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12 Ene 2022
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Música

Pasar de inglés al castellano en el pop

Ana Bulnes

"¿Y no tenéis canciones en español?"

«¿Por qué siempre cantáis en inglés?». Al dúo coruñés Escuchando Elefantes no le hacían demasiado esta pregunta, pero sí algunos comentarios que básicamente venían a decir lo mismo. Y así, ¿Por qué siempre cantáis en inglés?, es como decidieron llamar a su primer disco en castellano, lanzado a principios de este año. «Nos gusta hacernos los simpáticos», dice Silvia Rábade, batería y cantante del grupo, un poco entre risas.

El mundo del pop español está lleno de grupos y artistas que tomaron como lengua vehicular el inglés. La razón suele ser la simple educación musical emocional: si normalmente escuchas únicamente canciones en inglés, cuando empiezas a escribirlas, no es extraño que te salgan en ese idioma, aunque no sea la lengua en la que te expreses en tu día a día. No es una decisión, es un empezar a jugar con las herramientas con las que has visto jugar a otros.

«Mis referencias musicales eran en inglés», explica Odette Suárez, la artista detrás del proyecto Penny Necklace. Empezó de forma algo autodidacta, sin un plan de que aquello se convirtiese en algo serio. Era también el momento del boom de las «chicas con guitarra» en el panorama de la música indie nacional: Russian Red, Anni B Sweet… Cantaban en inglés bajo nombres anglosajones, lo que llevó a Suárez a escoger el nombre de Penny Necklace. Se había planteado usar Odette, su nombre real, pero ya había un grupo que se llamaba así.

Penny Necklace: «Mis referencias musicales eran en inglés», explica Odette Suárez, la artista detrás del proyecto Penny Necklace. Sofía Magán

En otras ocasiones, el uso del inglés responde a la razón más lógica: es la lengua materna de quien escribe la letra. Es el caso de Marlango: una de las mitades del grupo es la cantante y actriz Leonor Watling, hija de madre inglesa. Alejandro Pelayo, la otra mitad, cuenta que no se plantearon lo del idioma hasta que se lo empezaron a preguntar en entrevistas. «Al principio nos parecía una pregunta extraña, porque Leonor es Watling, su madre es inglesa y se hablan entre ellas en inglés y ella escribe las letras en inglés y canta en inglés», relata. «Nos parecía que eso había que preguntárselo a alguien que se llamase María García y escribiese en inglés», asegura.

Sin embargo, todos ellos, Escuchando Elefantes, Penny Necklace y Marlango, hicieron el cambio y empezaron a cantar en castellano. No fueron los únicos: otros muchos grupos y artistas con inicios anglocantantes como Sidonie, Love of Lesbian, Xoel López con Deluxe o la ya mencionada Anni B Sweet, llevan varios discos ya en español.

Odette Suárez dice que en su caso fue «una decisión consciente». Empezó a trabajar con el productor Víctor Cabezuelo, de Rufus T Firefly, un grupo que había hecho el cambio. «Comentamos un poco la situación, cómo había sido para él, y me animó a hacerlo a mí también», relata.

En Marlango la idea surgió precisamente a raíz de esa pregunta que tanto les hacían. Ahí, relata Pelayo, empezó el runrún. El primer pasito, el mojar los dedos de los pies en el agua, fue probar haciendo alguna versión en castellano. Y después otra. Y después otra. Un proceso de aprendizaje necesario porque con el cambio de lengua cambian también las normas.
Para el que canta, asegura el músico, son «dos mundos completamente diferentes», porque la voz se coloca en un sitio distinto, la fonética es distinta y también los acentos. Odette Suárez dice que ella notó que, al empezar a cantar en castellano, su voz le salía más grave. Algo similar le pasa a Silvia Rábade, aunque cree que solo al hablar y no al cantar. «Mi voz de cantante creo que es la misma, pero al hablar en inglés lo hago más grave», afirma.

Pero, antes de cantar, hay que tener una letra y una música que se entrelacen y fluyan juntas, razón por la que el cambio de idioma va más allá de una simple traducción. Odette Suárez lo aprendió pronto: cuando decidió probar el castellano, tradujo el disco en el que estaba trabajando en ese momento. «Al final se quedó en inglés, componer en inglés e intentar traducir no funciona», asegura. El siguiente álbum ya lo hizo directamente en castellano.

«El castellano te lleva a otro tipo de prosodia», opina Yuri Méndez. El músico leonés está detrás del proyecto Pajaro Sunrise, con el que siempre escribió en inglés también porque era la música que escuchaba. Aunque «hace muchos años» hizo un disco en castellano porque así se lo pidió una discográfica, en el resto de su carrera utilizó siempre la lengua de The Beatles. Hasta 2020, cuando lanzó dos canciones en castellano. A Méndez le llama la atención que a veces hay músicos que en español usan «una especie de fraseo adaptado del inglés», una traducción que siempre se le ha hecho muy rara. «Creo que, si cantas en castellano, tienes que dejar que la lengua lo maneje», asegura.

Alejandro Pelayo, de Marlango, está de acuerdo. «Escribir en castellano es un ejercicio mucho más quirúrgico porque las palabras, las sílabas, tienen acentos que tú no puedes mover», señala. Cuando alguien canta en castellano y no respeta esos acentos, hasta sus hijos pequeños lo notan. «Cuando vamos en el coche y escuchamos ese tipo de canción que acentúa donde quiere, dicen: “¡No sabe hablar!”».

Para él, conseguir terminar una canción en castellano es «mucho más satisfactorio que un disco entero en inglés». Las reglas del idioma hacen que adaptarlo a la música sea más complejo. «Hay muchas pausas, no puedes parar y respirar donde tú quieres. No puedes cortar una palabra donde tú quieres, porque cambia el sentido de la frase. Los signos de puntuación son igual de importantes para el significado que la elección de las propias palabras», enumera.

Odette Suárez añade que la métrica ocupa más y que es «más percusiva», lo que incide en cómo se une la melodía a la letra. «Antes hacía vocales muy largas y pocas palabras, y, cuando me cambié al castellano, empecé a meter mucho más fraseado», cuenta. A Silvia Rábade le parece que la musicalidad de las palabras es más compleja en castellano.

Romper las reglas porque las conoces

Las personas que viajan de un idioma a otro en su vida diaria sin mayor problema realizan a veces lo que se denomina «alternancia de código», cambiar de lengua en función del interlocutor, el tono, el propósito o el tema. Esta relación puede ir también al revés: no solo que el tema llame a la lengua, sino que la lengua llame al tema. ¿Puede trasladarse esto a las canciones? ¿Se canta de pronto sobre algo distinto al pasar del inglés al castellano?

Nadie lo tiene muy claro. Alejandro Pelayo cree que a veces nos convertimos en personas distintas dependiendo del idioma que hablemos —algo relacionado con las personas y situaciones en las que hablamos una lengua u otra—, pero opina que a ellos el cambio no les influyó a nivel temático. «Hay muchas cosas que están determinadas por el paso del tiempo y por cómo nos acostumbramos a vivir esas cosas nuevas que nos van pasando, como tener hijos. Eso provoca nuevas canciones y ahí el idioma pasa a ser secundario, porque la novedad del sentimiento es tan poderosa que te da igual en lo que salga», asegura.

En lo que sí puede influir el idioma, especialmente cuando no eres bilingüe total desde pequeño, es en cómo de pronto experimentas y entiendes lo que cantas al pasarte a tu lengua materna. «Cuando canto, siento que conecto más con lo que estoy diciendo en castellano y me emociono más», dice Odette Suárez. En inglés podía emocionarse, pero más por la parte musical que por lo que estuviese diciendo. Este sentirse más vulnerable al conectar de otro modo con lo que cantas —porque lo entiendes en un nivel más profundo tú y porque sabes que el público también lo entiende— le ocurre también a Yuri Méndez, que nota que en castellano evita los sentimentalismos. En cierto modo, el inglés le sirve como pantalla tras la que esconderse y dejar que la parte «más emocional o más llorona» salga. En castellano se nota con una actitud «más vacilona», aunque concede que quizá sea porque lo que más escucha en español es hip-hop.

Él suele componer improvisando por encima de una base; después, escucha las improvisaciones e intenta encontrar un hilo conductor. Luego le toca podar y retocar mucho la letra, porque en ese dejarse llevar nota también que en castellano es algo menos consciente de lo que sale, se crea un flujo de consciencia más torrencial. (Es en esa poda posterior cuando detecta y elimina lo más sentimental).

A nivel letrístico, el uso de la lengua materna también permite no solo ser más consciente de lo que se dice, sino de cómo se dice. Méndez le pone mucha atención a las letras en ambos idiomas, pero en aspectos distintos. En inglés se vigila «muchísimo» para no meter la pata o sonar poco natural. En castellano experimenta más, también porque le cuesta menos «hacer construcciones extrañas o romper la gramática». Odette Suárez cuenta algo similar. «El juego que puedes tener con un idioma propio, de tergiversarlo, de segundas lecturas, de mover el orden de las palabras con un sentido poético; en inglés no lo estaba haciendo porque no tenía las mismas herramientas», explica.

La acogida

En cuanto a la respuesta recibida una vez que se sale al mundo con las canciones en otro idioma, una de las primeras cosas que notaron Marlango cuando empezaron a tocar versiones de canciones en castellano fue que el acercamiento del público, lo que sentían que les llegaba de la gente al estar en el escenario, «se multiplicó por cinco». Esta energía que notaban fue lo que los impulsó a hacer su primer disco en castellano, editado en 2012. Cuando empezaron a tocar más por Latinoamérica, todo se afianzó más. «Puedes cantar en inglés y el concierto está muy bien y la gente está muy conectada, pero en el momento en el que tocas una canción en nuestro idioma común todo cambia y se convierte en otra cosa», asegura Pelayo.

Yuri Méndez, de Pajaro Sunrise, no ha tenido mucha ocasión para ver cómo funcionan Madrid y Barcelona, sus dos canciones en castellano de 2020, en directo, pero sí ha comprobado otro tipo de éxito, el de las plataformas de streaming. De hecho, Barcelona surgió como una especie de experimento pensado para Spotify (Madrid forma parte de la banda sonora de la película El arte de volver y «no tenía sentido» hacerla en inglés). «Spotify no es que te penalice si cantas en inglés, pero tiene esa forma de hacer recomendaciones en función de la zona en la que estás», cuenta. Es decir, el inglés en España no siempre es lo que más impulsa el algoritmo de la plataforma. «Quería probar por curiosidad qué ocurría sacando una canción en castellano, si servía para que se moviese más».

El experimento salió muy bien y el público, medido en volumen de reproducciones, se multiplicó. «Hasta ahora las cosas de Pajaro Sunrise siempre han ido mucho mejor fuera de España que aquí, pero esta creo que es la primera vez que al publicar algo tiene mucha más atención en España o en países de habla hispana que todo lo anterior», concluye.

En ese momento del experimento, barajaba llevar esa parte de su carrera musical por dos caminos paralelos: seguir en inglés como Pajaro Sunrise y publicar en castellano con su nombre, Yuri Méndez, algo que no había hecho antes por falta de tiempo. La pandemia le trastocó planes y fantasías, aunque la idea sigue ahí, ya que escribir en castellano le atrae «un poco por interés, un poco por curiosidad y un poco porque me gusta».

¿Es el cambio, reciente o no, definitivo? Nadie se atreve a asegurarlo. Silvia Rábade, de Escuchando Elefantes, comenta que tienen otro disco en inglés ya escrito que dejaron de lado cuando se pusieron a componer en castellano «por probar algo distinto», pero asegura que en general no les importa mucho la lengua, que hacen lo que les pide el cuerpo. Esto mismo asegura Alejandro Pelayo con respecto a cómo funciona Marlango. «La verdad es que, cuando haces música, haces música», asegura. «Hacemos lo que nos apetece, lo que nos pide el cuerpo». Y si el cuerpo pide un estilo, un modelo de conciertos o una lengua determinada, ¿cómo negarse?

 

Este reportaje es uno de los contenidos del número 12 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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