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11 May 2021
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Deportes

El mote marca: el curioso lenguaje de los apodos

Alfonso C. Cobo Espejo

De orígenes variopintos, quedan grabados a fuego en la memoria de la afición. Se remontan a su infancia, nacen en los vestuarios o en la imaginación de los periodistas

¡Tócala otra vez! Un amante del séptimo arte pensará inmediatamente en la película Casablanca al escuchar esta frase. En cambio, el cerebro de una persona futbolera realizará una asociación de ideas distinta. Aunque a su mente vendrá Humphrey Bogart, esta persona no pensará en el actor, sino en Xavi Hernández, exjugador del Barça y excapitán de la selección española, al que el periodista Andrés Montes apodó así por su estilo de juego basado en el toque. Y de eso va esta historia: del rico universo lingüístico que se abre ante nosotros cuando hablamos de los apodos de los futbolistas y de cómo muchos de ellos son más recordados por sus sobrenombres que por sus nombres de pila.

Los apodos tienen orígenes variopintos. Como hemos visto antes, muchos vienen de la imaginación de los periodistas deportivos. En España, el tristemente fallecido Andrés Montes es uno de los ejemplos más recientes. Montes creó una colección que coincidió con parte de la época más exitosa de La Roja, por lo que esos apodos han quedado grabados a fuego en la memoria de muchos aficionados: Tiburón Puyol, Dulce Iniesta, etc. Otro periodista, Manolo Lama, también es el autor de los apodos de Cristiano Ronaldo e Iker Casillas: el Bicho y el Santo, respectivamente.

En ocasiones, los sobrenombres nacen en el vestuario. Carlos Roberto y Miquel Sanchis, creadores de la página web y del libro Odio el fútbol moderno, desde donde recuerdan con nostalgia el fútbol de antaño, destacan el caso del entrenador italiano Claudio Ranieri, quien, durante su etapa en el Valencia, bautizó al guardameta Santiago Cañizares como el Dragón y al delantero Adrian Illie como la Cobra.

A veces, la historia se remonta a la infancia. Por ejemplo, «al brasileño Manuel Francisco dos Santos le llamaban Garrincha porque, desde pequeño, era un poco deforme, como un pájaro muy fácil de cazar llamado así», explican los autores de Odio el fútbol moderno.
La lista de apodos nunca puede darse por cerrada y daría para un libro. Nosotros vamos a intentar acotar y agrupar algunos de los apodos más curiosos por grupos semánticos.

Fauna y flora

El reino animal es una fuente inagotable de apodos. En Argentina, a muchos porteros, por su agilidad, se les denomina monos. Dos de ellos defendieron la portería de clubes españoles: el Mono Montoya y el Mono Burgos. Por la misma razón, en España, los guardametas suelen ser gatos, como Ablanedo, el mítico portero del Sporting. Aunque, si hay que destacar uno, nos quedamos con la Araña Negra, sobrenombre que recibió Lev Yashin, meta de la antigua Unión Soviética, debido a sus reflejos y a que siempre iba vestido de negro.

Insectos peligrosos y molestos también pueblan el césped. Ernesto Valverde, exentrenador del Barcelona, era conocido como Txingurri, hormiga en vasco. Así le puso Javier Clemente, su entrenador en el Espanyol, por su tamaño pequeño. Por razones similares, además de por su capacidad de incordiar, los delanteros Claudio López y Ousmane Dembelé son conocidos como el Piojo y el Mosquito, respectivamente.

Aunque el insecto futbolístico más grande de todos los tiempos es, sin duda, la Pulga Messi. El argentino tuvo problemas por un déficit de la hormona del crecimiento y algunos locutores de su país comenzaron a llamarlo así porque, cuando estaba sentado en el banquillo, los pies no le llegaban al suelo. Además, el alias también alude a su rapidez en el campo, ya que una pulga, por su masa y peso, está considerada como el animal que mayor distancia recorre en el mundo con un solo salto.

Los bichos más pequeños comparten escenario con grandes felinos como el Tigre Falcao. El delantero colombiano fue apodado así por sus compañeros cuando militaba en el River Plate argentino, por ser un depredador del área. Dos lobos merodearon también las porterías españolas. Francisco José Carrasco, extremo del Barcelona y de la selección española, heredó este apodo por su parecido físico con otro cánido, el atacante paraguayo Lobo Diarte. Si tigres y lobos no rematan la faena, pronto aparecen las aves carroñeras. Y el Real Madrid de los 90 tuvo a una que siempre sabía aprovechar la indefensión y el fallo del rival para estar al acecho: Emilio Butragueño, el Buitre.

Aunque andan muy lejos de la cifra de apodos animales, algunos futbolistas forman parte del mundo de árboles, plantas y vegetales. Tal es el caso del que fuera meta del Mallorca, el argentino Carlos Roa, que fue apodado el Lechuga porque la prensa de su país se enteró, durante el Mundial de 1998, de que mantenía una dieta vegetariana estricta. Otro portero, José Ángel Iribar, era conocido como el Chopo, por sus similitudes con dicho árbol: alto y bien plantado. En los años 60, época en la que la altura media de un hombre español era de 1,68 metros, los 1,81 de Iribar bien justificaban su sobrenombre.

Más reciente en el tiempo, tenemos a Cristian Rodríguez, jugador uruguayo que militó en el Atlético de Madrid y que recibió el mote del Cebolla en su país porque se decía que, con sus regates, hacía llorar a los defensores rivales.

Armas

Los goleadores disparan a gol, rematan las jugadas. Atacan, atacan y atacan. Así que existe una estrecha relación lingüística entre delanteros y armas. Nos encontramos con delanteros que se convierten directamente en ellas: el uruguayo Walter Pandiani era el Rifle; el alemán Gerd Müller fue un Torpedo; el argentino Mariano Pavone resultó ser el Tanque. Otros, en cambio, responden a sus habilidades en el manejo de ellas: el Cazador holandés Huntelaar, el Pistolero brasileño Sonny Anderson o el Arquero Kiko Narváez. Estos dos últimos apodados así por su forma de celebrar los goles.

Profesiones

Hay futbolistas a los que su manera de jugar los marca. En muchas ocasiones, dicha manera está relacionada con el campo semántico de las profesiones en cuanto a apodos se refiere. La profesión más deseada es, sin duda, la de mago. Han sido varios los jugadores que la han ejercido sobre el terreno de juego. El canario Juan Carlos Valerón se lo ganó por sus increíbles pases al hueco. Igual le ocurrió a Igor Lediakhov, jugador ruso del Sporting de Gijón, conocido como el Mago de Sochi, su localidad de origen. En esta categoría profesional se enmarca también el sueco Zlatan Ibrahimovic, capaz de hacer jugadas inverosímiles en un pestañeo. Por ello se le conoce como Ibracadabra. Primos hermanos de los magos fueron los habilidosos brujos Amancio Amaro, en el Real Madrid; y Enrique Castro, Quini, en el Sporting de Gijón y en el Barcelona.

En el polo opuesto de los magos nos encontramos con el Cirujano Pablo Alfaro y con el Carnicero de Bilbao, Andoni Goikoetxea. Ambos sobrenombres vienen por la agresividad que ambos mostraban sobre el terreno de juego. Además de entrenador, Alfaro es médico de verdad.
Por su visión a la hora de construir el juego y por su buena colocación, tanto el italiano Andrea Pirlo como el único Balón de Oro español, Luis Suárez, eran considerados arquitectos. Di Stéfano fue quien apodó así al jugador gallego.

A veces la profesión no viene dada por el estilo de juego. El medio argentino Pablo Aimar es conocido como el Payaso por un reportaje del diario Clarín en el que aparecía disfrazado como tal y ya se le quedó ese apodo durante toda su carrera. A otro centrocampista, Esteban Granero, le ha acompañado el mote del Pirata porque acostumbraba a ir despeinado y sin afeitar. A Granero le gustó este sobrenombre y, cada vez que marcaba un gol, lo celebraba tapándose un ojo en honor al parche que suelen llevar algunos piratas.

Literatura y Cine

Encontramos sobre el verde otros futbolistas que, por su físico, su procedencia o sus gustos han adoptado apodos literarios. Rober Pirès, el que fuera jugador del Villarreal, se ganó el de D´Artagnan, protagonista de la obra de Alejandro Dumas Los tres mosqueteros. Varias fueron las razones: el juego del francés, muy estético, recordaba al de un espadachín. Sus rasgos físicos, perilla y melena, también ayudaban. Otro francés, Antoine Griezzman, es considerado el Principito por su parecido con el personaje de Antoine de Saint-Exupéry.

La melena y la barba de Juan José Jiménez Collar, lateral derecho del Cádiz y del Real Madrid, sirvieron para que fuera conocido como Sandokán, el protagonista de las novelas de aventuras de Emilio Salgari. Sin salir de este género literario, Miguel Bernardo Bianquetti, defensa central del Barcelona, fue rebautizado como Tarzán Migueli por su aspecto y poderío físico.

Scarface, Rambo o Kun son algunos de los alias que proceden del mundo del cine. El primero es el que acompaña al francés Franck Ribéry debido a una cicatriz en la cara que le dejó un grave accidente cuando solo tenía dos años. El segundo es el del futbolista serbio Dejan Petkovic, por su parecido físico a Sylvester Stallone, actor protagonista de esta saga de películas de acción. Por último, el parecido con un personaje de anime japonés, Kum Patovica, solapó el nombre de pila (Sergio) del argentino Agüero.

Medios de transporte

La velocidad en el campo ha servido para que algunos futbolistas reciban apodos relacionados con los medios de transporte. Es el caso del galés Gareth Bale, que es conocido como el Expreso de Cardiff; o del brasileño Dani Alves, al que Andrés Montes le puso Moto GP. El poderío físico también ha servido de inspiración: Adolfo Valencia, delantero colombiano del Atlético de Madrid, era conocido como el Tren, mientras que Andréi Zigmantóvich, medio del Racing de Santander, fue apodado el Tractor Bielorruso. Ha habido hasta futbolistas voladores, como el delantero argentino Sebastián Rambert, conocido como Avioncito porque celebraba sus goles con los brazos extendidos, imitando las alas de un avión.

Maradona

Diego Maradona el Pelusa, el Pibe de Oro, Barrilete Cósmico’, celebra con sus compañeros de Argentina el título de la Copa del Mundo tras ganar a Alemania en México, el 29 de junio de 1986.

Hay un jugador que aglutina más apodos que ningún otro. Considerado por muchos como el futbolista más grande de todos los tiempos, Diego Armando Maradona fue también el número uno en lo que a sobrenombres se refiere. El primer apodo que recibió fue el Pelusa. El propio Maradona explicó que el mote nació a la par que él, pues, cuando era bebé, tenía un ligero vello que cubría todo su cuerpo. Sin embargo, mucha gente lo llama así por los movimientos que hacía su melena rizada cuando gambeteaba en Villa Fiorito, el barrio de su infancia.

Más adelante, cuando los clubs de medio mundo se peleaban por él, ofreciéndole contratos millonarios, comenzaron a llamarlo el Pibe de Oro, mismo apodo que, cuatro décadas antes, había recibido otro jugador del Boca Juniors llamado Ernesto Lazzati.

De todos sus apodos, Barrilete Cósmico quizá sea el de mayor valor histórico y sentimental, pues surgió durante el Mundial de México 86, en el que la selección argentina se proclamó campeona del mundo. Nació de la voz del periodista uruguayo Víctor Hugo Morales, durante la narración del encuentro que enfrentaba a Argentina e Inglaterra. ‘Barrilete’, en el español de Argentina nombra a nuestra cometa de juguete. Así que, a Morales, después de ver volar a Maradona para marcar el que es, para muchos, el mejor gol de la historia de los mundiales, le salió: «barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?».

Maradona también fue bautizado como el 10 o Diegol. Su influencia es tan grande que hasta otros futbolistas han recibido su apellido como apodo: es el caso del rumano George Hagi, que era conocido como el Maradona de los Cárpatos. Considerado Dios por muchos fieles (¡tiene hasta una iglesia maradoniana!), el argentino tiene las llaves del Olimpo de los apodos. Suponemos que, mientras sea monarca por derecho divino, abrirá las puertas al Rey del Fútbol, Pelé, que también tiene una curiosa historia tras de sí. El primer apodo de Edson Arantes do Nascimiento no necesita explicación. Para encontrar sentido a Pelé, es preciso remontarse a su infancia. Contaba su tío Jorge que, cuando Edson era pequeño, lo ponían a jugar de portero para darle ventaja al rival, ya que era tan bueno como delantero que dejaba sin ninguna opción al otro equipo. Algunos le encontraban bajo los palos parecido con Bilé, un portero con el que había jugado su padre. Empezaron a llamarlo así, pero fue evolucionando hasta el Pelé en que se convirtió.

La Saeta Rubia y Cañoncito Pum

Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskas fueron munición de la buena para el Real Madrid de mediados de siglo XX. Ambos jugadores han logrado ser recordados tanto por sus nombres como por sus apodos. Di Stéfano fue bautizado como la Saeta Rubia a finales de los años 40 por Roberto Neuberger, periodista argentino de la Revista River. Neuberger se lo puso por la velocidad que tenía, rápido como una flecha, y por su cabello rubio. Por su parte, el húngaro Puskas recibió el apodo Cañoncito Pum por su capacidad para romper las redes rivales con el cañón que tenía por pierna zurda. No era este su único sobrenombre. El mismo Di Stéfano le puso otro cuando, en su primer entrenamiento juntos, dijo: «Este pancho maneja mejor la bola con la zurda que yo con la mano». Y con Pancho Puskas se quedó también el húngaro que, por si fuera poco, tras la guerra, cambió su apellido original (Purcelzd) por Puskas, que se traduce como ‘escopetero’.

Pichichi

Uno de los sobrenombres más curiosos del fútbol español viene del mundo animal y data de principios del siglo XX. Pichichi, nombre del trofeo que se da al máximo goleador de LaLiga, fue, antes que nada, el apodo de Rafael Moreno Aranzadi, primer delantero del Athletic de Bilbao que marcó un gol en San Mamés. Según relata Alberto López Echevarieta en su libro Pichichi: Historia y leyenda de un mito, el apodo viene de su deseo de jugar con niños más grandes que él: «Los equipos de amiguetes se lo disputaban y alguien le llamó Pichichi, tal vez en derivación de ‘pichón’ o ‘pichín’, terminología con que se conocía a las crías de los pájaros y que se dedicaba cariñosamente a personas allegadas de corta estatura».
Aunque Aranzadi fue un gran goleador, nunca fue el máximo anotador de LaLiga, pues, cuando él jugaba, todavía no había comenzado dicho campeonato. Pichichi era sobrino-nieto de Unamuno y falleció en 1922 a causa del tifus, con tan solo 29 años.

Mágico González

Mágico González

En el mundo del fútbol hay un mago por excelencia: Jorge Alberto González Barillas, más conocido como Mágico González, un ídolo entre la afición del Cádiz. Nacido en El Salvador, fue un periodista, Rosalio Hernández Colorado, quien lo apodó El Mago durante un partido en su país donde fintó y dejó tumbados a varios jugadores. La afición gaditana le modificó ligeramente el apodo, y este pasó de sustantivo a adjetivo. Cuentan los que lo vieron jugar que podía haber sido mejor que Maradona, pero que, simplemente, no quiso. En Cádiz se hizo amigo de Camarón de la Isla, encontró una ciudad donde dar rienda suelta a sus ganas de vivir la vida y de jugar al fútbol. Merece la pena leer su peripecia vital en el libro Mágico González: el genio que quería divertirse, publicado recientemente por la editorial de Alta Marea.

 

Este reportaje es uno de los contenidos del número 10 de la publicación trimestral impresa Archiletras / Revista de Lengua y Letras.
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