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04 Feb 2021
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Lenguas

Lengua de signos, tan rica y compleja como la oral

Charo Rueda

El lenguaje gestual que utilizan unas 100 000 personas sordas en España no es simple mímica, tiene una gramática creativa y productiva como la de cualquier otra lengua natural

La lengua de signos (así llamada en España) o de señas (en Hispanoamérica) ni es única ni una simple mímica ni una reproducción visual de una lengua oral. Las lenguas de signos —movimientos y expresiones con las manos, los ojos, el rostro y el cuerpo— tienen una gramática compleja, creativa y productiva como la de cualquier otra lengua natural.

En contra de la creencia generalizada, el lenguaje de signos no es universal. Hay muchas lenguas de signos, distintas en cada país, unas 300 en todo el mundo. En España se usan dos: la española y la catalana. Lo que sí existe es un sistema internacional de signos que utilizan personas que no comparten un mismo código lingüístico y que son usuarias de lenguas de señas distintas. A este sistema se recurre en contextos como los congresos internacionales.

Tampoco existe una lengua de signos por cada lengua oral, ya que las lenguas de señas han evolucionado de forma natural mediante el contacto entre personas. Incluso cuando varios países comparten el mismo idioma hablado utilizan diferentes lenguas de signos. España y los distintos países de Hispanoamérica son ejemplo de ello, como cuenta Concha Díaz Robledo, presidenta de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE).

«Son lenguas de carácter visual, gestual y espacial que poseen una gramática visual rica y propia, en cuya conformación intervienen factores históricos, culturales, lingüísticos y sociales. Lenguas de cultura que dependen en su evolución y desarrollo de la comunidad de personas que las usan, las personas sordas, las sordociegas y sus familias. Y pese a prohibiciones y obstáculos, se han mantenido vivas, ya que sus usuarios las han protegido y transmitido de generación en generación», señala Díaz Robledo.

Las dos que se hablan en España están reguladas por ley desde 2007 y cumplen con las características formales del lenguaje humano, ya que tienen gramática visual propia y su evolución depende de la comunidad de personas que las usan.

En nuestro país hay poco más de un millón de personas sordas y sordociegas, y en todo el mundo son 70 millones.

Sin embargo, el refrendo legislativo no se traslada a la práctica, ya que, como denuncia la Confederación Estatal de Personas Sordas, hay barreras de comunicación que socavan la participación plena. «No podemos hablar de la igualdad de oportunidades que se garantiza por ley. Son muchas las vulneraciones de derechos que se producen en ámbitos como el empleo, la educación, la formación, la sanidad, la justicia o los servicios, propiciadas por un deficiente acceso a la información y a la comunicación» y recuerdan que, más allá de ser una herramienta de accesibilidad, este sistema de comunicación es el requisito básico que tienen muchas personas sordas y sordociegas para hacer posible otros derechos. «Y como tal, su difusión, aprendizaje y uso deben garantizarse para la ciudadanía sorda. Sin lengua de signos, no hay verdadera inclusión».

También deja mucho que desear la integración de los niños sordos en la escuela que propone la ley. «La falta de recursos humanos y materiales afecta a miles de alumnas y alumnos que, cada inicio de curso, tristemente comprueban que la administración educativa no piensa en ellos. Para empezar, la desigualdad territorial es preocupante. Las familias que viven en pequeñas ciudades o en zonas rurales no pueden elegir para sus hijos e hijas una educación bilingüe que incorpore la lengua de signos», denuncia la presidenta de la Confederación.

Por otro lado, la dotación de asesores sordos especialistas en lengua de signos no es suficiente para el alumnado sordo de infantil y primaria, como tampoco lo es la de intérpretes de lengua de signos para los de secundaria, formación profesional o grado. «Estos últimos meses han sido muy frustrantes para muchos de ellos, ya que las clases online, por lo general, no han sido accesibles e inclusivas en todas las autonomías por igual y les ha colocado en una clara situación de desventaja respecto a sus compañeros”.

Durante el confinamiento, los servicios puestos en marcha por la pandemia, empezando por la información sobre el coronavirus y siguiendo por la atención hospitalaria o la tramitación de ayudas, han sido telefónicos, lo que los hace inaccesibles para las personas sordas. Para solventar el problema con el que se han encontrado miles de personas, la Confederación puso en marcha una red autonómica de atención COVID-19 que ha dado cobertura a los colectivos vulnerables.

La Federación Mundial de Personas Sordas (WFD) apuesta por un modelo de escuela bilingüe en la que el profesorado debe dominar la lengua signada con un nivel de fluidez nativo, y en la que las niñas y niños cuenten con modelos adultos sordos. De igual forma, insta a los gobiernos a «apoyar a las familias en el aprendizaje de estas lenguas para que puedan comunicarse con sus hijas e hijos».

De comunicación con personas sordas tiene mucha experiencia Ana Rubio, trabajadora social de Madrid, hija de padres sordos, que aprendió el lenguaje de señas al mismo tiempo que empezaba a hablar. Recuerda que la comunicación en casa se producía de manera natural y que sus padres eran personas sociables que se relacionaban con todo el mundo, y también, mucho, con quienes eran como ellos, en las asociaciones que había entonces, años sesenta y setenta, que eran lugares de ayuda, de ocio y de relaciones sociales beneficiosas.

«Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, se ha producido un avance social muy importante y la obligatoriedad de los traductores les ha ayudado a acceder a una educación integrada y poder entrar a la universidad; aunque en el aspecto laboral todavía tienen muchas dificultades», afirma.

La WFD califica las lenguas de signos como elementos clave en la inclusión de las personas sordas en la sociedad, y en la construcción de la propia identidad y de la comunidad sorda. De hecho, dice que «el uso de la lengua de signos es un derecho humano fundamental» y que «restringir su uso a las personas sordas es negarles sus derechos lingüísticos, contravenir su libertad y dignidad, y vulnerar leyes nacionales e internacionales que apoyan su respeto, protección y promoción».

Por eso, defiende un cambio de paradigma para caminar desde el modelo médico de discapacidad hacia el modelo de derechos humanos, en consonancia con la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que reconoce a la comunidad sorda como una minoría lingüística y cultural.

Desde 2018, cada 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de las Lenguas de Señas. La fecha es la de la creación de la Federación Mundial de Sordos (DMA), en 1951, una organización que tiene entre sus objetivos la preservación de los lenguajes de señas y la cultura sorda. Y en noviembre de 2018 el Parlamento Europeo dio luz verde a una resolución sobre las normas para las minorías en la Unión Europea, donde una de cada mil personas utiliza la lengua de signos como su primera lengua. Esto situaría la cifra en 100 000 hablantes en España.

Los precedentes

Los textos sobre la comunicación por señas se remontan en nuestro país al siglo XVI. En los monasterios de la época se empezaron a utilizar signos para poder comunicarse debido a la obligación de guardar silencio. Además, los monjes intentaban educar así a los niños sordos. El benedictino Pedro Ponce de León comprendió la necesidad de expresarse de estos niños y comenzó a emplear un sistema gestual de comunicación.

En 1620, otro monje, Juan Pablo Bonet, publicó en Madrid su libro Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar a los mudos, en el que se incluía por primera vez el alfabeto manual. Creía que el sordomudo debía aprender un alfabeto dactilológico usando fotografías de la postura de la mano para cada letra antes de aprender a hablar y leer los labios.

En la segunda mitad del siglo XVII, se publica el tratado Escuela española de sordomudos o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español, de Lorenzo Hervás y Panduro, un avance para la integración, aunque el mayor paso fue el Diccionario usual de mímica y dactilología, de Francisco Villabrille, de 1851, con 1500 signos descritos. En el siglo XIX se abren los primeros colegios de sordomudos y ciegos y se desarrolla la interacción lingüística y social.

En el último cuarto del siglo XX, surgen los movimientos de reivindicación del lenguaje de señas como instrumento de comunicación. Es cuando empiezan a celebrarse encuentros sobre la necesidad de su reconocimiento para garantizar el acceso a la educación y a la sociedad.

La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de las Naciones Unidas reconoce y promueve el uso de las lenguas de señas, establece que tienen el mismo estatus que las lenguas habladas y obliga a los Estados a que faciliten el aprendizaje de la lengua de señas y promuevan la identidad lingüística de la comunidad de las personas sordas.

Primer diccionario interactivo de gestos

El Diccionario audiovisual de gestos españoles. Hablar en español sin palabras es el trabajo de una década de las profesoras Ana María Cestero, Mar Forment, M.ª José Gelabert y Emma Martinell que ha publicado la Universidad de Alcalá de Henares y es el primer volumen de estas características realizado tras estudios empíricos y el único libro interactivo digital, de acceso libre para todo el mundo. Cuenta con 156 entradas estructuradas en macrofunciones comunicativas y es audiovisual, pues tiene 278 diálogos representados en los que se puede ver el gesto descrito. Es interactivo, ya que permite navegar por toda la obra y enlazar unas entradas a otras y unos gestos a otros.

Por otro lado, viene a cubrir una laguna importante en relación con el material complementario para el aprendiz y el profesor de ELE, dado que ofrece información fundamental sobre signos no verbales y muestra su producción en diálogos que se ofrecen en formato audiovisual. Además, es una ayuda para profesionales de la traducción, para agentes culturales y turísticos y para profesionales que trabajan en la integración de los inmigrantes y un material de consulta para antropólogos, lingüistas, psicólogos y especialistas en lenguas de signos. Pese a que el lenguaje de gestos está reconocido en documentos oficiales, su presencia en materiales de enseñanza y de trabajo sigue siendo escasa.

Superando barreras

La actriz Marlee Matlin, en una escena de la película Hijos de un dios menor

La sordera no supuso un freno a la actividad, la profesión y el desarrollo personal de figuras como el inventor de la luz eléctrica, Thomas Alva Edison, nuestro pintor Francisco de Goya o el genial Ludwing van Beethoven.

Pero no solo ellos consiguieron llegar a la cumbre del reconocimiento. Con mayor o menor intensidad, otros muchos han logrado superar la barrera física para hacer lo que se habían propuesto. Es el caso de la activista estadounidense Helen Keller (1880-1968), la primera persona sordociega que obtuvo un título universitario y destacó como filántropa, promovió el sufragio femenino, los derechos de los trabajadores, el socialismo y otras causas relacionadas con la izquierda. O de John Warcup Comforth (1917-2013), químico y profesor universitario australiano, que obtuvo el Premio Nobel de Química en 1975. Eleanor Zabel Willhite (1892) fue la primera piloto sorda en ganar una licencia. Estaba trabajando como mecanógrafa cuando le entró el gusanillo de la aviación. Hizo su primer vuelo en solitario en 1928 y participó en demostraciones de acrobacia aérea y realizó escenas de doblaje. Hasta 1944, trabajó como piloto llevando el correo, y fue la primera y última persona sorda en hacerlo. La actriz sorda Marlee Matlin (1965) consiguió en 1986 un Oscar como mejor actriz por la película Hijos de un dios menor (Children of a Lesser God), y otro actor, Lou Ferringo (1951), es el protagonista de El Increíble Hulk. La también actriz y directora francesa Emmanuelle Laborit (1971) es sorda y en 1993 ganó el premio Molière como actriz revelación por la película Les enfants du silence. Hoy es embajadora de la Lengua de Signos Francesa (LSF). Otros ejemplos son los de la estadounidense de Alabama Heather Whitestone (1973), que fue la primera Miss América sorda, en 1993, o la modelo brasileña Brenda Costa (1982), sordomuda de nacimiento, convertida en una de las modelos con mayor proyección internacional. Además, antes fue nadadora y la autora del libro Bella del silencio, en el que cuenta las dificultades por las que ha pasado hasta llegar a donde está.

El modelo y activista de la lengua de signos Nyle DiMarco

En el mundo de la moda se mueve también Nyle DiMarco, el modelo sordomudo de nacimiento que se rifan las marcas y quien, además, es un activista que, a través de su organización Nyle Fundation, ayuda a crear conciencia sobre su condición y lo importante que es que los niños aprendan el lenguaje de señas.

 

Este reportaje es uno de los contenidos del número 9 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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