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30 Sep 2021
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Entrevista

«Durante mucho tiempo se ha creído que sí, pero ser bilingüe no tiene ninguna desventaja»

Elena Álvarez Mellado

Entrevista con Esti Blanco-Elorrieta, psicolingüista e investigadora en neurobiología del lenguaje

Esti Blanco-Elorrieta es psicolingüista e investigadora en neurobiología del lenguaje. Licenciada en Filología Vasca por la Universidad de Deusto y con un máster del Basque Center on Cognition, Brain and Language de Bilbao, Blanco-Elorrieta se doctoró en 2020 por la Universidad de Nueva York con una tesis sobre neurociencia del bilingüismo. Su propia experiencia como persona bilingüe la llevó a interesarse por el funcionamiento del cerebro de las personas que hablan varios idiomas. ¿Cómo procesan el lenguaje las personas bilingües? ¿Cómo coexisten las distintas lenguas dentro del cerebro? ¿Es costoso para un bilingüe saltar de una lengua a otra? ¿Cómo funciona este proceso? Su investigación propone que, contrariamente a lo que se creía, manejar varios idiomas a la vez no es un proceso costoso para el cerebro de las personas bilingües, sino incluso beneficioso. El resultado de su trabajo ha sido reconocido internacionalmente, y en 2019 fue seleccionada en la lista Forbes 30 under 30 como uno de los mejores jóvenes talentos científicos. Actualmente investiga en la Universidad de Harvard como parte del Laboratorio de Neuropsicología Cognitiva, donde continúa trabajando sobre multilingüismo y neurociencia.

¿Qué es la neurobiología del lenguaje?
La idea del campo es intentar entender cuáles son las partes del cerebro y las conexiones neuronales (o la arquitectura neuronal) que tenemos las personas y que nos permiten producir y entender lenguaje.

¿Y cómo es posible estudiarlo?
Hasta hace relativamente poco, la mayoría de lo que sabíamos se debía a estudios de pacientes, normalmente gente que ha tenido accidentes, derrames o tumores y a la que habían tenido que extirpar una parte del cerebro lesionada. A partir de los procesos de lenguaje que se quedaban interrumpidos a causa de esa lesión y sabiendo dónde estaba localizada la lesión, se intentaba derivar cuál era la función que tenían las distintas partes del cerebro en los distintos procesos de lenguaje.
En los últimos veinte años, con el desarrollo de las técnicas de neuroimagen, se utilizan cuatro tipos de técnicas diferentes. Los escáneres PET (en los que te inyectan un activo nuclear que va al cerebro y gracias a este reactivo nuclear puedes ver qué parte del cerebro está activa); la resonancia magnética (que mira el flujo de sangre en determinadas partes del cerebro), la magnetoencefalografía (que mide la electricidad que sale de determinadas partes del cerebro o los campos magnéticos alrededor de esas corrientes eléctricas) y las técnicas que se hacen durante una cirugía. Por ejemplo, cuando se opera a un paciente para quitarle la parte del cerebro que sufre ataques epilépticos se aprovecha que ya tenemos el cráneo abierto para poner sensores directamente sobre la corteza cerebral.

¿Y en estos experimentos, qué tipo de tareas se le ponen a un sujeto?
Depende del proceso del lenguaje que estás intentando analizar. Por ejemplo, puedes intentar ver qué parte del cerebro está activa cuando alguien está intentando recuperar una palabra de su diccionario mental. Las palabras muy frecuentes en el uso diario son palabras que la gente reconoce con rapidez. Si le pones a alguien el dibujo de una mesa o de un perro, que son palabras muy frecuentes, va a tardar poco tiempo en producir la palabra para referirse a ese dibujo. Mientras que si le pones, por ejemplo, el dibujo de un ornitorrinco o le haces producir una palabra que sea muy poco común, le va a costar más tiempo. En nuestros experimentos la tarea puede ser presentarle estos dibujos y que la persona solo tenga que decir el nombre de estas palabras. En estas tareas la persona realmente no es consciente de qué es lo que tú estás midiendo, pero el hecho de que tarden más o menos va asociado con el proceso de cuánto les cuesta conseguir esta palabra de su cerebro. De esta forma podemos ver la parte del cerebro que está activa mientras hace esta tarea y comparar las palabras en las que tardaron mucho con las que tardaron poco, y ver la diferencia para ver cuál es la parte del cerebro que estaba más o menos activa cuando estaban haciendo esta tarea.

Te licenciaste en Filología Vasca y luego te especializaste en neurobiología del lenguaje. ¿Cómo llegaste a interesarte por este campo?
Cuando yo estudiaba Filología Vasca, había mucha gente que estudiaba filología para dar clases de un idioma, pero yo sabía que eso no era lo que quería hacer. Me gustaban los idiomas, pero una vez acabé la carrera no estaba muy satisfecha ni con lo que había estudiado ni con la carrera que había hecho. ¿Por qué no? No sé, a lo mejor pensaba que iba a tener otro tipo de profundidad que la carrera no tuvo, era muy prescriptiva y muy dirigida a enseñar el idioma a otras personas. Cuando acabé vi un máster que había en el centro BCBL [Basque Center on Cognition, Brain and Language] de Donosti sobre neurobiología del lenguaje específicamente. Al principio cuando me apunté no tenía muy claro qué era a lo que iba, pero me atraía la idea de estar con gente de diferentes países en un centro muy internacional. Me interesaba el campo, pero no tenía el entendimiento de qué era exactamente lo que iba a acabar haciendo. Una vez hice el máster, vi que el tipo de preguntas que se hacían y la manera que teníamos de buscar respuestas era algo que sí me llenaba.

¿Y cómo surgió la investigación de tu tesis?
Desde que empecé el máster tenía una sed por la investigación que en la carrera no se satisfizo. Pero además, otra cosa importante es que siendo vasca, una parte relevante de mi identidad es el bilingüismo. Y algo que siempre me ha interesado (antes formalmente y ahora experimentalmente) es la manera en la que la gente mezcla códigos y produce sintaxis que puede tener elementos de las dos lenguas, pero que aun así fluye y es correcto dentro de las normas de las dos lenguas. A raíz de tener curiosidad por ese tipo de fenómenos, decidí dedicarme a ver cómo puede nuestro cerebro construir este tipo de oraciones y cómo se diferencian de las oraciones que se producen dentro de un mismo idioma.

¿En qué consiste exactamente tu investigación?
En el statu quo de la neurobiología del bilingüismo casi todas las teorías sobre cuál es la arquitectura que apoya el bilingüismo mayoritariamente proponían que ser bilingüe era un hecho costoso, que había un coste asociado con cambiar de un idioma a otro. Y este tipo de conclusiones habían derivado de paradigmas en los que presentaban a los participantes un número o un dibujo en una pantalla. Los participantes tenían que nombrarlo en un idioma o en otro según en qué color aparecieran marcados: si aparecía en un color lo tenían que nombrar en un idioma y si aparecía en otro color, en el otro idioma. Y se observó que cuando la gente cambiaba de un idioma a otro había un coste asociado con cambiar, les costaba más cambiar a otro idioma que seguir hablando en el mismo idioma. Y este es un resultado que se ha replicado muchísimo y ha estado aceptado como una verdad absoluta del proceso de bilingüismo. Pero a mí me chocaba muchísimo, porque en mi experiencia de ser bilingüe yo encontraba que era al revés, que yo muchas veces cambiaba de idioma porque se me hacía más fácil.

Me parecía muy curioso, y no solo curioso, sino erróneo, el crear teorías sobre cómo funciona nuestro cerebro basadas en estos experimentos que a lo mejor no reflejaban realmente la experiencia de ser bilingüe. Mi tesis tuvo este punto de partida: el hecho de que es costoso el cambiar de un idioma a otro, el tener que manejar dos idiomas. A través de una serie de experimentos intenté replicar más verazmente la experiencia de un bilingüe en el mundo real y descubrí que de hecho no era así: solo es costoso cambiar de un idioma a otros si te obligan a hacerlo en un momento determinado, de una manera determinada, pero si le das libertad a una persona bilingüe de elegir en qué idioma quiere hablar en cada momento no solo no le cuesta ningún esfuerzo, sino que muchas veces resulta positivo o beneficioso para la persona que lo hace.

¿Podríamos decir que lo que le cuesta a un bilingüe es acomodarse a hablar con monolingües?
No necesariamente. Una de las conclusiones de mi tesis es que todos los procesos lingüísticos en los que un bilingüe toma parte son cualitativamente los mismos que los de un monolingüe. Si a una persona monolingüe le pides que no utilice una determinada parte de su léxico también le va a costar. O si tiene dos registros diferentes (pongamos el registro con los amigos y el registro formal) hay mucha gente a la que le cuesta mucho hablar en un registro formal o a la que le cuesta no hablar en su dialecto, o a la que le cuesta no utilizar la pronunciación de tal manera. En general, cualquier manera en que restringimos el comportamiento de los humanos es algo costoso. Y cada vez que restringimos el uso del lenguaje a unas determinadas estructuras o palabras también es costoso. Y a los bilingües les pasa esto de manera más habitual, dependiendo de con quién sea con quien están hablando.

Intentaste replicar esos experimentos pero haciendo que reflejasen de una forma más veraz la experiencia de los bilingües. ¿Cómo eran esos experimentos?
Cuando intenté ver cuál era la razón por la que esos experimentos habían encontrado costes asociados con cambiar el idioma, la primera cosa que me llamó la atención fue lo de los colores, porque cuando uno empieza a hacer esos experimentos se tiene que acordar de «ah, rojo quería decir que tengo que contestar en inglés y verde quiere decir que tengo que contestar en euskera». Y esa no es para nada la experiencia de un bilingüe. Uno no va por la calle y cambia de idioma porque de repente ve una señal de un color o una señal de otro. Parte de estos experimentos era utilizar cues o asociaciones más naturales, por ejemplo, la cara de una persona. En los experimentos primero presentaba a los participantes con diferentes interlocutores. Cada interlocutor se presentaba en su idioma, y decía: «Yo soy Mariano, yo siempre hablo en inglés, por favor, cuando yo esté en la pantalla habla en inglés para que yo te pueda entender». Y luego se presentaba otra persona que a lo mejor hablaba solo castellano. Cuando los participantes estaban nombrando los dibujos que aparecían en la pantalla tenían un interlocutor de verdad al que referirse.

Por otro lado, en otro experimento diferente les daba total libertad: les presentaba a otro interlocutor que era bilingüe y que hablaba los dos idiomas y les decía: «Yo hablo los dos idiomas, cada vez que os tengáis que comunicar conmigo utilizad el idioma que os apetezca, porque yo entiendo los dos». En esa situación, cuando los bilingües cambiaban de idioma realmente lo hacían por su voluntad. Así que había dos diferencias con respecto a los paradigmas originales. Uno es si el switch está forzado o no (si hay alguien de fuera que me está forzando a cambiar de idioma o no) y el segundo es si lo que me fuerza es un hecho natural o no natural (o sea, los colores versus una persona).

¿Por qué el cerebro de las personas bilingües tiende a saltar de un idioma a otro? Esto no pasa en otras actividades: por ejemplo, una persona puede saber caminar y saber nadar, pero cuando uno está caminando no se pone a nadar, para el cerebro son cosas muy distintas. ¿Por qué ocurre con las lenguas?
Fíjate que la comparación que tú has hecho en realidad no es así. Es verdad que si tú estás andando por la calle por la acera no te vas a tirar al río para ponerte a nadar. Pero imagina que te dicen que tienes que llegar cuanto antes a un cierto punto. Y sabes que vas a tardar menos nadando que yéndote hasta no sé dónde andando para cruzar un puente. Entonces sí que vas a nadar. La comunicación es más o menos lo mismo: todos los humanos intentan comunicarse de la manera más eficiente posible en el menor tiempo posible. Y si voy a tardar menos en cambiar a otro idioma y decirlo en otro idioma que en quedarme en este e intentar encontrar cómo se dice no sé qué en castellano cuando sé que en realidad tú me lo entiendes en inglés, puedo llegar más rápido si uso solo inglés y ya está, claro.

Si en todas las lenguas en principio se puede expresar todo, ¿por qué un bilingüe llegado a una determinada bifurcación decide que va más rápido por una lengua que por otra? ¿Por qué hay caminos lingüísticos que le resultan más rápidos que otros?
Por dos motivos: uno, no es exactamente cierto que en todos los idiomas se puedan expresar exactamente las mismas cosas. Es verdad que obviamente todos los idiomas capturan el extent [la extensión] de la naturaleza humana, pero no necesariamente parten el espacio conceptual de la misma manera. Por ejemplo, hay diez características que pueden definir el estado emocional de una persona, y hay idiomas en los que se utilizan tres (por ejemplo, estar triste y melancólico y un tercero), y hay además una palabra para definir la combinación de esos tres estados. Pero a lo mejor en otro idioma solo hay una para describir dos de esos estados y otra para el tercero, pero no hay una palabra para referirse a los tres. Si quiero definir exactamente el significado y referirme a cómo me siento y que corresponda a estas tres cosas justas, o utilizas una perífrasis en un idioma (es decir, digo «es como esto, pero además, estando triste») o utilizas la palabra que existe en otro idioma, que es exactamente el significado que quiero demostrar. Por otra parte, aunque partamos el espacio conceptual de la misma manera en dos idiomas, por el mero hecho de que los idiomas son diferentes, hay veces que hay idiomas que utilizan perífrasis para determinados significados y hay otros idiomas que son más eficientes para eso en particular.

¿Tiene ventajas o desventajas cognitivas ser bilingüe?
Desventajas, no, ninguna. Durante muchos años se ha creído que sí, por tres motivos. El primero es el aspecto social y socioeconómico: normalmente la gente que hacía los test era la persona que hablaba la lengua mayoritaria o hegemónica de un sitio en particular, y la gente que era bilingüe lo era porque eran emigrantes o porque pertenecían a estratos socioeconómicos más bajos y a minorías regionales o lingüísticas. Así que cuando hacían estos test en el idioma mayoritario muchas veces sacaban peores notas o lo hacían peor. Pero no es porque fueran tontos, es que les estaban haciendo el examen en un idioma que no era su idioma natural. La segunda razón por la que ha habido veces que han mostrado desventajas es una diferencia cuantitativa: pongamos que un niño monolingüe necesita escuchar 1000 horas de castellano para hacer una oración compleja. Una persona bilingüe va a escuchar 500 en castellano y 500 en euskera, por ejemplo, así que va a tardar el doble de tiempo en tener la misma exposición al castellano para llegar a esas 1000 horas que son las que necesita para poder crear una oración compleja. Entonces puede parecer que el niño bilingüe no sabe, pero en realidad es simplemente que necesita llegar a la misma cantidad de tiempo para llegar ahí. Así que desventajas, ninguna.

¿Y ventajas?
Sobre las ventajas, cognitivamente no se sabe. Hay estudios que demuestran que sí, y hay estudios que demuestran que no. La verdad es que yo no tengo una posición clara en ese debate, ni tampoco lo he investigado, pero lo que sí que creo es que si fuera el caso de que los bilingües tuvieran alguna ventaja, no sería por el hecho de ser bilingües en sí, sino porque hay algún proceso que puede derivar en ventajas cognitivas y los bilingües resulta que son un grupo social que muchas veces se enfrenta o utiliza ese tipo de recursos.

En realidad, yo creo que no es importante si el bilingüismo tiene ventajas cognitivas o no las tiene. Está muy bien como curiosidad humana intentar entender cómo funciona el cerebro y si realmente puede dar alguna ventaja cognitiva me parece una cuestión interesante. Pero socialmente la ventaja de ser bilingüe es poder comunicarte con más de una sociedad y con más de un tipo de personas, y realmente a mí me parece que la ventaja cognitiva es secundaria.

¿Crees que tenemos una aproximación a la facultad del lenguaje humano un poco monocentrista? Es decir, tendemos a presuponer que el monolingüismo es lo estándar, lo normal, y que de alguna manera el cerebro bilingüe o la sociedad bilingüe es una especie de caso particular, cuando una parte abrumadoramente grande de los humanos es multilingüe.
Eso es culpa de la realidad socioeconómica que vivimos. En el siglo XIX se extendió la idea de «un imperio, un idioma» y a raíz de eso se intentó promover la idea de que si uno era fiel al imperio y a la corona debía de hablar solo un idioma. Y de ahí todos los esfuerzos de la corona española, Napoleón, etc., de borrar todo rastro de bilingüismo, porque de alguna manera lo tomaban como una subversión contra esta idea hegemónica de país-nación. A partir de ese movimiento, sí que es verdad que durante muchos años se ha intentado imponer esa idea de que el monolingüismo es la norma y el bilingüismo es una excepción. Y no solo una excepción, sino una excepción negativa en muchas ocasiones.

Pero la mayoría del planeta es bilingüe o multilingüe. Incluso en los países que han sido monolingües en gran medida. Por ejemplo, en Estados Unidos la sociedad hegemónica, que son los blancos, han sido monolingües mayormente, aunque realmente la población nativa de Estados Unidos no era monolingüe. Pero incluso en los Estados Unidos, en Francia, en España, en países que han tenido esta idea del Estado nación y del idioma único, etc., se prevé que para dentro de quince años la mayoría de la gente sea bi o multilingüe.

En el discurso público sobre bilingüismo se habla y a veces se enfrenta a la lenguas según el valor que tienen.
La riqueza y el valor de un idioma se determina realmente por el valor de las sociedades, no por el idioma en sí. El euskera es un idioma precioso y es muy complejo. Hay una teoría que enseña que los idiomas pierden complejidad cuanto más se enseñan como segunda lengua y que van perdiendo los rasgos originales complejos porque son muy difíciles de enseñar. La gente, cuando aprende esa segunda lengua, poco a poco los va perdiendo. Eso le ha pasado al inglés, a otros idiomas germánicos, también al español en gran medida después de la colonización. Y el euskera en cambio, que solo se habla en el País Vasco, sigue siendo extremadamente complejo, como puede serlo el georgiano (que también guarda muchos rasgos en común con el euskera). Claro, obviamente, porque no lo han tenido que aprender 500 millones de personas. Si lo hubieran tenido que aprender, seguramente también hubiéramos pasado por el mismo proceso de simplificación de la sintaxis y la gramática. Pero en cambio, la valoración que se hace es que el inglés es mejor, más prestigioso, más útil, más bonito, más rico que el euskera o que el georgiano, no basado en las características lingüísticas, sino en el prestigio social.

Para ti, ¿dónde reside el valor de una lengua?
Creo que todas las lenguas tienen valor, pero creo que el mayor valor es el de reflejar la cultura de la que provienen. Como decía antes, no todas las lenguas cortan igual el mismo espacio contextual y muchas veces el cómo está cortado no es arbitrario, se corresponde con el contexto social en el que esas lenguas han surgido. Cada vez que desaparece una lengua se está perdiendo una manera de entender el mundo. Y para mí ese es el mayor valor que tienen las lenguas.

 

Esta entrevista es uno de los contenidos del número 11 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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