensibles» cuando no aprecian su arte poética. («Manga» viene a ser «hatajo»).

Otro insulto argentino es pichiruchi (tonto), que Mafalda lanza a Manolito, quien se lo soltará más tarde a Susanita, pero sin haberlo procesado adecuadamente, porque, en vez de pichiruchi, aquel le dice muy enfadado: «¡Sos una Machu Picchu!».

Ortografía y gramática

A modo de curiosidad, en esta panorámica sobre Quino y la lengua reflejaremos algunas cuestiones de ortografía.

Como se ha indicado más arriba, en la publicación original apareció un «hechar de menos» en la misma tira en que se escribe correctamente en dos ocasiones; y un «exije» (con jota). Ambos descuidos se corrigieron en los libros; pero no «idiosincracia» (ahí sigue, aunque en otras viñetas aparece bien: idiosincrasia) y algún «báng» y algún «púng» con tildes.

En las primeras tiras, se lee cuatro veces «porqué» donde corresponde «por qué»; si bien ese error desaparece en las siguientes.

Los bocadillos o globos muestran también cuatro queísmos («me he enterado que», «nos enteramos que», «estoy segura que», «darse cuenta que»), más habituales en el español de América.

Hay también un le inmovilizado (denominación de Emilio Alarcos) en la frase «Era una pena no darle un golpe de Estado a los bombones» (en lugar de «darles»).

Y además se pueden encontrar expresiones que se supone son erróneas, como «adentro mío» (dentro de mí), «adentro tuyo» (dentro de ti), «este agua» (esta agua), «a nivel de» (en), «de motu propio» (motu proprio, con erre y sin «de») y «en vez yo» (pues yo).

Pero claro: quienes hablan son niños y no debemos criticarlos. Ellos no tienen la culpa. ¡Eso es lo que oyen a los mayores!

Cultismos en niños

Quino, junto a la escultura de Mafalda con la que el Ayuntamiento de Oviedo homenajeó al humorista argentino al recibir el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2014.

Evidentemente, el lenguaje de Mafalda, Felipe, Miguelito, Manolito, Libertad, Susanita y Guille está muy influido por lo que oyen en la radio y la televisión.

Por eso usan tantos cultismos (los subrayaremos a continuación), inusuales en el lenguaje infantil y a la vez parte de la gracia que Quino dio a sus personajes: «Los audaces son dueños del mundo», dice el papá de Mafalda. A lo que ella responde: «Y tú nunca escrituraste, ¿verdad?».

«¿Y si fuera cierto», se pregunta Mafalda, «que la TV nos atrofia la imaginación a los chicos?». Y en ese momento se imagina vestida de astronauta y paseando por la Luna.

Hasta el mismísimo Manolito se permite algún latinajo: «¡Dios mío, ¿cómo se puede ser tonto y, encima, ad honorem?». «¡Lo sé porque es vox populi!». Susanita habla sobre «la proscripción de las armas atómicas. Y Libertad cree que ese niño del ejemplo matemático que tenía doce caramelos y regaló seis se quedó con… «¡conflictuado!».

Una formación parecida a la «generación bien aspectada» que ya ve venir Mafalda.

Bibliografía
Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario de Americanismos. Santillana, 2010.
Academia Argentina de Letras. Diccionario del habla de los argentinos. Emecé, 2008.
Barcia, Pedro Luis. Un inédito diccionario de argentinismo del siglo XIX. Academia Argentina de letras. 2006.
Conde, Óscar. Diccionario etimológico del lunfardo. Taurus, 2011.
Zoppi, María Cecilia. La traducción al inglés de los culturemas de Mafalda. Tesis de grado de magíster en Traducción. Universidad de Belgrano. Buenos Aires. 2018.

Este léxico es uno de los contenidos del número 10 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras. Si desea suscribirse o adquirir números sueltos de la revista, puede hacerlo aquí https://suscripciones. archiletras.com/